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Aurelio Martín

LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Cuestión de estética

23/05/2022

La forma en que se produce el regreso a España del Rey Emérito no parece la más apropiada para quien ha ostentado la más alta responsabilidad del Estado en unos tiempos difíciles de transición, intentos de levantamientos militares y años de plomo terrorista que le hicieron contar con una alta valoración y respeto de los ciudadanos que, incluso, sufren ahora con estas situaciones, aunque hayan quedado fuera del ámbito de la justicia y se haya llevado a cabo regulaciones con la Agencia Tributaria.
Don Juan Carlos alcanzó una gran popularidad y respaldo, a pesar de que en los mentideros se rumoreara la existencia de determinados comportamientos irregulares para una persona pública que representaba al país y constitucionalmente gozaba de inmunidad. Hasta quienes defendían la opción republicana, recordando el origen de la Monarquía, heredada del régimen dictatorial, encontraron un baluarte en favor del entendimiento entre españoles, muchos aún marcados por los recuerdos de una guerra civil. 
El escándalo económico, también otros que pertenecen más al ámbito de lo personal, que ha marcado después a don Juan Carlos, que abdicó el 19 de junio de 2014 en favor de Felipe VI, no solo le ha afectado personalmente, sino también a la Institución y a su propio hijo, que para protegerla ha tenido que levantar un muro igualmente doloroso en lo afectivo, pero inevitable. 
Pero después de lo ocurrido, el regreso a su país no lo ha sabido administrar de forma coherente para sus conciudadanos, muchos deseosos incluso de volver a verle pisar tierra española, pero también de escuchar unas palabras de disculpa y explicación. En 2012, pidió perdón por su viaje de caza en Botsuana, donde se fracturó la cadera, asegurando que se había equivocado y que no volvería a ocurrir. Ahora no ha enviado ni siquiera un mensaje, solo se conoce que lo primero que hará será participar en unas regatas en Sanxenxo (Pontevedra), como si todo siguiese igual. Se ha roto la estética. 
La política no ha dejado pasar la situación para analizarla desde diversas ópticas, hasta el desacierto del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, de encender el ventilador y acusar a los partidos que han vertido críticas de querer acabar con la Monarquía. No es el mejor favor que puede hacer en este momento a la Corona, cuando los partidos mayoritarios han dado muestras de no poner el sistema en duda.