Un impacto visual del diablo

D. A.
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Un impacto visual del diablo - Foto: Rosa Blanco

La alcaldesa insta a Urbanismo a requerir a los propietarios del edificio donde estuvo la antigua Unión Previsora que arreglen un muro cuyo impacto visual está llamando más la atención tras haberse colocado la escultura del diablillo

El problema no es de hoy ni de ayer, pero se espera abordar en breve. Ya hace unos cuantos años que se derribó una construcción colindante con el edificio de viviendas que se construyó en el solar de la antigua Unión Previsora, en el número 6 del paseo de Santo Domingo de Guzmán, y desde entonces da el cante el muro que servía de medianera de ambos bloques. Ahí ha quedado la huella de la parte de pared que compartían, que está sin arreglar, y es ahora cuando su impacto visual se ha hecho más notorio, al aparecer como fondo en las fotos que se hacen los turistas y segovianos con el famoso diablillo del Acueducto.
Por supuesto que no es la propia escultura la que puede dar base legal a la necesidad de arreglar ese muro, sino el hecho de que se encuentre dentro de las vistas protegidas del entorno del monumento romano. Pero sí coincide que la prensa preguntó por ello este pasado jueves a la alcaldesa, Clara Luquero, dentro de una serie de cuestiones que se le plantearon relacionadas con el famoso diablillo, y lejos de evadir el asunto, improvisó una respuesta en la que admitió que también se ha interesado por esto recientemente: «Lo que hay que hacer a lo mejor es requerir a la propiedad por ese muro que se ve en malas condiciones, para que actúe por ornato. Requerir al propietario, ya lo he dicho. Se ve fatal, ya lo sé». Repreguntada por ello, matizó que aún no se han tomado medidas: «Todavía no se le ha solicitado, pero yo he pedido a Urbanismo que lo haga». 
En principio, la alcaldesa cuenta con que los técnicos contacten con la propiedad de manera informal para plantearle el arreglo, pero si no hay avances se estudiaría la posibilidad legal de enviar un requerimiento «en el sentido del ornato, por el lugar en el que está». «Es verdad que no es que tenga unas circunstancias especiales de deterioro en cuanto a que corra riesgo de derrumbe, pero se puede hablar siempre, hay que intentarlo. Y si no, vamos a ver cómo encajamos la cuestión del ornato», argumentó.
Por otro lado, coincide que este edificio ya fue objeto de una larga y sonada polémica hace década y media. La Junta ordenó paralizar su construcción a finales de 2004 al advertir que se excedía en volumen y altura, entre otras otras irregularidades, y la sociedad promotora no pudo reiniciar las obras hasta dos años después, una vez recibió el visto bueno a un proyecto modificado que reducía la altura del inmueble en 1,3 metros, así como su edificabilidad en 235 metros cúbicos. Ahora el asunto es mucho menos grave, nada que ver, pero ya se asoma un nuevo episodio por una posible «cuestión de ornato».