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La cumbre de la marmota

A. Larena (EFE)
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La COP26 se convierte en la del «bla, bla, bla» que anticipó Greta Thunberg, al repetir iguales rutinas que en las negociaciones de años anteriores, con un pacto in extremis y casi sin avances

La cumbre de la marmota - Foto: EMILY MACINNES/GREENPEACE

La COP26 ha finalizado este fin de semana sin sorpresas, fiel al guion de lo que se esperaba antes de su apertura. No hay grandes acuerdos y sí tímidos avances y promesas de los países ricos respecto a la eliminación de los combustibles fósiles para tratar de evitar que la temperatura media de la Tierra aumente más de 1,5 grados.

Más que nunca, para muchos delegados ha sido «la cumbre del bla, bla, bla», como anticipó Greta Thunberg. De poco ha servido la presencia de importantes líderes del mundo en su arranque para impulsar metas más ambiciosas.

Como en el filme Atrapado en el tiempo de 1993, los países están condenados a repetir, COP tras COP -y ya van 26-, el «día de la marmota climática». Año tras año se producen las mismas rutinas en las negociaciones, para en las últimas horas, escenificar, quizá para justificar la intensidad de los trabajos, una prórroga in extremis. 

Pero, a diferencia de la película, los negociadores no tienen todo el tiempo del mundo, y se vislumbran diversas velocidades en la voluntad de descarbonizar la economía en 2050, eliminando gradualmente los combustibles fósiles. Como ejemplo, la India introdujo una enmienda sorpresa en el último plenario que pasa de la «eliminación progresiva» del carbón a una «reducción progresiva», lo que retrasa su final.

Glasgow no ha sido diferente a otras COP. Han sido 13 días de trabajo y ha pasado lo que les ocurre a los malos estudiantes. Lo que no se ha conseguido durante el curso, es decir, durante los dos años desde la COP25 de Madrid (uno más de lo habitual por la pandemia), era difícil que se lograse en dos semanas o en las horas de prórroga.

Los intereses económicos y geoestratégicos parece que pesan más que el clamor ciudadano y la urgencia de actuar, pese a las advertencias de la comunidad científica.

Y aunque los países ricos empiezan a concretar la hoja de ruta para poner fin a la era de los combustibles fósiles, lo cierto es que estos aún siguen moviendo la economía.

¿Fracaso?, ¿éxito? Ni decepción como en Copenhague 2009 (COP15), ni euforia como en París 2015 (COP21). Glasgow no pasará a la historia como el punto de inflexión ante la crisis frente a la emergencia climática, pero sí se han logrado avances. Entre los puntos más positivos está el regreso a la negociación de los EEUU, el mayor emisor per cápita de CO2, y su acuerdo con China (el mayor emisor en términos absolutos) para trabajar conjuntamente para atajar el problema.

No obstante, se revelan como insuficientes los tímidos avances en los temas de financiación o sobre el aumento de la ambición climática.

Finalizada Glasgow la esperanza se traslada a la próxima COP27 en Sharm el-Sheikh (Egipto). El trabajo arranca ahora y en apenas 12 meses los negociadores volverán a reunirse. El camino es largo, los pasos firmes pero pequeños. Y el tiempo se agota.