No pudo ser, y lo que habría que preguntarse es por qué, siendo Calviño la mejor candidata y la que contaba con los apoyos de los dos países más fuertes, Alemania y Francia, aunque Macron remoloneó hasta el último momento.

¿Por qué? En Bruselas hacía tiempo que se dudaba sobre la elección de la ministra española, y así lo decían las fuentes generalmente bien informadas: era la mejor de los tres candidatos, su imagen en las instituciones comunitarias es impecable porque han sido muchos años de trabajo bien hecho en Bruselas, pero… El pero es que el actual gobierno español provoca enormes reticencias. La prueba es que está perdiendo peso a pasos agigantados -en pocos meses se ha quedado sin tres importantes direcciones generales, los cargos profesionales de más prestigio- y Pedro Sánchez está considerado un dirigente menor, obligado a pactar con un partido populista de izquierdas suya sola mención provoca espanto. Con el agravante de que las propuestas e iniciativas que presenta Podemos no son rechazadas por Sánchez con el argumento de que son inviables. Es la razón última de que a Sánchez se le considere un dirigente menor, instrumentalizado por un partido al que no se atreve a hacerle frente.

Calviño ha confiado excesivamente en sus buenos contactos, y en no advertir que “los grandes” ya no lo eran tanto. Poco después de tomar posesión se refirió a los países del norte como “países de poco peso”. Pues hoy esos países han demostrado lo que valen convirtiendo en presidente del Eurogrupo al irlandés Paschal Donohue.

Es una pésima noticia para los españoles la derrota de Calviño, excepto para Pablo Iglesias. Los 140 mil millones que puede destinar a España la UE están condicionados a medidas muy duras económicas, fiscales, laborales y de pensiones, y si Calviño fuera la presidenta del Eurogrupo sería ella misma la que controlaría que se cumplieran esas exigencias y se convertiría en garantía porque Iglesias quedaría incapacitado para hacerle frente si a la vicepresidencia económica sumara la presidencia de los ministros de economía de la zona euro. Con su fracaso, las ententes nada cordiales que mantienen desde el principio Calviño e Iglesias podrán convertirse en un obstáculo para Bruselas deje fluir el dinero que en principio habían destinado a España, ya que solo llegaría si existe la seguridad de que iba a ser aplicado de la manera que exige Bruselas. Con Calviño, de forma muy gráfica, los “hombres de negro” que controlan que el dinero se utiliza para lo que se exige que sea utilizado, sería sustituido por una “mujer de negro” que se ocuparía personalmente de que se cumplieran los mandatos de la UE.

Que Calviño no haya sido elegida es un síntoma de que España está lejos de tener la siempre deseada influencia en la UE, y el futuro de nuestro país es más negro que antes de que los votos de los ministros de la eurozona fueran para el irlandés.