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Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


El espíritu del Camino

09/09/2022

Castilla y León alberga el mayor recorrido del Camino Francés de la Ruta Jacobea, 400 kilómetros de los 700 entre la localidad francesa de Saint Jean Pie de Port y Santiago de Compostela. Su valor cultural ha sido ampliamente reconocido (Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, Premio Príncipe de Asturias…) y para contribuir a que esta circunstancia no se desvirtúe han surgido iniciativas públicas y privadas. Una de las últimas es Camino Francés Federación, que cuenta con la participación de más de 5.000 socios agrupados en 19 asociaciones. Su presidente, Miguel Pérez Cabezas, manifestó en la presentación de esta iniciativa que el objetivo de la Federación es preservar la `identidad y los valores` del Camino de Santiago, evitando que sea una ruta más de senderismo. Es evidente que no lo es, a pesar de la variedad de paisajes atraviesa, desde las montañas más agrestes a los páramos más diáfanos, de otra forma no concentraría tantos caminantes y menos aún la participación de peregrinos llegados de todo el mundo.

No es una ruta más de senderismo, evidentemente, pero la constatación de esa circunstancia no ha de ignorar los riesgos de que en el futuro ocurra. El oportunismo de algunos políticos, más atentos a complacer los egos de sus votantes que al respeto por la tradición milenaria del auténtico trazado del Camino Francés, es uno de los riesgos no despreciables. La exigencia de caminar únicamente los cien últimos kilómetros hasta Santiago para obtener la Compostela, el certificado acreditativo de peregrino compostelano, constituye un riesgo de disuasión evidenciado claramente en este Año Jacobeo. Las autoridades gallegas han dado la voz de alarma por la masificación registrada en el tramo final del Camino, no así en el resto de la ruta, y proponen ya que al menos el recorrido acreditativo de la Compostela sea de 300 kilómetros. Una componenda que también cercena la esencia del Camino, cuyo recorrido fue documentado por el monje francés Aemeryc Picaud hace nueve siglos. Todos los caminos llegan a Santiago y a cualquier lugar del mundo, pero esa obviedad no elude el rigor que exige preservar lo inmaterial, el espíritu de una ruta única, el Camino Francés.