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La sequía y los costes marcaron el año agrícola

Vidal Maté
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Precios al alza en origen y algunas ayudas apoyaron al sector, aunque dominan los interrogantes de cara a la nueva campaña que comienza

La sequía y los costes marcaron el año agrícola - Foto: Ana M. Díez

Las ferias agrícolas y ganaderas en el mes de septiembre vienen a marcar el final del año agrícola y el inicio de una nueva campaña para las producciones con mayor peso en la actividad agraria.

Este ejercicio, al margen de los efectos provocados en todos los mercados por la invasión rusa de Ucrania, con su impacto fundamentalmente en los precios de las materias primas para la alimentación animal y en otros cultivos como el girasol, el sector agrario en su conjunto ha estado marcado por la falta de lluvias que se sufre ya desde la primavera pasada, lo que ha reducido preocupantemente los recursos en los embalses para los riegos. Todo ello, además, aliñado por los fuertes calores que se llevaron por delante una parte muy importante de la rentabilidad, mermando las producciones agrarias y las disponibilidades de pastos en amplias zonas de ganadería extensiva.

Agricultura respondió con una serie de medidas, algunas basadas en ayudas directas y otras en apoyos indirectos fiscales, pero todas ellas calificadas como insuficientes desde el sector agrario. Luis Planas llegó a valorarlas en su conjunto en unos 1.000 millones de euros. Sin embargo, desde las organizaciones agrarias, a la vez que se reconocían los esfuerzos, se reclamaba un plan de choque de cara al próximo ejercicio, durante el cual todo indica que los precios de los piensos y fertilizantes, sumados a la energía, luz y gasóleo, van a seguir estrangulando al sector.

En los cereales, la falta de lluvias y los fuertes calores se tradujeron en un recorte de la cosecha en más de un 20% en relación a la media de los últimos tres años, con un resultado de poco más de 18 millones de toneladas de grano, de las que 5,1 serían de trigo blando, 6,5 de cebada, 0,7 de trigo duro, 0,9 de avena y 0,7 de triticale, según Cooperativas Agro-alimentarias. Las estimaciones de la cosecha de maíz, que vaticinan 3,8 millones de toneladas, podrían sufrir importantes variaciones en función de las disponibilidades de agua de riego en el otoño. España demanda anualmente unos 36 millones de toneladas de este cereal, casi diez veces más.

En aceite se espera un recorte de entre un 15% y un 20% sobre la cosecha, ya escasa, de 1,48 millones de toneladas de la campaña anterior debido a los calores, la falta de lluvia y de agua de riego, lo cual acarreará aceitunas secas o con tamaños muy reducidos. La situación es similar en el vino, con un descenso estimado de entre un 15% y un 20% en la vendimia, al igual que ha sucedido en las producciones de frutas de verano o la remolacha.

Avanzada la recolección del girasol, cultivo que este año ha incrementado su superficie un 26% hasta alcanzar unas 960.000 hectáreas ante los buenos precios provocados por la invasión de Ucrania, la falta de lluvia y el hecho de que se utilizaran tierras no muy aptas para el cultivo se ha traducido en unos rendimientos a la baja hasta una reducida media de entre 700 y 800 kilos por hectárea, lo que supone aumentar la dependencia exterior para cubrir una demanda de unas 700.000 toneladas de aceite -una mitad destinada a los hogares y restauración y otra para la industria-.

En la parte positiva se hallan los precios al alza de los mercados que, en parte, compensarían las reducciones de la producción. En el caso del girasol los precios se han elevado hasta los 0,80 euros kilo de pipa, frente a los 0,50 del año pasado; y en el aceite de oliva de calidad superior, un virgen extra, se superan los cuatro euros por kilo en origen. En la parte negativa encontramos el caso de los cereales: con la sementera ya comenzada y un fuerte incremento de los costes de producción, especialmente de los fertilizantes, los agricultores tienen miedo a incrementar los gastos con los interrogantes de los precios en el futuro.

En las producciones ganaderas extensivas -vacuno, ovino y el ibérico de la dehesa- la sequía ha obligado al empleo de piensos en zonas donde tradicionalmente en este periodo se funcionaba con forraje, como es el caso de la Cornisa Cantábrica y otras muchas áreas donde los prados están agostados. La mayor utilización de pienso, más caro por el incremento de los precios de las materias primas derivado de la invasión de Ucrania, está suponiendo una fuerte subida de los costes de producción sin que los ganaderos tengan la seguridad de poder repercutirlos en los precios de venta. Ante esta situación, en los sectores ganaderos hay también miedo a producir caro, lo que ha impulsado al recorte o la congelación del tamaño de las cabañas.

Esta situación de sequía, con la consecuencia de un mayor empleo de piensos y de suplemento de agua, afecta especialmente a la cabañas de vacas nodrizas, más de dos millones de cabezas, así como a los 16 millones de cabezas de ovino extensivo, señalan los responsables de las interprofesionales PROVACUNO, Javier López, e INTEROVIC, Raúl Rodríguez. Desde el sector del cerdo ibérico ligado a la dehesa, el presidente de la interprofesional ASICI, Antonio Prieto, destaca la mala situación de las encinas y los pastos, que está suponiendo un incremento más de los costes. Para el ganadero José Gómez, director de la empresa Joselito, lo importante en este momento es que el cerdo conforme su estructura, «que haga caja»", y que haya una otoñada con lluvias para disponer de pasto y bellota para su engorde durante la próxima montanera. En este escenario de precios y de interrogantes, hay ganaderos que están optando por la venta de lechones (peladillas) en lugar de apostar por su engorde.

Frente a este panorama, desde el Ministerio de Agricultura se han adoptado hasta la fecha medidas de ayuda directas como los 169 millones de euros pagados al sector de la leche, de los que 124 fueron para el vacuno, 32,2 para el ovino y 12,7 para el de cabra. A esta cifra se sumaron otros 193,4 millones -un tercio de los cuales proceden de los fondos de crisis comunitarios-, de los que 110 millones fueron al vacuno de carne, 31,7 millones para el ovino, 10 para el sector avícola de carne, tres para los conejos y 38 millones para los cítricos.

A esas medidas se añaden otras generales como la bonificación de 0,20 euros litro al gasóleo -con un coste estimado por el gobierno en 78 millones de euros-, el incremento de 60 millones de los fondos para subvención de las primas en el seguro agrario, la disposición de más de 12 millones de euros para la bonificación del principal en las operaciones de financiación, así como para subvencionar el importe de los avales a través de la Sociedad Anónima Estatal de Caución Agraria (SAECA). En cuestiones de impuestos y fiscalidad encontramos la reducción del 20% al sistema de módulos del IRPF, que rebajará la base imponible en unos 500 millones, o el aplazamiento de las cuotas de la Seguridad Social a un interés del 0,5%. En materia laboral, la reducción de 35 a 20 el número de jornadas reales cotizadas para acceder al subsidio de desempleo o a la renta agraria de los trabajadores eventuales de Andalucía y Extremadura.

Ayudas que, en su conjunto, tapan algunos agujeros, pero que no eliminan los interrogantes de los costes y la rentabilidad para la próxima campaña.