Leyendas moteras

Nacho Sáez - sábado, 12 de enero de 2019
Javier Gómez (izquierda) y Jacinto Alonso, con sus BMW. - Foto: Rosa Blanco
Cantalejo espera recibir a cerca de 8.000 amantes de las motos con motivo de la concentración La Leyenda Continúa. Cuatro 'enfermos' segovianos de las dos ruedas cuentan cómo brotó su pasión y cómo disfrutan de ella ahora.

Los cuatro se empaparon de niños de un mismo sentimiento y hoy lo alimentan porque les hace felices. Ser motero representa una forma de vida y, lejos de estar dispuestos a desprenderse de ella, esperan que les proporcione nuevas vivencias hasta el día que ya no puedan subirse a sus BMW, Harleys, Yamahas... Son Laura Pastor, Juan Sancho Santirso, Javier Gómez y Jacinto Alonso, cuatro segovianos que ejemplifican ese espíritu que alcanza su maxima expresión en concentraciones moteras como la que se celebra este fin de semana en Cantalejo.
La Leyenda Continúa espera reunir a cerca de 8.000 amantes de las motos y resacirse de los malos números del año pasado. Una edición que estuvo condicionada por las históricas nevadas que se registraron, que invitaron a muchos a quedarse en casa. «El ritmo de inscripciones ha ido muy bien», comenta Mariano Parellada, principal responsable de una cita que se ha convertido en uno de los principales revulsivos económicos de la zona en cada inicio de año.
Un buen número de hoteles, casas rurales y restaurantes cuelgan el cartel de ‘completo’ durante el fin de semana, repleto de actividades organizadas para los asistentes a esta La Leyenda Continúa. El complejo de El Hoyal vuelve a ser el epicentro de una fiesta que también llega a Turégano, Sacramenia y San Pedro de Gaíllos con encuentros, exhibiciones, degustaciones, excursiones... La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, es una de las visitantes de excepción a la campa.
Allí se disfruta de la música, elemento imprescindible en este tipo de concentraciones. Los Skull, Capitán Mercury (tributo a Queen) y Gintónica Band (con versiones de la banda de rock Metallica) protagonizan los principales conciertos, en las noches del viernes y el sábado, para esos miles de moteros que llegarán de 17 países; la mayoría de Francia, Portugal e Italia. Esta concentración abre el circuito de las diez pruebas de la Federación Internacional de Motociclismo, al que logró acceder el pasado año.
Rinde homenaje a Ana Carrasco –la primera campeona del mundo de motociclismo al conquistar el campeonato de SSP300, una de las categorías del Mundial de Superbike–, al periodista especializado en motor Enrique Hernández Luike, en su 90 aniversario, y al fotógrafo Premio Nacional de Fotografía Alberto García-Alix, gran aficionado al mundo de las motos. En ediciones anteriores, La Leyenda Continúa ha sacado del olvido a iconos de las motos en España como las firmas Bultaco y Montesa. Este año le toca el turno a la catalana Ossa, que además presentará su nuevo modelo de moto de 125 centímetros cúbicos.
El desfile de antorchas, en homenaje a los motoristas fallecidos en los últimos meses, pone la guinda a una cita que cuenta en el complejo de El Hoyal con todos los servicios necesarios: puestos de Cruz Roja y Protección Civil, zona de bares y comidas, zona comercial, aparcamientos, puestos de inscripciones... Un ciclo de conferencias sobre grandes aventuras en moto contadas por sus protagonistas, que se celebrará en la carpa, completa las actividades. Quizás algún día los ponentes sean Laura, Juan, Javier o Jacinto. De momento han compartido con El Día de Segovia cómo brotó en ellos la pasión por las motos y cómo disfrutan ahora de lo que para muchos es más que una afición.

Laura Pastor: «Me encanta poder sentir el olor a pino de mi pueblo»

