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Editorial

Prejubilaciones en la enseñanza y máximo apoyo a los docentes

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Con demasiada frecuencia y pocos argumentos y testimonios documentados se simplifica y se critica el trabajo de los profesores haciendo hincapié solo en que tienen más de dos meses de vacaciones, sin incluir Semana Santa y Navidades. Cierto es que en ese apartado están muy por encima de la media de profesiones, pero también es verdad que la mayoría realiza durante todo el curso mucho trabajo en casa, incluidos los fines de semana, preparando temas, corrigiendo ejercicios y exámenes, actualizando su formación sobre nuevas tecnologías o algunas materias... 

La tarea de maestro exige buenas dosis de vocación, paciencia, formación, psicología y herramientas profesionales para gestionar grupos variopintos con empatía y a la vez con autoridad. También forma parte de este empleo los traslados de destino, con lo que ello condiciona la vida personal y familiar. Y en los primeros años, la obtención de una plaza.

Cumplidos los 60 y cotizados los años que marca la ley según el régimen de cada uno, pueden solicitar la jubilación anticipada. Esta opción ha sido la elegida por 106 de los 121 docentes que colgaron la tiza y la pizarra eléctrica al final del pasado curso. En el anterior fueron 102 de 113.

¿Por qué tantos profesores, que podrían dar clase hasta los 70, aprovechan esa posibilidad, que va en ligero aumento últimamente? 

Su quehacer conlleva un notable estrés y desgaste psicológico. Según fuentes del gremio, las prejubilaciones pueden llegar empujadas por el temor a que futuras reformas las impidan, a que están siendo unos años duros con la covid de por medio, a que la enseñanza telemática y las nuevas tecnologías no resultan ‘naturales’ para muchos docentes ante alumnados digitales, a que tienen que asumir mucha carga burocrática, a que las clases bilingües exigen niveles no siempre disponibles...

Desde los sindicatos, igualmente, apuntan que es previsible que la tendencia a las prejubilaciones se reduzca en los próximos años debido a que cada vez las maestras y maestros entran con más edad en el mercado laboral, por lo que llegan más tarde a cumplir los requisitos precisos.

Por encima de esta realidad, sus causas y consecuencias, se ha de resaltar la vital importancia que tiene para cada persona y para la sociedad en general una buena educación, la mejor posible, en habilidades, en valores, en conocimientos técnicos y humanísticos... Por ello, los docentes han de contar con los medios precisos para ello, con autoridad y con el respaldo y la colaboración de las administraciones y de los padres, para que la ‘siembra’ diaria de las aulas permita recoger en el futuro las mejores cosechas.