CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Prostitución de menores

Este gobierno está demostrando una escandalosa sensibilidad selectiva. Escandalosa porque utiliza toda la artillería pesada cuando la oposición se pasa de frenada o no estaba atenta a hechos delictivos que se producían delante de sus narices, pero en cambio se mantiene en silencio o considera irrelevantes asuntos de gravedad máxima. Asuntos odiosos, espeluznantes, horrendos. Y delictivos.

Lo último, los datos que están llegando sobre la falta de control que mantenía el Imas Balear, el Instituto de Asuntos Sociales, sobre los menores que tutela. Baleares cuenta con un gobierno de Psoe con uno de los partidos próximo a Podemos. Es quizá la razón de que el vicepresidente de Asuntos Sociales de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, no haya reaccionado con la obligada contundencia ante un situación que deja en tal mal lugar al ejecutivo presidido por Francine Armengol.

Todo empezó una noche de diciembre cuando una joven de 13 años, tutelada por el gobierno regional, denunció que había sufrido una agresión sexual grupal en la que algunos de los participantes eran también menores tutelados. Era la tercera vez que presentaba una denuncia. Fue el inicio de una investigación que demostró que jóvenes tutelados eran presionados por ejercer la prostitución y que acudían a locales en los que se les ponían en contactos con los clientes; situación que, según infinidad de testimonios, eran muy conocidos y que se pensaban que conocían también los responsables de centros del Imas.

Desde esa fecha, las informaciones han sido continuas, siempre con el mismo modelo: prostitución desde hace mucho tiempo, en algunos casos bajo amenazas, con menores como víctimas.

Escandalosa sensibilidad selectiva, insistimos en ello. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que dan lecciones permanentes de que hay que proteger a las víctimas sexuales agredidas por salvajes –porque son salvajes siempre- el caso Balear no les provoca tanta indignación pública como otros casos que también indignan pero que al menos no tienen un ingrediente añadido que hace que éste sea infinitamente más grave: se trata de víctimas tuteladas, y lo que ocurría en los centros tutelados era de dominio público. O al menos del dominio de cierto público.

Es inevitable pensar que la irrelevante respuesta gubernamental, que contrasta con la rabia comprensible que muestran ante otras situaciones está directamente relacionada con el hecho de que se produce con un gobierno de izquierda. Porque es incomprensible que desde el gobierno no alcen la voz hasta que sus gritos se escuchen a centenares de kilómetros de La Moncloa.

Lo que sucede en Baleares es muchísimo más grave que otras agresiones sexuales que han provocado la reacción de movimientos feministas de izquierda que ahora enmudecen, y también de dirigentes nacionales de Psoe y Podemos que hoy deben creer que violación y prostitución de menores no merecen tanta atención como asuntos que consideran de más enjundia. Como por ejemplo, promover iniciativas que les garanticen la continuidad en el gobierno. No hace falta recordar cuáles son esas iniciativas.