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En el ojo del huracán

J. Villahizán (SPC)
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La Comisión Europea considera energías verdes a las industrias nuclear y gasística hasta que se alcance la neutralidad climática en 2050, un hecho que ha puesto en pie de guerra a los Estados miembro

En el ojo del huracán - Foto: SASCHA STEINBACH

La polémica está servida. La inclusión de las plantas nucleares y de gas natural como energías verdes en un borrador que la Comisión Europea (CE) presentó a los Estados miembro a última hora del pasado 31 de diciembre ha levantado las suspicacias de los países que consideran que estas inversiones no son sostenibles, entre ellos España, Alemania y Austria. En contraposición, Francia es de la opinión de apostar por la energía atómica hasta que se alcance la neutralidad climática en 2050.

Al parecer, Bruselas lo tiene claro, máxime con el precio de la electricidad en máximo históricos, y considera que su propuesta es «pragmática y realista», a pesar de ello matiza que este texto es solo un borrador y que los Estados y los expertos de la Plataforma de Finanzas Sostenibles pueden realizar sus matizaciones y alegaciones hasta el próximo 12 de enero.

Además, el documento deberá ser ratificado con el apoyo de 20 países que representen al 65 por ciento de la población de la Unión Europea y como último trámite también deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo.

El texto que propone la Comisión considera sostenible las inversiones en centrales nucleares con un permiso de construcción antes de 2045, siempre que existan planes para la gestión de los residuos radiactivos y el desmantelamiento de las mismas.

Igualmente, extiende la vida útil de las plantas atómicas aún existentes, aunque con estrictas condiciones para garantizar su seguridad y una eliminación de desechos adecuada.

En el caso de las instalaciones de gas, las plantas actuales recibirían la etiqueta verde si se dedican a la generación de electricidad o a la cogeneración, además de ser sometidas a unos requisitos más exigentes. En el caso de industrias a futuro, la CE aprobaría aquellas inversiones sobre permisos ya concedidos hasta 2030 y siempre que emitan menos de 270 gramos de CO2/kWh.

La problemática radica en que en las tres décadas de transición que hay por delante, hasta 2050, habrá que seguir tirando de energías que en principio no serían verdes, hasta el despliegue suficiente de alternativas libres de emisiones como las renovables. 

Para que no haya disrupciones del suministro por falta de inversión o una transición incompleta,  la Comisión ha decidido incluir ciertos proyectos gasísticos y nucleares en la taxonomía o clasificación verde. 

Con todo, en sus planes Bruselas las declara verdes por el papel que tienen que jugar en la transición energética hasta 2050, al tener un peso importante en la generación de países como Francia, Finlandia o la República Checa, que saldrían beneficiadas. En todo caso en la taxonomía se considerarían actividades de transición, reconociendo que si bien no son totalmente sostenibles cuentan con emisiones menores al promedio de la industria.

División interna

En esta coyuntura, los Estados miembros están divididos sobre el papel que deben tener estas dos fuentes de energía en la transición hacia la neutralidad climática.

Así, Francia lidera el grupo que quieren que la energía atómica se considere sostenible, mientras Alemania se opone a ello, aunque Berlín sí que es favorable a que las inversiones en gas natural reciban la etiqueta verde durante la transición. 

Por su parte, ecologistas y consumidores avisan que la CE pierde credibilidad con esta propuesta, a la que califican de «error garrafal», además de considerarla no fiable.