Los coles segovianos miran a septiembre

Nacho Sáez
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Descartada prácticamente la vuelta a las aulas antes de las vacaciones, los centros educativos comienzan a imaginar el próximo curso aunque de momento reina la incertidumbre y hay pocas certezas.

El codirector de la Cooperativa Alcázar, Óscar Muñoz, teletrabajando esta semana en una de las aulas del centro. - Foto: DS

Los colegios e institutos abrieron este pasado lunes el proceso de admisión de nuevos alumnos para el curso 2020/2021, que arranca con la obligación de presentar las solicitudes de manera telemática y nadie sabe cómo continuará en septiembre cuando se inicien las clases. ¿Se mantendrá la enseñanza ‘online? ¿Se implantará un modelo mixto? ¿Se retomará la asistencia presencial para todos? No se sabe a día de hoy. Lo único que se conoce, al menos en el caso de Castilla y León, es que la Junta ha descartado prácticamente la vuelta a las aulas este curso. El Gobierno lo planteó para los niños de 0 a 6 años y los que finalizan ciclo educativo (cuarto de la ESO, segundo de Bachillerato, segundo de Formación Profesional media y superior y último curso de enseñanzas de régimen especial), pero la consejera de Educación, Rocío Lucas, no lo ve «factible» y solo contempla la celebración de la EBAU y de programas de refuerzo pero ya en julio. 

Por si acaso, el Ministerio ha dado algunas instrucciones de cómo deben regresar los alumnos. Un documento que incluye una serie de pautas a adoptar tanto en el trabajo del profesorado como en la organización de las mesas o el transporte escolar a partir de las recomendaciones generales que ya ha empezado a interiorizar el conjunto de la sociedad, como el uso de mascarillas, mantener una distancia de seguridad de dos metros o que las familias tomen a diario la temperatura a sus hijos.

En medio de este panorama de incertidumbre, los centros educativos ya se comienzan a imaginar cómo será el futuro mientras no haya una vacuna o un tratamiento eficaz contra el coronavirus. La directora del Instituto de Enseñanza Secundaria Catalina de Lancaster, Isabel García, reconoce el mar de dudas en el que viven, pero se atreve a anticipar algunos de los posibles escenarios. «Si se da continuidad a la idea de que asistan solo la mitad de los alumnos, a lo mejor se podría instalar una videocámara en cada aula para que el resto pudiesen seguir las clases desde casa», señala, aunque no es ajena a las dificultades que plantea en todos los ámbitos: brecha digital, conciliación laboral y familiar... «Quizás sea en lo que están pensando ante la falta de espacio en los centros –que ya están muy llenos– o para no aumentar la plantilla de profesores, a pesar de que ahora mismo la carga de trabajo ya es muy alta. De todas formas, esto sería posible con niños a partir de 15 años o así. Con los de Primaria lo veo inviable», indica.

Clase vacía en el colegio Maristas.Clase vacía en el colegio Maristas. - Foto: DS

Esta docente asegura que «le he dado muchas vueltas en estas semanas» y los interrogantes se acumulan: «Habría que extremar las medidas de limpieza y, en un quirófano es normal que se desinfecte todo después de cada operación, pero en un colegio es más difícil. Igual que supongo que sería necesario que nos hicieran test a todos los profesores, porque somos población de riesgo dada la capacidad de contagio que parece que tienen los niños». Pero al margen de estas cuestiones sanitarias, hace hincapié en cuestiones relevantes desde el punto de vista educativo. «La escuela no es solo aprender, también es socializar. Por eso es importante que un niño esté escolarizado hasta los 16 años. Está claro que tenemos que ensayar cosas nuevas y que lo viejo ya no vale, pero el niño que ya tiene amigos podrá mantenerlos pero el que los vaya a hacer nuevos puede ser peligroso por Internet», concluye.

