LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Bola de fuego

27/11/2020

Si visitase a un reo en el corredor de la muerte, me temo que mis silencios serían épicos porque dudo que se me ocurriese algo inteligente que decir. El sentido de la oportunidad es un activo escaso en el uso de las palabras y ausente en las políticas de las democracias. 
Los últimos tres siglos de España no han sido gloriosos, pero si nos ponemos exquisitos tampoco es que Europa haya vivido grandes momentos si tenemos en cuenta su capacidad para llenar los cementerios. La Unión Europea parece decidida a desconectar definitivamente de la ciudadanía, optando por un elitismo displicente que le dice al súbdito lo que tiene que pensar y hacer. Su desprecio a la generación de riqueza es patológica.
Si los británicos pensaban que con el Brexit se librarían del mal, se equivocaron de pleno porque es la clase política profesional la que causa dicho declive. Evidentemente Tony Blair renovó el Partido Laborista y le convirtió en una máquina electoral imbatible, pero algunas de sus decisiones han debilitado la solidez de sus instituciones. La llegada de Gordon Brown confirmó la decadencia del partido. Mencionar a David Cameron sin insultarle, es un ejercicio de autocontrol meritorio. Su paso por la política fue la mayor desgracia acaecida a Gran Bretaña desde la segunda guerra mundial. Theresa May era un político con ideas y convicción pero con unos escrúpulos impropios para dicho cargo; más si militas en el partido Tory.
Y llegó Boris Johnson. Lo más habitual es criticar su defensa del Brexit y su deslealtad a Theresa May. El primer aspecto no es censurable porque es una postura legítima aunque discutible, mientras que lo segundo demuestra su falta de honor.
Es absurdo negar que Boris sea inteligente, divertido y le guste la vida; una cena con él debe de ser entretenida. Su mayor logro como primer ministro fue pillar el virus, ya que al principio quiso ir de sueco y acabó como un español más, gracias a un informe equivocado que estimaba una cifra descomunal de generosos votantes muertos. La improvisación y el poder son sus únicos principios, mientras que su ego es alimentado por el entorno.
Ha destituido a su asesor Dominic Cummings siguiendo los consejos de su pareja sentimental y parece decidido a superar a Cameron. Los partidos no son patrimonio del líder ya que éstos solo ejercen temporalmente el cargo. Las instituciones están por encima de las personas y las economías modernas no sobreviven al capricho dogmático.