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Las cuentas de la lechera no salen

A.M.
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Miguel y Diego, ganaderos en Otones de Benjumea y Muñoveros, relatan cómo intentan sortear el encarecimiento sin freno de precios en alimentación animal y energía

Miguel Martín Sacristán cuidando el ganado en una de sus naves, en Otones de Benjumea. - Foto: ROSA BLANCO

AMiguel Martín Sacristán, un empleado de banca que, hace ocho años, decidió dejarlo y regresar al campo tras la jubilación de su padre, no le salen las cuentas en la explotación de vacuno de carne con que cuenta en Otones de Benjumea en la que ceban en torno a los 300 terneros al año. Echa cuentas: si el pienso ha subido un 50% y le supone unos 300 euros más por cada ternero y, además, por animal que entra para engorde le cobran 150 euros más, lo que suman un suplemento de 450 euros que tiene que adelantar ahora sin saber qué le van a pagar cuando salgan al matadero, dentro de ocho meses.  

De hecho tenía previsto ampliar la explotación pero en los tiempos que corren le puede la prudencia «porque nadie nos garantiza la rentabilidad y hay que continuar con lo que tenemos y esperar a que vengan mejor tiempos», admite en declaraciones a este periódico.

Los terneros entran con 230-240 kilos y salen al matadero en torno a los 620-650. La inestabilidad que vive el sector la sigue explicando Martín Sacristán en cifras: «Por un kilo de carne de vacuno pagan sobre los cinco euros y el coste de producción ronda lo mismo, por lo que estamos trabajando para salvar gastos y nada más, a día de hoy, pero el pienso sube cada mes, entonces puede que el ternero que metemos hoy lleve más gastos aún que los actuales, es la incertidumbre que tiene el vacuno de carne, no sabemos cuando va a parar de subir el pienso, no podemos repercutirlo, el precio nos viene dado por lonja y hay que acomodarse a él (...) ahora mismo los ganaderos corremos con unos gastos muy altos y desconocemos si nos reportará una rentabilidad o vamos a llegar a trabajar a pérdidas». 

Su conclusión es que «el horizonte es muy complicado, el sector del vacuno es muy inestable, aunque queremos verlo con optimismo porque si venimos a trabajar cabreados, mal vamos, hay que ir al día a día, tengo compañeros ganaderos de Turégano que han vaciado las explotaciones porque el horizonte que se ve con terneros y piensos muy caros te lleva a pérdidas, si la venta está normal, mucha gente prefiere decir que se queda en casa y aguanta sin seguir renovando cuando sacrificamos».

Solo el pienso ha subido un 50%, desde finales de 2020, ahora más con la influencia de la invasión de Ucrania por Rusia, pasando de unos 240 euros tonelada a cerca de 400. También le repercute el precio de la energía, tanto del gasoil para maquinaria, incluida la que emplea en las tierras, unos 3.000 litros cada mes y medio,  como la electricidad.  

Sin embargo, Miguel Martín sigue apostando por la continuidad, aunque puede que reduzca la producción y si vende 50 animales, solo reponga 45 en las naves, y sin conocer lo que va a pasar el día de mañana: «Al final, los costes repercuten en que los alimentos van a costar más, estamos con una inflación muy alta y lo va a pagar el consumidor final».

La situación se arrastra desde el inicio de la pandemia, hace dos años, con pérdidas, debido al cierre de la hostelería aparte de que, a su juicio,  «la carne de vacuno es más cara y en épocas de crisis siempre nos va mal porque la gente consume otras carnes más económicas, ahora tenemos estos precios porque muchos ganaderos han dejado de cebar, entonces no hay existencias para suministrar todo lo que hace falta, por eso está caro, no porque aumente el consumo sino porque se está produciendo menos, también en Europa», matiza este ganadero.

La exportación, tanto a países europeos como árabes y del magreb se sitúa entre un 15 y un 20% pero Martín sostiene que hay que apostar por el mercado nacional: «Hacemos muy buena carne y queremos que se quede aquí, lo que sale fuera nos quita el excedente que pueda haber en un momento en que no haya consumo suficiente para mantener los precios».

Como elemento negativo para el sector también alude a las declaraciones sobre la calidad de la carne de animales criados en 'macrogranjas' realizadas por el ministro de Consumo, Alberto Garzón. Para Miguel Martín, «las posiciones políticas no han favorecido cuando hablan sin saber de cómo se trata a un animal, aquí se trabaja de lunes a domingo, no hay descanso, nos ha afectado porque somos intensivos, los animales están estabulados en las naves, pero aquí comen y se tumban cuando quieren, cada nave tiene 600 metros cuadrados,  unos seis por animal,  cuando la ley pide tres».  Además, quien también pertenece a Asaja, está integrado en Incova y pasa auditorías para poder suministrar carne a las grandes superficies, donde también se exige bienestar animal.   

Con ocho personas trabajando en una empresa familiar en Muñoveros que gestiona tres explotaciones de porcino, dos de ciclo cerrado, de 350-400 madres cada una, y otra de cebo de 2.500 plazas, su representante, Diego Hernaz, reconoce que su sector no atraviesa por los mejores momentos, máxime desde que las autoridades chinas frenaron las importaciones, el  verano pasado. 

Diego Hernanz, tirando también de datos, argumenta a EL DÍA que producir un cerdo de cebo, de unos 105-110 kilos,  antes de la crisis oscilaba alrededor de1,10 euros por kilo, pasando ahora a 1,40-1,45 euros, cotizando en lonja alrededor de 1,50-1,55 euros, lo que le coloca en una situación «muy complicada». 

 Reconociendo que las cotizaciones van al alza, Hernanz matiza que «el problema es que los costes de producción, por muy buena gestión que se haga de las explotaciones han subido un 40%, prácticamente están empatados los gastos con la facturación positiva; llevamos perdiendo dinero desde el mes de septiembre, tirando de los ahorros que hemos conseguido anteriormente, ahora vamos a pérdidas, esperemos que con la subida de la lonja podamos compensar».  

En pandemia la situación fue mejor, no solo porque estaba abierto el mercado chino, sino porque la factura energética no era tan alta, como tampoco los piensos. 

La actividad actualmente viene lastrada, de acuerdo con el ganadero y agricultor, por el problema del encarecimiento de las energías, al haber aumentado casi un 100%, tanto la luz como el combustible, además de que las materias primas cuestan el doble y, a mayores, la huelga de transportistas le ha afectado por desabastecimiento de piensos y  por ralentizar el traslado  de animales a matadero. 

Aunque una de sus explotaciones cuenta con placas solares y en las otras tiene pendiente llevar a cabo un proyecto para intentar reducir y hacer más limpia la energía, los animales necesitan calor nada más nacer y también en la fase de 8 a 20 kilos.  

El gasto en combustible viene derivado de la gestión de los purines, tanto para abono de sus tierras como para el traslado a la planta de cogeneración de Turégano.