Las motos siguen siendo mayoritariamente un mundo de hombres, pero hace tiempo ya que las mujeres se hicieron un hueco y, en concentraciones como la de La Leyenda Continúa, representan un porcentaje importante. Laura Pastor va a saltar de una a otra en los próximos siete días: de Cantalejo se desplazará a Valladolid y, el próximo fin de semana, tampoco faltará a Motauro, en Tordesillas. «Lo que más me gusta de las motos son las concentraciones. No sabría cómo explicarlo bien, pero ver a tanta gente unida por una misma pasión emociona», cuenta a El Día de Segovia recién llegada del centro en el que trabaja como maestra de infantil. Se aleja del estereotipo una profesora de niños con chupa y una Yamaha fazer de 600, «la primera moto de verdad mía que tengo». Compartió dos con el que era su novio, aunque era él siempre el que iba a los mandos. «Hasta que un amigo me pidió que llevara la suya desde Toro a Motauros, porque no podía de la borrachera que llevaba. Y me encantó».
Era cuestión de tiempo que se armara del valor suficiente para conducir una moto porque le venía de cuna. «Mi tío, el hermano pequeño de mi madre, me llevaba en el manillar con 9 o 10 años y de paquete con 14», cuenta esta joven de Fuenterrebollo, que aprovecha que sólo trabaja por las mañanas para salir con la moto por las tardes: «Una amiga y yo nos vamos por los puertos de Ávila. Lo más lejos que he ido con la moto ha sido a Mérida». Partidaria de conducir por carreteras convencionales más que por autovía («En la autovía acabas reventada y es muy aburrido»), ya tiene planeado un viaje este próximo verano por la costa de Portugal durante una semana entera. «Me da respeto, pero la sensación de libertad que te da la moto es espectacular. Los olores. Por mi zona, el olor a pino. Me relaja, me da aire y es una excusa para desfogarme», justifica. En el Club de Motos Los Villanos, comparte su ‘obsesión’ con cerca de medio centenar de moteros de Fuenterrebollo y la villa de Fuentidueña. ¿Por qué los amantes de las motos están tan unidos? «Es como los ciclistas. Les ves que tienen sus grupos. Nos gusta lo mismo y así tenemos con quien hablar de ello».
Ella se acaba de gastar 1.000 euros entre unas cosas y otras para la moto. A trabajar va en coche, porque además lleva a su sobrina a la guardería. Pero cuando suena la campana Laura se convierte en motera.

Juan Sancho Santirso: «Es algo a lo que estoy enganchado y no tiene cura» 

«Una experiencia buena es viajar en solitario. Yo tengo unas cuantas en la Patagonia, Nueva Zelanda, Inglaterra, EEUU… La más dura fue por la ruta 4 a Patagonia por caminos de ripio,  había días que no veía a nadie, y el viento de allí se escribe con mayúsculas. Te hacen crecer como persona y saber donde están tus límites. Pero también supone un riesgo, claro». Juan Sancho Santirso se define como «un enfermo de las motos». Le deslumbraron desde niño –a los 14 años su padre le compró la primera, una RIEJU 50cc de cross–, y desde entonces su vida ha girado en torno a las dos ruedas. «Mi interés fue aumentando mi cultura motorista. Viendo pelis de motos, visitando ferias, concentraciones, comprando revistas especializadas... ¡He llegado a tener más de 500 revistas en casa! Y poco a poco se me fue afinando el gusto por la cultura Custom, Chopper. Personalizar tu moto es una de las cosas más bonitas que hay», cuenta este habitual de las concentraciones. Desde Motauros, Dos Leones o Grao de Castellón a citas internacionales como Harley Days en Hamburgo, Concentración Internacional de Faro, Ace Londres, Fakker See en Austria, Daytona Bike Week en Florida…
Explica que «al viajar en moto te encuentras almas gemelas por el mundo». «Siempre encuentras gente que te ayuda a buscar la dirección correcta, te da consejos por dónde debes y no debes ir, acabas tomando cervezas o acogido en sus casas, intercambiando experiencias, contando aventuras... Si sales de un restaurante a fumar o si paras en una gasolinera remota, siempre sale alguien y te pregunta adónde vas, cuánto tiempo va a durar el viaje… Es una experiencia increíble a la que estoy enganchado y no tiene cura».
Él tiene pendiente dar la vuelta al mundo, aunque antes le gustaría que se respetara más a los ciclistas y a los motoristas en la carretera: «Nos falta mucha educación vial en este país. Seamos amables y pacientes en la carretera, sólo con eso se evitarían muchas desgracias».

Javier Gómez: «La edad de los moteros va subiendo y no veo relevo» 

