La campaña más corta llega a su fin

SPC
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Los candidatos a la Presidencia agotan el tiempo con la incertidumbre de si se podrá formar Gobierno tras el recuento de votos y la formación, o no, de pactos

Una repetición que puede salir cara

Ocho días de campaña y el PSOE llegó ayer a la recta final con el listón más bajo, pues pocos sueñan con los 140 escaños que impulsaron la precampaña. Los socialistas se concentran en rentabilizar en las urnas la gestión moderada del conflicto catalán y en captar el voto que se decide en las últimas horas. 
EL PSOE afronta la cita con las urnas consciente de que «todo está por jugar» y crítico con la oposición, más en concreto con los partidos de derechas que, en su opinión, enturbiaron la campaña con mentiras sobre supuestos «pactos ocultos». No obstante, se muestra confiado y convencido de que la sociedad catalana entiende el Plan Sánchez y la gestión templada de los disturbios que se iniciaron tras hacerse pública la sentencia del procés. Incluso, el PSC prevé subir algún escaño pese a haber hecho una campaña sin la cabeza de lista por Barcelona, Meritxell Batet, de baja médica.
En Ferraz comenzaron la campaña exhibiendo como trofeo la exhumación de Franco y prosiguieron con ataques a Vox, que se fueron endureciendo en cuestión de días. En palabras de Sánchez, el partido de Santiago Abascal pasó de ser «ultraderecha» a «fascista y franquista». También Unidas Podemos copó protagonismo en los mítines de Sánchez, después de que Iglesias advirtiera de que el PSOE preparaba para después de las elecciones una gran coalición con el PP.
Sánchez trató de desmontar el relato morado dejando claro en todos los mítines que no había pacto posible y devolviendo la pelota a Iglesias con una pregunta que repitió en cada acto electoral: «¿Va Unidas Podemos a bloquear por quinta vez un Gobierno progresista liderado por el PSOE?».
Además de estos mensajes, lo que no cambió es la apelación de Sánchez al voto «útil y valiente» que dé una mayoría amplia al PSOE que le permita gobernar sin hipotecas y el mensaje para movilizar a esos dos millones de indecisos, que pueden ser decisivos para cambiar el resultado electoral.
Y en esta tesitura, el socialista cerró ocho días de campaña, la más corta de la Historia de la democracia, en la que recorrió 5.000 kilómetros, 14 provincias y 11 Comunidades Autónomas, en una contrarreloj que espera ver compensada la noche de mañana, cuando ya fuera de sondeos se conozca la verdad de las urnas.

 

Frankenstein, Titanic y una vuelta al ruedo

El líder del PP, Pablo Casado, terminó ayer su campaña con una figurada vuelta al ruedo en el plaza de Las Ventas, a la espera de salir a hombros el próximo 10-N de camino a La Moncloa y después de haber centrado sus críticas en el Gobierno, que ve una mezcla entre Frankenstein y Titanic.
En medio se cruzó la sentencia del procés con los disturbios que generó en Cataluña y la subida de Vox en las encuestas, ante la que los populares se han cuidado de no mostrarse preocupado.
De hecho, Casado puso a su líder, Santiago Abascal, a la altura de un mero «novillero» que no tiene comparación con el «gran torero» que sale a arriesgarse a la plaza.
La experiencia del PP en el Gobierno es su baza frente a este partido y también frente a Cs, a cuyos votantes reclamó un «voto útil».
Pero el objetivo a batir mañana es el candidato socialista y presidente en funciones, Pedro Sánchez, porque para Casado este es un partido de solo dos equipos, al que los naranjas y los ultraderechistas asisten «desde el sofá» de casa o desde «la barra del bar» criticando las alineaciones.
Así se movió el presidente de los populares en sus actos, entre los símiles deportivos, náuticos y taurinos, para repartir un poco de crítica a cada uno, siempre en una línea más moderada que el 28-A.
Un tono que solo elevó la víspera del debate a cinco para acusar a Sánchez de hacer coincidir la campaña con la violencia por la sentencia del procés y responsabilizarle de lo que pueda pasar mañana, durante la jornada de votación.
Y es que, los dos ejes principales de su discurso fueron la crisis secesionista y la económica que, a su juicio, ya «está aquí». Ante la primera advierte que hay un Ejecutivo Frankenstein del PSOE, Podemos y los independentistas que Sánchez tiene previsto volver a reeditar. Ante la segunda, el panorama dibujado por el líder popular es la de un Gabinete que se ha convertido en un Titanic a punto de naufragar y una España que solo puede salvarse si vuelve a confiar el rumbo del barco al PP, con un equipo «experimentado» que sabrá afrontar la tormenta.

 

Rivera, contra las encuestas

Albert Rivera cerró ayer una campaña centrada en remontar unos pésimos sondeos que colocan a Cs en la situación más complicada desde que en 2015 dio el salto nacional al situarles en quinta posición, por detrás de Vox. Así, ahora todas las esperanzas naranjas están puestas en la movilización de su electorado puesto que, según el CIS preelectoral, hay cerca de un 20 por ciento de indecisos.
Por eso, se agarraron constantemente estos días al ejemplo de Andalucía, que en las autonómicas de diciembre de 2018, contra todo pronóstico, consiguieron gobernar con el PP y la ayuda de Vox, desbancando a los socialistas del poder.
La otra gran idea que abanderaron fue presentarse como una pieza decisiva para desbloquear la legislatura, comprometiéndose a formar Gobierno con el PP y, si no es posible, facilitar un Ejecutivo de Sánchez con un gran acuerdo a tres (PSOE, PP y Cs) sujeto a un decálogo de reformas que ve necesarias. 

 

Resistir al 10-N como objetivo

Unidas Podemos confía en resistir mañana, pese al riesgo de perder escaños muy representativos como el de Rafael Mayoral -número cinco por Madrid-, Pablo Echenique -Zaragoza- o el del gaditano Juan Antonio Delgado. Y, en esta línea, los morados llegaron ayer a la recta final de campaña con la sensación de que el debate a cinco dio un espaldarazo a su líder, Pablo Iglesias, como, según sostienen, sucedió el 28-A, cuando lograron 42 diputados y un apoyo superior al que creían.
El secretario general de Unidas Podemos está satisfecho con la evolución de los últimos días y desde la dirección creen que tendrá un resultado digno, pese a que antes de convocarse los comicios asumían que una repetición electoral podría costarles una decena de diputados.
De hecho, Iglesias se despidió del camino al 10-N como lo empezó: Avisando a sus electores de que no dará ningún «voto gratis» al PSOE y solo los apoyará en la investidura si pacta una coalición de Gobierno.

 

De la modestia a la ambición

Vox partió hacia el 10-N con el reto de mantener los resultados de abril, pero los últimos acontecimientos le han dado aire y convertido en actor protagonista y sus modestas pretensiones iniciales se han transformado en ambición y grandes expectativas al cierre de campaña.
Como ya ocurrió el 28-A, el partido de Santiago Abascal fue escalando poco a poco mayores cotas y su consolidación como uno de los grandes parece más que asegurada.
La duda es si será capaz, esta vez sí, de cumplir los augurios y si está tan fuerte como apuntan las encuestas, que les sitúan como tercera fuerza política y le han llegado a dar hasta 55 escaños.
Mientras, Abascal repetía una y otra vez en los últimos días que no cree en los sondeos, aunque a la vez se mostraba convencido de que su formación va en ascenso, gracias a su enérgico discurso a favor de la unidad de España, en contra del independentismo y cargado de medidas antinmigración ilegal.