Esta ausencia de certezas es común en todos los educadores consultados por El Día de Segovia. «Sabemos lo que cuentan los medios  de comunicación», apunta el codirector de la Cooperativa Alcázar, Óscar Muñoz, que ve dificultades en las medidas que se han comenzado a esbozar. «Se habla de potenciar la utilización de espacios al aire libre, pero ya sabemos la climatología que tenemos en Segovia», ejemplifica. Pero hay muchos más inconvenientes: «La educación presencial no se sustituye con nada, sobre todo en las etapas iniciales. Cada niño tiene unas necesidades y muchos requieren refuerzo y adaptaciones. Ahora los hay que estamos encima de ellos constantemente y aun así nos quedamos cortos. Cómo coger el lápiz o hacer el trazo en la caligrafía son cosas muy difíciles de enseñar a través de un ordenador. Aparte está la carga de trabajo que supone para las familias, incluso a nivel mental. A todos nos dan las tantas de la tarde y ya no distinguimos entre días laborales y fines de semana».

Como centro concertado, la Cooperativa Alcázar quizás se tenga que enfrentar a unos gastos extra con los que hasta ahora no contaba. «Desconocemos lo que se nos va a exigir, pero si tenemos que tener mascarillas, geles hidroalcohólicos, guantes y demás, el montante económico puede ser muy importante», avisa Muñoz. Una situación similar a la que se enfrentaría el colegio Maristas, también concertado y también expectante. «No tenemos ninguna instrucción, no hay nada concretado», concede su director, José Luis Marijuán, que se muestra escéptico respecto a ese modelo mixto (presencial y ‘online’) que avanzó la ministra de Educación, Isabel Celaá: «Eso es complicadísimo. Sin ir más lejos, los profesores que tengan hijos y les toque dar clases mientras sus hijos estudian telemáticamente, ¿cómo lo van a hacer?  Estamos teniendo un muy buen seguimiento de los alumnos y el profesorado ha dado señales de tener capacidad de respuesta, pero hay dificultades».

IES Catalina de Lancaster, en Santa María la Real de Nieva.IES Catalina de Lancaster, en Santa María la Real de Nieva. - Foto: DS

La falta de espacio que ya padecen los centros constituye otro de los principales quebraderos de cabeza, tal y como admite el director del Colegio de Educación Infantil y Primaria Nueva Segovia, Enrique García, «aunque en nuestro caso la ratio de alumnos por clase no es demasiado alta y podríamos hacer desdobles». «Habrá que extremar las medidas de seguridad y tendremos que modificar parte de la organización de entradas y salidas del centro, puertas de acceso, evitar concentraciones de alumnos...», anuncia respecto a un hipotético regreso de los alumnos a las aulas. De momento destaca que «no nos pillaría de nuevas». «Creo que hemos dado una respuesta rápida y eficaz a la situación y que la comunicación ha sido sencilla con las familias, excepto con algunas que nos hemos esforzado por encontrarlas. Para el curso que viene quizás sería bueno que toda la comunidad hiciésemos uso del correo electrónico que pone a nuestra disposición la Junta de Castilla y León», asevera García a través del teléfono.

Para Elena Domínguez, jefa de Estudios de Formación Profesional del instituto Ezequiel González, una de las claves de la adaptación «quizás sea modificar la ratio de alumnos por aula». «De momento no se ha dicho nada de que tengamos que tener aulas grandísimas», subraya. También en su caso hay muchas incógnitas y pocas certezas, aunque considera que «hemos aprendido una lección tremenda». «Que la educación tiene que cambiar, que no puede consistir en que los chicos vengan, se sienten y al terminar la mañana se vayan a casa. Nos tenemos que adentrar más en las aplicaciones telemáticas y en los trabajos de investigación. A veces no vivimos en el mundo real», argumenta.

Respecto al final de este curso, pone el acento en que «la última instrucción dice que hay que unificar criterios para la evaluación y no perjudicar a los más vulnerables». «La idea es que se hagan pruebas especiales no presenciales y que repetir curso y no promocionar sea una excepcionalidad», concluye.

Uno de los laboratorios del IES Ezequiel González.Uno de los laboratorios del IES Ezequiel González. - Foto: DS