LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Toma el dinero y corre

06/12/2019

Gran Bretaña antes era el paraíso de los medios de comunicación gracias a una legislación que protegía a ultranza la libertad de expresión, pero la creciente concentración empresarial y el poderío del Estado ha visto cómo su pluralidad de medios decrecía peligrosamente.

Estados Unidos combina unas dimensiones continentales, un sector publicitario gigantesco para dar satisfacción a sus clientes y una diversidad de ideas refrescantes. Curiosamente, la izquierda ha visto con suspicacia la publicidad en los medios, cuando ha sido gracias a ella que las democracias occidentales han tenido una vibrante libertad de prensa. No dudo que el pago o las suscripciones garantizan una fidelidad entre el usuario del producto y la empresa, pero es solo un complemento. Sin publicidad los consumidores no estarán mejor informados de sus opciones de consumo, ni los medios serán más independientes; solo habrá menos medios. En este punto es triste comprobar la apatía social y, en especial política, ante la irrupción digital que ha creado un oligopolio destrozando a los medios históricos. Los vencedores momentáneos son las grandes dictaduras del planeta que no tienen complejos en invertir dinero a pérdida para potenciar sus empresas o difundir noticias falsas.

Las democracias siguen dormidas porque salvo Donald Trump, lo cual nos indica su gravedad, nadie es consciente de la importancia de defender la pluralidad informativa. La oposición de Trump a la compra de Fox por Disney, muchos han querido verla desde un interés personal, lo cual es posible. Lo relevante es que el grupo audiovisual editorial conservador por excelencia acaba en manos del gigante, líder de lo políticamente correcto, y estandarte del colectivo LGTB.

Desde un punto de vista empresarial tiene todo el sentido, pero reduce la libertad informativa y hurta a los espectadores de una sana diversidad cultural. La homogeneidad de pensamiento es propia de las dictaduras y fomenta la desconfianza del individuo hacia las instituciones. No olvidemos que los regímenes totalitarios son los reyes de la pedagogía.

En Occidente el enfado popular es creciente ante la ineficiencia del Estado para satisfacer unas expectativas imposibles. Es parte del problema, pero se agrava por la ausencia de una confrontación madura de ideas. Las democracias permiten que afloren las tensiones sociales al enfrentarse a ellas, no silenciándolas. Para defender la libertad necesitamos medios de comunicación, porque al revés es imposible. Estados Unidos se está europeizando a toda pastilla. Una lástima para el mundo libre.