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Un regreso de película

Celia Sierra (EFE)
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Oculto en un camión y en el más absoluto secreto, el 'Guernica' protagonizó hace ahora 40 años una rocambolesca historia de vuelta a España tras un largo proceso de negociaciones

Dos personas observan el lienzo de Pablo Picasso en una de las salas del Museo Reina Sofía. - Foto: Eduardo Parra Europa Press

Celia Sierra (EFE) / Madrid

Cuando salió de Nueva York, oculto en un camión, un corte de luz apagó los semáforos de la Gran Manzana y generó un monumental atasco. Fue hace 40 años, y esa anécdota es solo una de las muchas que salpicaron la historia de regreso a España del Guernica, de Pablo Picasso, tras un largo proceso de negociaciones con final feliz.

La operación Cuadro Grande, como se bautizó, se desarrolló entre el 9 y el 10 de septiembre de 1981, dos jornadas en las que la obra maestra del malagueño haría su último gran viaje convertido en todo un símbolo de reconciliación del país.

«Se hizo en secreto, tenían mucho miedo (…) Con lo que había costado traerlo, imagina si le hubiera pasado algo», explica Genoveva Tusell García, historiadora y autora de El Guernica recobrado (Cátedra), que rastrea los pasos del cuadro hasta su llegada a España.

La historiadora es también hija de una de las figuras fundamentales en la vuelta del lienzo, Javier Tusell, director general de Bellas Artes de la época, y que encabezó las negociaciones junto al entonces ministro de Cultura, Íñigo Cavero.

El 9 de septiembre, el MoMA cerró sus puertas en su horario habitual. Su director, Richard Oldenburg, -el único que conocía la operación- avisó en ese momento a los conservadores de que había que desmontar y empaquetar la obra. El exilio llegaba a su fin.

«Nadie estaba avisado», subraya Tusell. Le quitaron el bastidor y lo enrollaron, en un proceso que duró hasta la madrugada. A la mañana siguiente se firmó toda la documentación y dos camiones salieron escoltados por la policía metropolitana de Nueva York.

El traslado coincidió con un corte de luz que había inutilizado todos los semáforos de la Gran Manzana, generando un gran atasco. «Cuando por fin llegaron al aeropuerto, se metió en la bodega de un avión comercial de Iberia -explica Tusell-, lleno de turistas que no tenían ni idea».

Entre los pasajeros iba un dispositivo de seguridad y cargos del ministerio: «No tenían billete, tuvieron que comprarlos en el aeropuerto sobre la marcha».

Cuando el avión aterrizó en Barajas el 10 de septiembre, el comandante avisó a los viajeros de que la obra maestra estaba en bodega para sorpresa de todos. La Guardia Civil esperaba a pie de pista.

No era la primera vez que se intentaba la vuelta: en 1968 el Gobierno de Franco pidió el cuadro al MoMA. Pero, aunque el malagueño nunca hizo testamento, si había dejado indicaciones escritas sobre su obra maestra: solo podía volver «una vez restituidas las libertades públicas» de España.