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«Mi padre murió esperando meses a que le atendieran»

Sergio Arribas
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Juan Fernando Carrascal, ingeniero de los jardines de La Granja, esperó cuatro meses en su casa a que le citaran para una gastroscopia. Al final acudió a Urgencias. Era un cáncer avanzado. Falleció dos meses después, sin un tratamiento.

Juan Fernando Carrascal, junto a su esposa, en el balcón de su casa de La Granja. - Foto: Foto cedida por Daniel Carrascal.

Era desesperación, impotencia, abandono, indignación y una profunda preocupación. Eran las sensaciones que tenía Daniel Carrascal al comprobar el brusco«bajón» físico que había experimentado su padre Juan Fernando Carrascal, que permanecía en casa desde hace meses a la espera de tratamiento. Su padre, ingeniero jefe de los jardines de La Granja, Riofrío y los Reales Patronatos, fallecería una semana después, el 27 de junio de 2020, a la edad de 60 años; con la sensación de su esposa y sus dos hijos de que a Juan Fernando «le dejaron morir, sin darle la oportunidad», pese a que «él quería vivir y tenía muchas ganas de luchar, sin importarle los efectos secundarios» de un tratamiento que, por desgracia, nunca llegó.

«Confías en que están pendiente de ti, pero al final eres un número de la Seguridad Social más», afirma Daniel, que considera que la pandemia de la COVID «no puede servir como excusa» para justificar el cúmulo de demoras inexplicables que impidieron detectar a tiempo el cáncer que acabó con la vida de su padre. 

En diciembre de 2019, Juan Fernando Carrascal, una persona muy querida en el Real Sitio, donde desembarcó en los 90 como funcionario de Patrimonio Nacional, acudió al centro de salud por unos problemas estomacales, donde le recetaron un protector de estómago. «No pasó bien las navidades, le sentaba mal la comida y fue otra vez pasadas las fiestas, en el mes de enero. Entonces le dijeron que le harían una gastroscopia en el Hospital General», recuerda su hijo.

«Mi padre murió esperando meses a que le atendieran»«Mi padre murió esperando meses a que le atendieran»

Esperando la cita para someterse a la prueba diagnóstica, sobrevino la pandemia y el confinamiento domiciliario. En casa Juan Fernando comenzó a perder peso, aunque «por miedo a la COVID no se atrevía a ir a un Hospital que estaba saturado». Ante el galopante empeoramiento, su familia le llevó, el 1 de mayo, a Urgencias del Hospital General, donde le hicieron diversas pruebas, un TAC y una radiografía de pecho, que detectó un tumor en el pulmón. «El mismo preguntó la gravedad, quería saber la verdad. Le dijeron que no era operable, pero que había solución, un tratamiento», recuerda su hijo.

Para conocer el tratamiento, era preceptiva «una prueba en los ganglios» para saber si el tumor se había originado en el pulmón o en otro órgano; una muestra que también tendría que ser analizada en otro hospital, en Salamanca. «Tardaron más de un mes y medio para saber qué tratamiento le iban a dar» ante un cáncer ya muy avanzado; tiempo en el que Juan Fernando siguió esperando en casa. Acudió a una primera cita de quimioterapia, aunque no pudo recibir la fuerte medicación porque así lo desaconsejó un análisis de sangre y le volvieron a mandar a casa, que solo abandonó para volver a acudir a Urgencias e ingresar en el Hospital, donde fallecería.

«Mi padre se murió esperando meses que le atendieran, un tratamiento, nunca recibió medicación y mi sensación es que le dejaron morir (…) se tiró dos meses esperando a una gastroscopia que nunca le hicieron y, desde que le diagnosticaron el cáncer, en la primera semana de mayo, nunca recibió medicación ni nadie fue a casa a verle», afirma Daniel, que conoce «otros casos» de pacientes con cáncer «y no tardan tanto en recetar o dar un tratamiento».

«Mi padre murió esperando meses a que le atendieran»«Mi padre murió esperando meses a que le atendieran»

El hijo de Juan Fernando, ingeniero como lo era su padre, sostiene que «tampoco sabemos si se podía haber hecho algo más por él» y, si por ejemplo, con un diagnóstico «a tiempo» la familia hubiera podido acudir a otro Hospital, quizá en la sanidad privada, «para pedir una segunda opinión». «Pensaba que la Sanidad en Madrid estaba mal, pero es que en Castilla y León estamos mucho peor. Allí, por ejemplo, los consultorios locales tienen ecógrafos y otras máquinas y aquí para una simple ecografía te tienen que mandar al Hospital de Segovia y esperar meses a que te la hagan».

Nacido en Huelva, Juan Fernando Carrascal desembarcó hace 30 años en el Real Sitio procedente de Madrid. «Era una bellísima persona, muy implicado en actividades sociales y culturales de la Granja y un gran aficionado al fútbol como madridista», recuerda uno de sus amigos. Como ingeniero de Patrimonio Nacional, trabajó desde los años 90, en la recuperación de los jardines de La Granja, con la premisa, bajo el rigor histórico, técnico y paisajístico, de descubrir al gran público la esencia y esplendor que tuvieron en origen. Así participó en todo el proceso de recuperación de los bosquetes de la fachada principal del Palacio de La Granja o de parterres de fuentes emblemáticas.