Cuando quiere liberarse de las tensiones del trabajo, Javier Gómez encuentra su principal válvula de escape en la moto. «La liberación a nivel mental que me proporciona es tremenda», explica este arquitecto técnico de 54 años, que conduce una BMW GS 1.200 y que forma parte del motoclub segoviano Incombustibles. Para trabajar apenas la utiliza («Solamente cuando tengo que subir a hacer gestiones a la Plaza Mayor»), pero en cuanto apaga el ordenador ya está planeando la próxima salida. La familia ya está más que acostumbrada e incluso su hijo ha heredado ese espíritu motero.
Durante años estuvo guardado en un cajón debido a las obligaciones familiares e incluso llegó a pensar que aquellas «chingoletas», que daba con 14 años por La Granja con una moto de campo, se iban a quedar en una afición adolescente. Sin embargo, regresó y exprime como el que más los viajes sobre dos ruedas. «Los Picos de Europa nos encantan. Los viajes en compañía son muy gratificantes y, por suerte, nunca hemos tenido problemas de gran importancia», resalta, al tiempo que pone el acento en lo queridos que son los moteros allá por donde van: «Te pares donde te pares siempre hay alguien que se te acerca y te dice algo».
Prueba empírica. Durante los apenas diez minutos que aguarda en la calle para la realización de las fotografías para esta entrevista, junto a su compañero de motoclub Jacinto Alonso, un hombre y un niño se quedan ensimismados con su moto. «Así es siempre”, subraya. Lástima que también se tengan que enfrentar a peligros que escapan a su control. «Las motos que llevamos ahora tienen muchísimos sistemas de seguridad: ABS, control de tracción… Antes corrían igual que ahora, pero no frenaban. Y en Francia parece que van a poner que sean obligatorios los guantes», indica. «El problema es que no se ha solucionado el tema de los guardarraíles y que, como consecuencia de la crisis, las carreteras están en un estado de abandono lamentable. Y lo peor es que para tapar los baches echan un material que es mortal para las motos. Pero es nuestra idiosincrasia. Cualquier desplazamiento siempre va a ser más arriesgado que en un coche». Él no ahorra en equipamiento, «que ha mejorado muchísimo», aunque también reconoce que «los moteros somos muy caprichosos y no dejamos de comprarnos lo que nosotros llamamos las ‘chuches’, nuevas personalizaciones para la moto».
Amanecer en el Cabo de Gata y anochecer en Finisterre, en el mismo día, es uno de los privilegios que le ha concedido esta pasión, en la que sin embargo observa con preocupación la falta de relevo. «La edad media de los que estamos va subiendo y no vemos gente que venga por detrás. Quizás sea porque sacarse el carné ahora es más difícil, porque es un capricho caro o por las restricciones que se han puesto a las motos deportivas». Él ya no se imagina tener que vivir sin la adrenalina que le proporciona la velocidad sobre dos ruedas.

Jacinto Alonso: «La moto significa para mí hacer turismo»

Ahora que parece que el turismo de caravana está en auge, Jacinto Alonso reivindica viajar en moto. Hasta 19 países ha visitado ya sobre dos ruedas desde que siendo un adolescente se sacó el carné a escondidas. De la mano de su primo se aficionó a este mundo y ni siquiera le detuvo la férrea oposición que se encontró por parte de sus padres. «No se puede reproducir aquí lo que me dijeron cuando se lo conté», apunta con una sonrisa que delata a un pillo, como lo suelen ser muchos moteros para poder salvar los prejuicios sociales.
Pícaros, que no temerarios. Al menos Jacinto, que ha cumplido 54 años y que hace tiempo que no se deja tentar por la velocidad. «A lo mejor de joven hacía más locuras, pero para eso te vas a un circuito. Nosotros corremos más en las curvas que en las rectas para mejorar y probar nuestra técnica, que es lo bonito de una moto», explica. Habla en plural porque es uno de los integrantes del motoclub segoviano Incombustibles, que cuenta con poco más de una decena de miembros que suelen quedar los martes «para tomar una cerveza» y un día más a la semana “para visitar algún pueblo, comer y disfrutar de nuestra pasión». Además, organizan una concentración en marzo –que suele reunir a un centenar de moteros– y dos fines de semana al año hacen el petate y se escapan a distintos lugares.
Este militar de profesión aparcó la moto durante unos años por motivos laborales («No tenía tiempo material para cogerla»), pero se volvió a enganchar y su compañero de club Javier Gómez le define como «uno de los duros». Ha visitado 19 países y acumula 400.000 kilómetros –alrededor de diez vueltas al mundo–, lo que le ha permitido salir de su zona de confort, según remarca. A lomos de su BMW GS 1.200, destaca los viajes disfrutados al Cabo Norte –el punto septentrional más al norte al que se puede llegar por carretera– y a Escocia, «que me encantó».
«Para mí, la moto significa hacer turismo. He estado en Noruega, Bielorrusia, Italia, Balcanes, Polonia, Escocia, Cabo Norte… Cuanto más solo voy, más lo disfruto. Más de cinco complica la visita», subraya este también aficionado a los grandes premios de motociclismo. Este fin de semana tocaba visita a la concentración de Cantalejo La Leyenda Continúa, paradigma de ese espíritu motero que para Jacinto es «una forma de vida». «En la moto estás indefenso y uno de los instintos del ser humano es ayudar al que ves que lo está pasando mal». Al margen, valora poder apreciar los olores de los lugares por los que circula, el tacto con el pavimento… «En un coche nunca vas a tener esas experiencias», remacha Jacinto sobre una afición que le cuesta alrededor de 2.000 euros anualmente. «Pero porque hacemos viajes muy largos. Por la tercera parte puedes tener tu moto». Él, además, tiene por costumnre cambiar de moto cada 100.000 kilómetros.

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Laura Pastor, con su Yamaha fazer de 600.
Laura Pastor, con su Yamaha fazer de 600.
Juan Sancho Santirso, durante uno de sus viajes.
Juan Sancho Santirso, durante uno de sus viajes.
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