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Guardianes de la memoria

Nacho Sáez
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Una decena de localidades de la provincia conservan la figura del cronista oficial, encargado de velar de forma altruista por la historia, el patrimonio y la preservación del pasado más destacado.

Guardianes de la memoria

Son la memoria de sus pueblos. O los guardianes de esa memoria. Los cronistas oficiales tienen la misión de proteger la historia, el patrimonio y el pasado más destacado de los municipios en los que les han elegido. En Segovia son una decena en la actualidad y  todos han contribuido a extender el conocimiento de su tierra a través de la publicación de libros o artículos o mediante la participación en charlas o en conferencias.

Antonio Horcajo es el decano de los cronistas oficiales. A sus 91 años continúa siendo la voz más autorizada para hablar de la historia de Riaza, que no ha parado de viajar gracias a que también es el presidente del Centro Segoviano de Madrid. «Yo empecé a escribir sobre Riaza siendo muy joven y conocí a mi mujer en Riaza. Me considero muy riazano», este técnico superior de la Administración del Estado jubilado. Entre sus numerosas publicaciones figura 'Porvenir económico de la comarca riazana', pero además «fui el que demostré que Riaza era una villa de hombres libres». Horcajo también se ha significado por su defensa de la figura del cronista oficial. Estuvo entre los fundadores de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, que en la actualidad continúa organizando un congreso anual, que cuenta con una biblioteca y que mantiene en contacto a los cronistas oficiales de todo el país.

En Segovia se han producido bajas en los últimos tiempos con los fallecimientos de Francisco Puch (Valdesimonte) y Ángel Esteban Calle (Casla) y siguen vacantes plazas como la de Cuéllar, donde nadie ha reemplazado a Balbino Velasco desde que murió en 2013. «Hay mucha gente que quiere ser cronista oficial de su pueblo y no lo consigue. Los ayuntamientos son los responsables de nombrarlos y antes se estudian los currículums», remarca Horcajo, que resume las tareas del cronista oficial: «Su función es dejar escritos los acontecimientos que van pasando en el lugar en el que son cronistas oficiales. Con artículos en periódicos, con conferencias, con libros... Tienen que vigilar y promover que la historia de ese lugar se conozca, se entienda y se extienda. No tiene gastos para los ayuntamientos, pero es un honor para los que son elegidos».

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La Real Asociación Española de Cronistas Oficiales coordina su trabajo y facilita el intercambio de información y de documentos preciso para el desarrollo de sus investigaciones y vela por que las corporaciones locales custodien de forma debida sus archivos y todos los expedientes que puedan tener un interés histórico. La figura del cronista oficial es muy antigua pero en las últimas décadas ha tomado un nuevo impulso. «Sobre todo los ayuntamientos de la Comunidad Valenciana y de Extremadura comenzaron a nombrar a muchos cronistas oficiales y les siguieron por toda España e incluso en México», apunta Horcajo, que cuenta con esta distinción en Riaza desde 1972. Haber realizado alguna obra sobre el municipio al que se pretende representar suele ser uno de los requisitos para ser nombrado y convertirse en ese momento en guardián de la memoria de sus vecinos.

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