Las bulas de indulgencia en el Museo de Segovia

D.S:
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Con el título 'Incunables para el más allá: las bulas de indulgencia', el Museo ha reunido a especialistas de ámbito nacional para abordar el origen histórico y el valor patrimonial de estos documentos singulares que gozaron de gran popularidad.

Bulas de indulgencia originales, del siglo XV - Foto: D.S

El delegado territorial, José Mazarías, ha inaugurado por videoconferencia la jornada ‘Incunables para el más allá: las bulas de indulgencia’, un encuentro organizado por el Museo de Segovia que ha reunido a lo largo del día de hoy a especialistas de importantes instituciones españolas, para abordar el estudio de uno de los impresos más populares en siglos pasados: las bulas, que llegaron a circular por millones de ejemplares pero de las que se conservan muy pocas, en especial de las incunables.

La jornada dedicó parte de su programa de ponencias a una de las colecciones más importantes de bulas de indulgencia que existen y que precisamente se conserva en el Museo de Segovia: las de Isabel de Zuazo, que son el testimonio de la circulación de las bulas de indulgencias a lo largo de 60 años (entre 1484 y 1544).

Las 66 bulas de Isabel de Zuazo aparecieron en 2009 durante obras de restauración en la iglesia de San Esteban de Cuéllar. La circunstancia de su hallazgo en un sepulcro, entre el sudario del cuerpo momificado de Isabel de Zuazo, mujer del regidor Martín López de Córdoba Hinestrosa, las convierten en algo excepcional. Gracias a la actuación del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León pudieron recuperarse muchas de ellas, que tienen gran valor. La más antigua es de 1484. La mayor parte de las bulas fueron tomadas por Isabel, de gran devoción, y por su marido, con el fin de tener un beneficio para sus almas y las de sus familiares.

Las bulas son de difuntos y están emitidas por la catedral de Segovia para el sagrario y obras. Las piezas tienen gran valor por ser incunables hasta ahora desconocidos, por ser para la fábrica de la Catedral segoviana, lo que también se desconocía, y, además, por conservarse el pliego completo con cuatro buletas compuestas simultáneamente, pues lo habitual es que se fragmenten.

El fin de la jornada que ha organizado el Museo de Segovia es revalorizar este conjunto de documentos en su contexto. Se ha hablado de las bulas incunables de Cuéllar y de su análisis, así como de otras colecciones de bulas existentes en España. Se explicó su origen y su valor como documentos únicos. ‘

En su inauguración de la convocatoria, el delegado territorial ha indicado que esta jornada “nos va permitir acércanos a una parte de esa realidad cotidiana pasada, que en la actualidad nos llama poderosamente la atención”. También hizo referencia a la importancia de las bulas conservadas en el Museo y ha destacado que estas bulas de indulgencia forman parte “de nuestro patrimonio histórico que la Junta de Castilla y León quiere poner en valor”.

La jornada comenzó con la ponencia de Pilar Pastrana, restauradora del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León, sobre la restauración de las bulas. Posteriormente, Fermín de los Reyes Gómez, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid y cuyas líneas de investigación son la Historia de la imprenta y las Incunables españolas, ofreció una visión histórica de las bulas halladas en Cuéllar.

De la misma Universidad, el profesor de Filología Hispánica Benito Rial se centró en la identificación tipográfica de incunables. Desde el Archivo Histórico de la Nobleza-Universidad Complutense de Madrid intervino el doctor en Historia y Geografía, Miguel F. Gómez, para incidir en la imprenta de bulas del Monasterio de San Pedro Mártir (Toledo). Seguidamente, Ignacio Panizo, jefe de la Sección de Archivos de la Biblioteca Nacional de España comentó las bulas incunables conservadas en su archivo. Finalmente, la jornada terminó con un debate entre todos los ponentes.

Las bulas eran documentos papales por el que se concedían algún tipo de indulgencias a cambio de su adquisición. Esos documentos se emitían y se vendían para recaudar fondos para alguna batalla, la construcción o reparación de templos, la redención de cautivos o se destinaba a ayudas a hospitales o cofradías. Su venta estaba muy controlada y su precio variaba según la clase social del comprador.

Tras la llegada de la imprenta, las bulas se multiplican. Los impresos (en papel o pergamino) solían tener espacios en blanco para poner a mano el nombre del pagador, el coste y la fecha de la compra, aunque a veces, estos datos no aparecen. Los documentos llevaban sellos y firmas para su autenticación, para evitar falsificaciones.

En España, se conoce algo más de un centenar de ediciones incunables. Además de las bulas de Cuéllar, destacan las Bulas de Rodrigo de Borja, impresas después de 1473 y encontradas en noviembre de 2007 en el Archivo Catedralicio de Segovia. Estas bulas también fueron restauradas por Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Junta de Castilla y León.