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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


La batalla que viene (y que Feijóo pierde)

13/11/2022

Ni moción de censura ni echarse a la calle como hacen los médicos descontentos con la presidenta madrileña Díaz Ayuso: "Esto se arregla votando". Es el planteamiento de Alberto Núñez Feijóo ante la 'provocación' del Gobierno promoviendo ahora la supresión del delito de rebelión, transformándolo en otro de desórdenes callejeros (más o menos) agravados. Sí, puede que una convocatoria electoral ahora solucionase muchas tensiones y no pocas cosas; pero que el presidente del Partido Popular abandone toda esperanza: no existe indicio alguno de un adelanto en la disolución de las Cortes y la consiguiente convocatoria electoral avanzada.

¿Para qué iba a hacer eso Pedro Sánchez si su reforma del Código Penal tiene una holgada mayoría para salir adelante incluso antes de que se inicie ese 2023 que sí acabará, pero no empezará, con unas elecciones generales?¿Por qué habría de hacerlo si los Presupuestos también tienen casi garantizada la aprobación y aún le sobrarán al Ejecutivo veinte votos? ¿Quién podría aconsejar a Sánchez anticipar las elecciones cuando la oposición de la derecha parece haber entrado en una línea descendente y la 'oposición' -vamos a llamarlo así_ de la izquierda se está fragmentando hasta lo indecible? Claro, solamente Núñez Feijóo podría pedirlo, pero es la apuesta perdedora, salvo mayúsculas sorpresas, claro.

Y, sin embargo, personalmente, y al margen de los intereses de Feijóo, creo que una pasada por las urnas sería ahora conveniente. Para acabar con esta crispación insoportable entre las dos Españas. Para frenar el deterioro terrible de las instituciones, especialmente el poder judicial, que vive una transitoriedad peligrosa para la buena marcha de la democracia y un momento de peligroso enfrentamiento con el Ejecutivo, que, por cierto, controla por completo al Legislativo. Si Montesquieu levantara la cabeza...

Hay una cierta apropiación del Estado y de la Constitución desde el poder Ejecutivo. Y la oposición, que tampoco las tiene todas consigo, se muestra incapaz de frenar ese proceso. Las voces de los jueces permanecen calladas, rumiando su indignación ante la desautorización de todo lo actuado contra el 'procés'. Y muchos medios, ese líquido 'cuarto poder', hacen lo que pueden, remando a contracorriente, sin siquiera quejarse de las acusaciones de ese maléfico 'outsider' llamado Pablo Iglesias, que dice cosas tan querellables como que en el panorama mediático la corrupción "no es la excepción, sino la regla". Debería quizá demostrarlo ¿no? O atenerse a las consecuencias.

Sí, debería abrirse un proceso electoral -no esta larga precampaña de todos tratando de destruir a todos_ que nos salvase de la gran batalla que viene. Que no es, desde luego, parlamentaria: ¿para qué, señora Arrimadas, presentar una moción de censura contra Sánchez si este la tendría de antemano ganada y sería como ponerle una victoria en la mano? Tampoco veo una guerra de La Moncloa contra un poder judicial que vive en una interinidad y una indefinición que le debilitan tanto que ni siquiera ha salido en tromba a protestar contra la reforma de la sedición, una enorme polémica que estará del todo olvidada cuando se celebren los comicios municipales y autonómicos de mayo. Sánchez se asienta sobre una cómoda mayoría, al menos parlamentaria; en la calle, no sé. Y más cómoda ahora que ha dado a Junqueras y a Pere Aragonès, el president de la Generalitat, gran parte de lo que pedían.

Ante la gran batalla, que es la de las dos Españas, en este cuarto de hora, Sánchez gana; Feijóo, que ni siquiera puede hablar ante el Congreso, pierde. Los españoles, me parece, también, aunque quizá no por los mismos motivos.