TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La flor y la fe

29/10/2020

Es imposible disociar la flor de la fe y la fe de la flor. Tal vez sean la misma cosa. Una tonelada de suerte y el tesón de quien la busca, la misma idea con dos planteamientos: ¿Alguien la persigue porque sabe que existe… o primero existe y ese 'alguien' siempre se la encuentra? Dejemos la filosofía barata de olor a incienso y sándalo para otros: estas cosas suceden porque es el Real Madrid. Y punto. A estas alturas, 13 Copas de Europa después y un montón de 'casualidades' y 'qué suertes' después, habremos aprendido ya que no es algo puntual sino un patrón de vida, ¿verdad? Si un día el equipo va perdiendo por 3-0 en el minuto 90 y Ramos marca de cabeza en el 91, se generará un ambiente propicio para que suceda lo insospechado. Por ejemplo, que el Zidane de turno ejecute un cambio a la desesperada, retire al portero del campo y salga Sergio Llull y clave un triple y por un vacío legal en el reglamento, un fallo en el VAR que no ve la mano y el despiste generalizado del equipo rival, que defendía la portería y no la canasta ubicada en uno de los vomitorios, el partido termine con 3-4 en el electrónico. Protestaría el adversario, protestaría Buffon, protestaría Koeman, se reirían Piqué y Lineker en las redes sociales, protestaría todo hijo de vecina y el 'antimadridismo' militante, escamado y siempre con heridas abiertas, golpearía la mesa hasta magullarse los nudillos (una vez más). Pero al final de la 'injusticia', quedaría para siempre otra victoria blanca.

Cuando le cuestionan al madridista por el estilo, cuando le echan en cara que lo mismo fichan un Pellegrini que un Mourinho, un Lopetegui que un Ancelotti, un Benítez que un Zidane, tiene la respuesta estudiadísima: «Prefiero jugar bien. Pero, sobre todo, ganar. Como sea». O empatar en el 88 y el 93 cuando el equipo estaba muerto y el 'Gladbach había perdonado la sentencia. La fe. Y la flor, claro.