Un reguero de defectos que remata el enésimo retraso del CAT

D. A.
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El Ayuntamiento de Segovia decide iniciar el proceso de rescisión de su contrato con la adjudicataria del fin de obra para que varias empresas especializadas asuman las correcciones. La demora, como poco, se prolongará hasta la próxima primavera

Un reguero de defectos que remata el enésimo retraso del CAT

Un forjado de hormigón realizado sin la cata previa para verificar su calidad, puertas de emergencia sin barras antipánico, un bastidor en el suelo que interrumpe una línea de evacuación, una barandilla de vidrio más fina de lo previsto y sin certificación de resistencia... Hasta una ducha con la alcachofa a 1,80 del suelo, en lugar del 1,90 indicado. No son esos problemas los más graves que alegó el Ayuntamiento, pero sí representativos del grado de incumplimiento del contrato de fin de obra del edificio del CAT, el Centro de Innovación y Desarrollo Empresarial (CIDE), por parte de Rogasa. ¿Cómo es posible que una constructora reputada no haya puesto siquiera las barras antipánico pese a que fue advertida en julio? El Día contactó con la empresa esta semana, pero declinó hacer declaraciones. 

Lo más serio, en todo caso, son los incumplimientos acumulados en materia de controles de calidad, certificaciones, normativa de incendios, seguridad, accesibilidad… Según el Ayuntamiento, ni siquiera se ha acreditado la seguridad estructural de los vidrios del edificio, si todo está conforme con la normativa de ruidos o si el sistema de climatización está en condiciones.

De todo ello daba cuenta este jueves el concejal de Desarrollo Económico e Innovación, Jesús García Zamora, en una rueda de prensa que rozó el surrealismo por el reguero de defectos incomprensibles que apuntó. «No quiero hacer ningún comentario hilarante, pero es que hay cosas que no están sometidas a discusión», subrayó tras relatar el episodio de la ducha, tan anecdótico por su escasa trascendencia como desesperante. «El arquitecto que fue a comprobarla mide 1,87 (siete centímetros más que la ducha), con lo cual… Lo podían haber corregido en tres meses y no lo han hecho, no sé por qué, pero la responsabilidad del Ayuntamiento, de los técnicos, es decir que eso no estaba hecho. ¿Se puede duchar uno? Sí, de cuclillas seguramente, pero no es lo que has encargado, y con dinero público tienes que ser exigente con lo que estás recibiendo». Así que la formalización de la entrega de la obra en esas condiciones, según los técnicos y la dirección facultativa, era inadmisible.

¿Y por qué la empresa no ha resuelto todos esos problemas? «Quiero pensar que ha sido un despiste, pero no es muy normal», respondió García Zamora, contenido en las formas sin ocultar el fondo tragicómico del asunto. Respecto a la barandilla sin certificación, contó que la empresa, para acreditarla, «acabó presentando una cadena de correos electrónicos en inglés con una conversación entre dos personas que hacen referencia a temas de vidrios, pero no a estos en concreto». Y sobre el forjado de hormigón de calidad no comprobada, García dijo que la empresa presentó el resultado de una cata realizada en otra parte.

El caso es que Rogasa empezó a trabajar en la obra del CIDE a finales de 2018, debió terminar en el verano de 2019 y lo que se produjo fue una modificación del contrato con ampliación de presupuesto por imprevistos no atribuibles a esta empresa, sino a las consecuencias de un edificio levantado a trozos por parte de tres constructoras (subcontratas aparte) en etapas diferentes. El fin de obra se amplió poco después hasta el 9 de enero de 2020 y entonces se empezaron a detectar ya problemas que llevaron a alargar los trabajos hasta el 17 de julio, día en que Rogasa quiso proceder a la entrega de la obra, pero no. Se le dio hasta el 18 de septiembre para correciones; después de una nueva revisión el 1 de octubre, otro plazo hasta el 3 de noviembre; y ahora, la decisión de rescindir el contrato a una empresa que ya suma más de 300.000 euros en penalizaciones por la demora. 

El inicio del expediente de rescisión de contrato lo espera aprobar el Ayuntamiento el próximo jueves. Si la empresa no está conforme, tal y como se prevé, tocará elevar el asunto al Consejo Consultivo de Castilla y León para que dé su visto bueno con un informe que, salvo sorpresa, no llegará al menos hasta enero. Y sólo a partir de entonces, independientemente de que el conflicto acabe judicializado durante años, será cuando el Ayuntamiento pueda readjudicar trabajos pendientes. La idea es recurrir a varias empresas especializadas, al menos tres o cuatro, para que cada una asuma los aspectos inacabados de sus respectivas áreas; y cada una con contratos menores para poder hacer adjudicaciones directas, sin los cuatro o cinco meses que requerirían procesos administrativos de licitación y demás. 

García no aventuró nuevos plazos pero, a nivel técnico, se calcula que, en el mejor de los casos, el CIDE estaría listo hacia la primavera de 2021; y no hay que olvidar que aún deben abordarse los procesos de contratación de equipamiento y asignación de espacios a las empresas interesadas en tener sede allí.

Casi nueve años de retraso. La pesadilla se remonta a mayo de 2011, que fue cuando la primera adjudicataria, Volconsa, empezó a levantar el inmueble con un plazo inicial de 15 meses. Debía acabar en el verano de 2012, pero lo que llegó fue su quiebra en junio de 2013 y un incumplimiento del calendario, con dos prórrogas incluidas, que llevó al Gobierno central a retirar la ayuda estatal que había concedido (un millón de subvención y 9,7 de préstamo) y que reclamó con intereses.

Desde entonces, 2015, se sucedieron los parones con obras puntuales y reinicios, hasta que Rogasa empezó a ejecutar en diciembre de 2018 la «fase de finalización» con un plazo que vencía entre junio y julio de 2019. Sin embargo, surgieron imprevistos debido al deterioro causado por los parones, de ahí que se admitiera un modificado de proyecto de 300.000 euros y otra prórroga hasta el 9 de enero de este año, elevando más un presupuesto que en 2011 se cifraba en 9 millones y que hoy ya supera los 14. La parte de Rogasa rondaba los 3,2 millones (IVA deducible aparte), pero cuánto acaban costando esos últimos trabajos o todos en su conjunto está por verse; y cuándo termina la obra, también.