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50 años desde la cumbre de Estocolmo

José Luis de la Cruz Leiva*
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50 años desde la cumbre de Estocolmo - Foto: Eugenio Gutiérrez

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo del 5 al 16 de junio de 1972, fue la primera conferencia mundial sobre medio ambiente. Asistieron a ella representantes de 113 países. Estocolmo 1972 marcó sin duda el inicio de la incorporación de la protección del medio ambiente y el desarrollo de la gobernanza ambiental. Por primera vez se plasmó en un documento de alcance global la necesidad de conservar el medio ambiente como elemento fundamental para mantener el bienestar humano y el desarrollo económico.

Si bien desde 1970 hemos conseguido que el PIB mundial haya aumentado de 18 billones de dólares a 84,62 billones en 2020, este crecimiento ha sido a expensas de triplicar la extracción mundial de materias primas, pasando de 32,6 mil millones de toneladas en 1970 a 96,4 mil millones en 2019, dejando claro que el aumento de la riqueza se ha producido a un elevado coste ambiental, agudizando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas. Y además con grandes desigualdades.

Actualmente, los informes del Foro Económico Mundial se hacen eco de esta realidad, hasta el punto de que en su estudio de 2022 contempla el fracaso en la acción en materia de cambio climático como el principal riesgo para la economía mundial en los próximos 10 años. La pérdida de biodiversidad y el daño ambiental provocado por la acción del hombre también figuran entre los 10 riesgos más graves.

Hoy más que nunca sabemos que es necesario activar, tanto en grandes como en pequeñas empresas, medidas para fomentar el ahorro y la eficiencia energética y de los recursos hídricos, integrar los principios de la economía circular y de protección de los ecosistemas y la biodiversidad. En definitiva, desarrollar estrategias empresariales de adaptación a la nueva realidad climática, en un nuevo sistema productivo. 

Sabemos que el modelo energético y de movilidad no puede ser el de 1972, y que en especial estos dos sectores han de evolucionar hacia un modelo sostenible. Pero no debemos olvidar que son intensivos en empleo y su transformación afectará al trabajo de muchos profesionales, haciendo preciso otorgar alternativas reales y con la anticipación suficiente para que las empresas y las personas trabajadoras que ya se están viendo afectadas se puedan adaptar. 

Con este objetivo de generar empresas y empleos resilientes desde la UE y España, se ha activado un paquete de inversión pública como nunca antes se había hecho. Y aunque hayamos tardado 50 años en darnos cuenta, a día de hoy existe no solo consenso, sino también un plan de acción para transformar la economía y la sociedad, española y europea, y situarlas en una senda sostenible que genere el bienestar y la riqueza que pedía la Cumbre de Estocolmo hace medio siglo.

*Director de Sostenibilidad de la Fundación Alternativas