DE SIETE EN SIETE

Rafael Monje

Periodista


Más mentiras que verdades

Los últimos bandazos que ha protagonizado el Gobierno de Pedro Sánchez en poco menos de tres semanas, especialmente en lo referente a la deriva catalana y el ‘saludo-tropiezo-reunión’ del ministro José Luis Ábalos con la vicepresidenta del régimen chavista de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, en Barajas, dan para pensar y mucho en si la clase dirigente nos dice habitualmente la verdad o, por el contrario, nos miente con asiduidad. Como en cualquier sector o profesión, sería injusto medir por el mismo rasero al todo el mundo, pero últimamente hay suficiente materia como para colegir que, en el ámbito que nos ocupa, suele haber demasiadas verdades a medias, lo cual es la peor de las mentiras. Decía Gay Talese que, proporcionalmente, el periodismo es la profesión con menos mentirosos, más expuesto al implacable escrutinio general del público, y quizá el oficio del político entrañe excesivos riesgos entre lo dicho y lo hecho, entre lo que es verdad y lo que es mentira. Los episodios de las últimas semanas corroboran esa natural desvergüenza de la que hacen gala algunos representantes públicos, a quienes ni siquiera se les aprecia un mohín de oprobio en el rostro y, menos aún, un sonrojo ante los micrófonos y cámaras que, dicho sea de paso, les aportaría al menos un perfil más humano.

Pero, por suerte, la verdad suele acabar imperando por encima de una y cien mentiras. Nos hemos debido acostumbrar tanto a esa incólume figura del político mentiroso que hasta pareciera normal el perdón colectivo. Basta ver lo poco o nada que afecta esa notoria falta a la verdad en las citas electorales. A veces pienso que tanta indulgencia consciente es por simple comodidad, a no ser que la mentira nos seduzca mucho más que la propia verdad. Que de todo hay.

Hace poco escuché a una exdirigente política que, aprovechando ese cambio del Código Penal que ya se masculla, no estaría de más incluir la mentira en boca de un responsable público como nuevo delito. No sé si así remitiría tanta falsedad, pero no habrá que descartarlo tampoco. Mientras, ya saben, no se crean ni la mitad de lo que dice una amplia parte de la llamada clase dirigente.