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La escritora honesta

A.M.
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Julia Concepción Gutiérrez, 'hija' de la democracia, segoviana, de 26 años, defiende en su obra alimentar el corazón y la mente del lector, recuperando el interés de las historias

La escritora Julia Concepción Gutiérrez - Foto: Rosa Blanco

Julia Concepción Gutiérrez, segoviana, de 26 años, que acaba de presentar su primera novela 'El bosque de las bestias', cuenta que creció en una calle abierta al campo que llevaba el nombre de Jaime Gil de Biedma, en el barrio de Nueva Segovia: «Aprendí a escribir mi dirección muy pronto, sin conocer su significado. Después se convirtió en uno de mis poetas preferidos», afirma esta mujer convencida de que todas las lenguas son enriquecedoras y no deberían percibirse entre sí como una amenaza, sino que lo peligroso es el uso partidista que se haga de ellas. 

De hecho, confiesa que le gusta la obra de este poeta de la llamada Generación de los cincuenta, cuyas cenizas descansan en el panteón familiar de Nava de la Asunción, porque está basada en sentimientos auténticos y en la propia experiencia. Además de atraerle que sea aparentemente sencilla, pero compleja en su concisión, y a la vez, sacada de las entrañas. 

Con estos antecedentes, quien ha trabajado como profesora de español para extranjeros en Madrid y Tokio y en la actualidad imparte Lengua Castellana y Literatura en un instituto público, como su madre, «que me ha enseñado todo»,  defiende que, frente a quien escribe con un estilo que parece interesante para ocultar que no se tiene nada interesante que contar, «hay que alimentar el corazón y la mente del lector. Escribir desde la honestidad es recuperar el interés de las historias, aunque nosotros parezcamos intelectuales menos interesantes». Asimismo admite que «nos quejamos del vacío de significado de la pos-posmodernidad, de la desinformación y de la distracción, pero escribimos novelas sobre personajes vacíos y distraídos y sobre sus vidas sin significado. Decimos que es para denunciarlo, pero no  proponemos alternativas, así que acabamos formando parte de ello, retroalimentándolo». 

Reconoce que escribe poemas cuando está enfadada y que luego publica en su blog  'Pozos de aire', en referencia a un verso de Gerardo Diego, pero no tiene aún intención de elaborar un proyecto literario, sino que solo lo hace  porque necesita expresarse. 

Todo ello lo hace después de leer a los compañeros de generación de Gil de Biedma,  los niños de la guerra, y también a sus herederos de estilo; intentando desechar a aquellos que se limitan a lo cotidiano y banal.  «Suelo echar de menos la rima, esa compañera perdida…», admite mientras recomendaría siempre a Ben Clark, al que conoció como alumna y después profesora, y al residente segoviano Sergio Artero. También a Rosana Acquaroni, que fue su tutora la primera vez que dio clase «y también es deslumbrante como poeta», matiza.

Perteneciente a la generación de los hijos de la democracia, la primera que vivirá peor que la de sus padres, lo que le hace aseverar que «por eso tenemos que escribir desde la honestidad», Julia Concepción Gutiérrez entró en el mercado laboral cuando todavía arreciaban las consecuencias de la larga crisis de 2008 y ahora está viviendo la crisis del covid: «Me he desengañado de la posmodernidad y quiero que la novela recupere su función de cohesión social. Quiero una novela que vuelva a contar historias: historias emocionantes que obliguen a los jóvenes a pensar y sentir, a comprometerse y cambiar», subraya.

Con esta base y sus conocimientos ha planteado su novela 'El bosque de las bestias', que ha presentado de la mano 'Intempestivos', en la 'Cervecera Octavo'. Se trata, según la autora, de una historia que explora ese difícil tránsito de la adolescencia a la vida adulta, caracterizado por el miedo a lo desconocido, el alejamiento de la familia y la formación de la propia personalidad, pero en el que también aparecen sentimientos valiosos: la conexión con la naturaleza, la amistad, la ilusión y la pasión.  

Está concebida, de acuerdo con Julia Concepción,  «como una novela que une narrativa realista y de fantasía, mezclándolas de forma progresiva, hasta hacerlas inseparables. Esto se consigue gracias a la reflexión metaliteraria (ya que el título es, a su vez, una novela dentro de la novela) y al flujo del pensamiento de su protagonista, al que sigue el foco narrativo salvo por muy pocas excepciones. Difumina, así, los límites entre ficción y realidad, cuestionando la definición de cada género».

¿Por donde seguirá?: «Me gustaría continuar con la mezcla entre fantasía y realidad, pero con un contexto social más completo. Estoy pensando en cómo integrar el retrato de la vida laboral y social de mis compañeros jóvenes, y sobre todo de mis compañeras, sin perder de vista ese tono lírico y mágico con el que siempre me he identificado».