Editorial

La compra del material sanitario no debe convertirse en un mercado persa

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Si no fuera por la gravedad del asunto, la compra de test rápidos defectuosos por parte del Ministerio de Sanidad podría formar parte del guion de una película de Berlanga. El Gobierno ha quedado en evidencia después de que la embajada china advirtiera al ejecutivo de Pedro Sánchez que iba a hacer negocio con una empresa sin licencia. De hecho, el Ministerio de Comercio chino llegó a ofrecer a España una lista de proveedores, entre los que no se encontraba la firma elegida por Sanidad.
La realización de esos test rápidos es necesaria para intentar atajar con mayor eficacia el contagio del virus. Los países que han logrado contener la expansión descontrolada de la enfermedad entre su población lo han hecho gracias a una masiva realización de pruebas entre los ciudadanos, lo que ha permitido a los equipos sanitarios disponer de un tiempo precioso para poder administrar de manera más eficiente los recursos con los que hacer frente a la pandemia. 
El error en la compra de estos equipos se suma a la falta de material de protección en hospitales y en residencias de ancianos, lo que demuestra que las autoridades sanitarias no se habían tomado en serio las señales de alarma que llegaban desde China y sobre todo desde la cercana Italia. España es el país en el que se ha contagiado un mayor número de profesionales de la sanidad, precisamente por esa ausencia de equipos de protección individual. Hasta hace unos días era frecuente ver a muchos de esos trabajadores improvisar métodos caseros, elaborados incluso con bolsas de basura, para no tener que enfrentarse al coronavirus desamparados y desprotegidos. 
La compra de ese material se ha convertido en una especie de mercado persa, que obliga a los compradores a acudir a subastas internacionales con el dinero en mano. En lugar de centralizar la adquisición de esos productos, cada comunidad autónoma ha tenido que buscarse la vida por su cuenta y, en algunos casos, se ha encontrado con trabas burocráticos que han retrasado su llegada hasta los centros sanitarios. 
Frente a esa falta de agilidad de la administración, hemos visto cómo algunas de las compañías más importantes de nuestro país llevan días distribuyendo mascarillas y otros elementos de seguridad, además de poner sus cadenas de producción y su logística al servicio de la salud. Esta misma semana la Cámara de Comercio hacía un llamamiento a las empresas que tengan capacidad para producir los materiales que se requieren en los centros sanitarios de la región a que se pongan manos a la obra para dar una respuesta conjunta a este inmenso desafío.