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Con la mochila a 4.000 kilómetros

Sandra Segovia
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Nikita y Diana son dos de los 60 menores que ya han sido escolarizados en la provincia de Segovia tras su huida de Ucrania por el miedo a que el ejército ruso derribara la estación de tren de Kyiv, el único medio para salir de la capital

Con la mochila a 4.000 kilómetros - Foto: Rosa Blanco

Nikita, de once años, y Diana, de ocho, son dos de los pequeños ucranianos que han llegado a Segovia con sus madres huyendo de su paístras la invasión rusa. Ellos decidieron salir de Ucrania por el miedo a que el ejército del Kremlin derribara la estación de tren y quedaran atrapados en Kyiv. «Los bombardeos se escuchaban muy cerca y teníamos miedo de que si atacaban la estación, no pudiéramos salir nunca», explica la madre de Nikita, Svitlana. 

Ahora, están a salvo. Pero lejos de su hogar. Svitlana y Oksana, cuñadas, coinciden en que en el supuesto de que mañana acabara la guerra, mañana volverían a su país. Pero, por el momento, no creen que eso vaya a suceder. 

Su vida ha cambiado por completo ya que actualmente se encuentran en un país que no conocen, con un idioma también desconocido. A pesar de todo esto, están muy agradecidas por la generosidad con la que las han recibido en Segovia. Ambas viven juntas en el barrio de La Albuera, en un piso cedido por un particular al que agradecen con todo su corazón que las haya prestado su casa de manera desinteresada por un tiempo indefinido. 

Nikita y Diana ya están escolarizados en el CEIP Eresma, y ellos son unos de los 60 menores que también están matriculados en centros de la provincia, según los últimos datos ofrecidos por el portavoz de la Junta de Castilla y León y consejero en funciones de Economía y Hacienda, Carlos Fernández Carriedo. Nikita y Diana parece que, por el momento, se han adaptado bien y comienzan a ir andando solos al colegio, que les pilla cerca de su casa. Además, desde el centro les han regalado el material escolar, y Svitlana asegura que «ha sido una bienvenida muy cálida». La hermana de Nikita, Alina, de 17 años, también va ya al instituto IES María Moliner. 

Por las tardes, Nikita se ha apuntado a un equipo de fútbol de la ciudad. Mientras, su madre y su tía se juntan con otras familias ucranianas para colocar la ropa que los vecinos han donado, empaquetarla y prepararla para su envío a Ucrania en las naves cedidas para la recogida de donativos. Además, varios días a la semana acuden a clases de castellano impartidas en ACCEM. Atrás han dejado a sus respectivos maridos, quienes no son militares pero están en la defensa de Kyiv; y a la madre de Svitlana, quien no huyó de Chernóbil, una ciudad en la que llevan un tiempo sin luz ni comida. Ellas decidieron tomar la decisión de marcharse rápidamente porque el ejército ruso atacaba constantemente la capital ucraniana. «Las bombas caían muy cerca de la estación de tren, y era la única salida. Teníamos miedo de que se derrumbara y no poder salir nunca», revela. 

Pero cuando montaron en el tren, la situación no fue más fácil. Estuvieron 17 horas de pie durante el viaje. «Hemos oído la historia de muchas familias, hemos visto muchos llantos», lamenta Svitlana. «Hemos dejado todo atrás, nuestra casa, nuestros maridos y nuestras vidas. Y es triste».

Ahora, desde Segovia, intentan hablar todos los días con los familiares que se han quedado en Ucrania, aunque asegura que en ciertas ocasiones es muy complicado poder contactar con ellos porque durante los bombardeos se interrumpe la conexión. A pesar de esto, ambas tienen fe en poder volver cuanto antes a Ucrania, «pero siempre nos acordaremos de Segovia, es un recuerdo bonito», revela.