Óscar Gálvez

Periodista. Director editorial Castilla y León Promecal


Acostumbrada a vencer resistencias

Pilar del Olmo ha sido la elegida. Aunque en la lista de posibles aspirantes a la Alcaldía de Valladolid figuraron durante tiempo algunos nombres más, el de la consejera de Economía y Hacienda (Valbuena de Duero 1962) siempre sonó con más fuerza. Posiblemente, porque de no haber sido así hubiera resultado complicado poder vencer algunas resistencias internas en su partido. Porque aunque nadie ha dudado durante estos meses de su valía y de que posiblemente puede aportar al PP el potencial necesario para obtener el mejor resultado electoral en la capital en las circunstancias actuales, en su partido siguen conviviendo dos familias que bajo la apariencia de normalidad continúan en guerra, a veces soterrada y otras indisimulada. Así, finalmente Pablo Casado ha puesto orden y ha optado por quien desde hace ya meses y desde muchos sectores consideraban que era el mejor cartel electoral del PP para afrontar uno de los principales retos que tiene en las próximas municipales en Castilla y León: recuperar la Alcaldía de Valladolid, perdida en 2015 después del lógico desgaste que generan 20 años de mandato de la misma persona, se llame como se llame. En ese caso fue Francisco Javier León de la Riva, que a ese desgaste natural  sumaba un contexto judicial poco propicio para revalidar la mayoría absoluta.
Del Olmo lleva toda su carrera política acostumbrada a vencer resistencias internas pese a contar con el respaldo absoluto y permanente de Juan Vicente Herrera. La nombró consejera de Hacienda en 2003 convencido de que su perfil técnico dotaría al Gobierno de Castilla y León de algo fundamental, pero de lo que suelen olvidarse los políticos: el rigor en las cuentas. Apenas llevaba unos meses como Delegada Especial de la Agencia Tributaria en la Comunidad cuando el presidente de la Junta la telefoneó para ofrecerle el cargo. Cómo no, le sorprendió la llamada. Que careciera de experiencia política no sólo no fue un hándicap sino una ventaja a partir de la cual poder explotar todas sus virtudes. En aquel momento perfectamente podía decirse que era un diamante en bruto para la política, que el tiempo se ha encargado de pulir y dar brillo. Su espontaneidad y su facilidad para conectar con todo tipo de perfiles sociales sin necesidad de renunciar a una personalidad fuerte hicieron que se consolidara en poco tiempo como un puntal en el equipo de confianza del presidente de la Junta. Su proyección pública a través de su cargo fue cada vez mayor y a día de hoy cuesta encontrar colectivos fuera de la política que cuestionen su rigor en las cuentas y su talante, otra cualidad que afloró en el mismo momento en el que Herrera le encomendó responsabilidades que trascendían de la responsabilidad contable inicial: desde la siempre compleja gestión de la función pública a la no menos difícil tarea de la Economía, en la actual Legislatura, que requiere de constante diálogo con los agentes sociales y económicos.
Por coherencia, según explicó en numerosas ocasiones, se afilió al PP meses después de integrarse en el Gobierno. Sin embargo, su consolidación en la Junta apenas se tradujo en una incorporación activa a la vida del partido pese a que su popularidad podía ser claramente beneficiosa para las siglas. En aquella época, el PP de Valladolid era un círculo muy cerrado del que todavía quedan reminiscencias. Puede que ya no merezca reparar en posibles causas por las que entonces sus compañeros le cerraban una y otra vez las puertas en la sede de Alcalleres, pero en el hecho de que hoy sea candidata a la Alcaldía de una gran ciudad como Valladolid y a que después de 16 años salga de la Junta con una hoja de servicios envidiable en la vida política de hoy en día puede que encontremos algunas de ellas. La más clara y evidente es que era vista como una amenaza para muchos de los que querían conservar su cuota de poder el mayor tiempo posible.  Para dar su primer mitin, en las elecciones generales de 2004, el PP de Valladolid la envió a un pequeño municipio de la ribera del Duero rayano con Burgos en el que posiblemente lo que esperaba la dirección del partido era que la viera cuanta menos gente mejor. La arropó voluntariamente todo su equipo en la Consejería por una cuestión de afecto a la persona y no al cargo. La mayor parte de los profesionales de los que se ha rodeado durante estos casi 16 años en la Junta son los mismos desde sus inicios y es seguro que la gran mayoría firmaría acompañarla allá donde recale. Si el actual alcalde, Óscar Puente, puede presumir de ser una persona cercana, abierta a conversar con los ciudadanos, con Del Olmo le ha salido una gran competidora. Incluso en saber aguantar y sobrevivir a los envites de los adversarios internos.