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Más atasco en los coles

Nacho Sáez
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La Policía Local alerta de que ha crecido el número de familias que emplea el vehículo particular para ir a los centros educativos.

Un agente de la Policía Local regula el tráfico, este pasado lunes, junto a la plaza de Colmenares, donde ha quedado prohibida la circulación de vehículos en las horas de entrada y salida de escolares. - Foto: Rosa Blanco

Patricia Peñas acaba de recoger a su hijo en las Concepcionistas y acelera el paso «porque he dejado el coche en línea amarilla y no dejo salir a otro». «Venimos todos con el tiempo justo y a veces no puedes aparcar bien», explica antes de que se les pierda de vista en dirección hacia la plaza de San Sebastián. Como ella, la mayoría siguen el consejo del colegio de acudir a la salida con tiempo suficiente, pero por momentos el caos está garantizado. Una mujer se salta con su vehículo los conos que coloca la Policía Local durante los minutos anteriores y posteriores a las dos del mediodía para que los coches ni siquiera puedan parar en las siete plazas de aparcamiento más cercanas al centro (de ocho de la mañana a cuatro de la tarde el estacionamiento en ellas está prohibido). Otro padre detiene el motor encima del paso de peatones mientras por detrás llega un autobús urbano y dos policías locales dan paso alternativo en los semáforos situados junto al palacio de la Diputación. Pero los agentes apenas pueden controlar los desmanes.

La muerte atropellada de una niña a la puerta de un colegio en Madrid ha vuelto a situar el foco sobre un problema que ha crecido en los últimos años de manera paralela al aumento de vehículos matriculados y al incremento de venta de viviendas en los municipios del alfoz. «Con la pandemia han subido los padres que llevan a sus hijos al colegio en el coche particular. Los Maristas, por ejemplo, han quitado los autobuses que tenía», añade el intendente jefe de la Policía Local de Segovia, Julio Rodríguez Fuentetaja, que de lunes a viernes ordena a todas sus secciones que aparquen durante unos minutos las funciones específicas que tienen encomendadas para regular las entradas y salidas de los colegios: «Y aun así no llegamos a todos».

La plantilla de la Policía Local no cuenta con efectivos suficientes para esta misión a pesar de que algunas patrullas se desdoblan y cada miembro acude a un centro. A sus responsables no les queda otra que «priorizar aquellos colegios que se encuentran junto a vías con más alta intensidad de tráfico o que tienen un número más elevado de alumnos». El caso de las Concepcionistas es singular. A muy pocos metros hay otro colegio – el Fray Juan de la Cruz– y todas las líneas de los autobuses urbanos salvo cuatro pasan por delante.

Afortunadamente la pandemia ha servido para que estos y el resto de colegios escalonen la llegada y la marcha de sus alumnos. En el Claret, que es otro de los más problemáticos en este sentido, los de Infantil y Primaria tienen unos horarios, y los de Secundaria, otros. Aun así los trastornos se siguen produciendo tanto en la avenida Padre Claret como en la calle Los Castillos, donde cuentan con otro acceso. «La accesibilidad en los momentos punta requiere especial atención porque confluye mucha gente en poco tiempo y porque estamos hablando de menores. Ahora es más complejo por los protocolos covid. Antes las familias podían acceder al patio», apunta su director, Juan José Raya.

En este centro, una empresa proyectó sin éxito la construcción de un complejo de pistas de pádel y también de un aparcamiento que iba a poder ser utilizado para las familias con el objetivo de descongestionar la zona. «No hemos renunciado a estudiar proyectos que ayuden a facilitar la accesibilidad al colegio. Ojalá pronto podamos decir algo. Mientras tanto, recomendamos a las familias que vengan andando o en transporte público, aunque ya se sabe que luego cada uno tiene sus circunstancias personales», señala Raya.

El intendente jefe de la Policía Local, Julio Rodríguez Fuentaja, asegura que los agentes tratan de evitar denunciar en los entornos de los colegios: «Lo que pasa es que si el conductor se marcha y el agente no le puede requerir que retire el coche, pues no hay más remedio». Estacionar en un carril de circulación es una falta grave que lleva aparejada una sanción de 200 euros, que es todavía mayor si el vehículo es retirado por la grúa. Rodríguez Fuentetaja desvela que en estos momentos se encuentran inmersos en el estudio de los centros con más problemas, que no se limitan solo a los colegios.

«En el Conservatorio de Música hay problemas por las tardes» asevera. También es conflictiva la calle Soldado Español por la presencia de los autobuses que transportan a los alumnos del Mariano Quintanilla y del Ezequiel González residentes en pueblos. En los tramos horarios necesarios la Policía Local corta el carril de circulación en sentido Acueducto en esta calle a pocos metros de Padre Claret. «Luego nosotros vigilamos que los autobuses no paren a mediodía media hora antes de lo que les toca porque acaben de terminar una ruta», abunda Rodríguez Fuentetaja.

En otra parte de la ciudad, el colegio Santa Eulalia pidió hace unos meses un vado para contar con más distancia de seguridad entre alumnos a la entrada y salida de las clases. Se lo denegó el Ayuntamiento, pero no tiene demasiados quebraderos de cabeza por el tráfico, según su director, Miguel García. Una de sus entradas está en una calle peatonal, la calle Los Escolares, la otra, en la calle Perucho, «que no tiene salida en uno de sus lados así que no hay mucho tráfico». No obstante, hasta ellos han tenido alguna queja. «Es que hay personas que meterían el coche hasta el vestíbulo del colegio», bromea García.

Para avanzar en la labor de concienciación sobre la necesidad de reducir el uso del vehículo, la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (Fedampa) Antonio Machado defiende la creación de caminos escolares seguros. El colegio Fray Juan de la Cruz diseñó uno desde la plaza del Azoguejo en 2017 para que «las familias de nuestro centro no tengan que acceder al casco antiguo, potenciar el uso de transporte público y fomentar la autonomía de los escolares para moverse por una ciudad segura y protectora de la infancia como es Segovia». «La preocupación por la seguridad vial y la contaminación es nacional», remarca la presidenta de la Fedampa Antonio Machado, Noelia del Barrio.

El director provincial de Educación, Diego del Pozo, se muestra en cambio tranquilo respecto a este asunto. «En estos meses de pandemia y anteriormente, la colaboración entre la Dirección Provincial y los diferentes ayuntamientos de la provincia que cuentan con policía local y en su defecto Guardia Civil ha sido total. Esta colaboración se extiende no sólo a la coordinación en las entradas y las salidas de los centros, sino también en la formación del alumnado en materias como la educación vial o la lucha contra el absentismo y la prevención de la drogodependencias. La gestión de esos momentos «punta» que son la entradas y salidas de los centros escolares es correcta. Puede haber zonas que por su localización son más complicadas de gestionar, pero cualquier incidencia que se hubiera producido tiene un carácter puntual y se corregirá con seguridad por parte de las autoridades municipales», concluye.