DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Otros fraudes

El alcalde de Valladolid, el socialista Oscar Puente, emula con reiteración a quien ocupara su cargo con anterioridad en representación del PP, León de la Riva. Ambos coinciden en utilizar la estratagema de atacar a León gratuitamente, con la sospechosa pretensión de reforzar su imagen ante los parroquianos. Lo que el primero seguramente no esperaba es que la réplica más severa llegara de un compañero de partido y no de la UPL.
Puente, entre otras reivindicaciones, reclamó la capitalidad de la comunidad para Valladolid (algo que nadie niega de facto) y pidió concentrar en su ciudad la mayoría de las inversiones públicas como solución para mitigar la pérdida global de población en todo el territorio autonómico. El alcalde de León, el también socialista José Antonio Díez, llamó a su homónimo de Valladolid «egoísta, oportunista y provocador». Y ya instalado en el dislate, el regidor leonés pidió un referéndum de segregación regional. Algunos parecen confundir el reparto equilibrado de la riqueza y de las oportunidades, necesario y justo, con el crecimiento de la maraña de políticos a sueldo, cargos, carguines y mamandurrias.
En esas estaban ambos regidores, buscando ser jaleados por los suyos y algún despistado, cuando hace su aparición alguien que no había sido invitado a la fiesta. El concejal de Valladolid por el PP, José Antonio de Santiago Juárez, emula al primo de Zumosol y ofrece su verbo, si no su brazo, para defender al alcalde del partido rival. Presentó una propuesta en el Consistorio de Valladolid de reprobación del alcalde de León. Artero ardid, sin duda. Debió pensar que con una sola patada podía llegar al trasero de los dos alcaldes rivales. Pero Puente le replicó que sabía defenderse solo. Y lo hizo, porque poco después, en el papel de portavoz federal del PSOE, le comunicó a Diez que el partido de ambos ni se plantea tamaño despropósito de referéndum.
Siempre es igual. Todo ha quedado en nada. Ninguno se ha creído que el tiempo gastado lo haya sido por el bien de la ciudad a la que han jurado servir. Acaso tampoco se sientan culpables del fraude que estas actitudes representan.