Cáritas Segovia asiste a parados de la hostelería

D. A.
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La ONG católica percibe una nueva ola de peticiones de ayuda que empezó en octubre y donde destaca la presencia de ayudantes de cocina o camareros sin el amparo de los ERTE por no renovarse sus contratos

Imagen de archivo de la sede de Cáritas Segovia.

Segovia llegó a tener a casi 12.500 personas en expedientes de regulación de empleo temporal la pasada primavera. Al comienzo del verano la cifra ya se había reducido a unos 5.000 y siguió bajando hasta quedarse en apenas un millar al final de octubre, pero las nuevas restricciones que entraron en vigor el 6 de noviembre (prohibición de apertura al público de establecimientos hosteleros, centros comerciales y deportivos) llevaron a ERTE de nuevo a otros 2.000 en las últimas semanas. Desde este viernes la Junta ya les permite abrir y, en el caso de la hostelería, con terrazas, aforo reducido en interior y sin barras, pero la Agrupación Industrial de Hosteleros Segovianos (AIHS), ahora denominada Hotuse (Hostelería y Turismo de Segovia), teme que a muchos no les compense sobre todo por el confinamiento perimetral vigente, que complica equilibrar entre los gastos de mantener empleados sin ERTE y unos ingresos mermados, fundamentalmente, por la ausencia de madrileños. De ahí que demande acuerdos entre los gobiernos de una y otra Comunidad para restablecer la movilidad entre Madrid y Segovia, dado que ambos territorios presentan unos niveles de covid inferiores a los que determinaron en su momento el cierre. 

Según datos oficiales de la Junta actualizados a 19 de noviembre, este mes se han contabilizado concretamente 473 solicitudes de ERTE para 2.044 trabajadores; y dentro de los tipos de expediente que hay, el más demandado ha sido el de fuerza mayor por impedimento de actividad con un total de 337 peticiones para 1.339 empleados de tiendas de centro comercial, gimnasios y, sobre todo, bares, cafeterías y restaurantes.

Para estas actividades la situación se ha parecido demasiado a la de marzo o abril, aunque, como apunta el presidente de la patronal provincial hostelera AIHS-Hotuse, Jesús Castellanos, el hecho de que se permitiera servir café para llevar o comida para recoger ha facilitado que hubiera «alrededor de un 20% menos» de establecimientos, ERTE y trabajadores afectados que entonces. «Sí que es cierto que muchos de los que han estado trabajando así son autónomos y no contabilizan como ERTE (en todo caso, perciben ayudas de autónomos por cese de actividad), pero también se ha podido mantener a empleados trabajando en cocina, haciendo repartos…». Esa ha sido la principal diferencia con respecto a marzo o abril, y así los cafés para llevar y la comida para recoger se han convertido en un salvavidas para muchos negocios», valora. «Hay que pensar que a poco que se venda, con eso no pagas deudas pero al menos llevas algo de dinero a casa para alimentar a tu familia. Suena alarmante pero es así, incluso Cáritas nos ha avisado de que ahora tiene un montón de hosteleros pidiendo ayuda».

Segunda ola de hambre. Samuel Hernández, gerente de Cáritas Segovia, da fe de cómo la segunda ola de covid-19, con todo lo que está conllevando por la vertiente económica, ha provocado un nuevo repunte de la demanda de ayudas. «En marzo y abril tuvimos en torno a un 250% más de atenciones que en esos meses de 2019», recuerda. «En verano la situación más o menos se normalizó, se notó que reabrió la hostelería, que empezó a venir algo de turismo y hubo más trabajo; pero ahora, desde octubre, se ha notado un repunte, andaremos en torno a un 30 o 35% por encima de lo normal, y el problema es que esto va a más según pasan los días», advierte. «De la hostelería nos están pidiendo ayuda camareros, ayudantes de cocina... Los hay afectados por ERTE, y más problemas tienen quienes no están ni en ERTE porque no se les renovaron sus contratos y vivían muy al día, claro».

En Cáritas son absolutamente conscientes del conflicto emocional que supone esto para quienes nunca hasta ahora se vieron en la situación de tener que recurrir a ellos. «Es lo que suele diferenciar a los extranjeros de los autóctonos. Los primeros no tienen problema porque no están en su sociedad de origen y no se sienten tan juzgados, pero los de aquí sienten como si hicieran algo malo». Hernández retrata la cruda incoherencia con un ejemplo con el que cualquiera puede verse identificado: «Si uno tiene un problema físico no duda en ir al médico, pero si el problema es psicológico le da vergüenza ir al psicólogo y si es social, lo mismo. Cuestión de la educación que nos han metido en vena».

Ese es precisamente uno de los motivos por los que Cáritas contactó con AIHS-Hotuse. «Ya que hay muchas personas de su sector que nos piden ayuda, nosotros pedimos a su asociación que nos ayude a difundir nuestra nueva campaña». La lanzarán en próximos días para pedir a quienes colaboran con esta ONG que, si pueden, donen dinero en lugar de comida, ya sea acudiendo a la sede de Cáritas o a cualquier banco para hacer ingresos en sus cuentas con el concepto ‘comida’. 

«Si el que nos necesita sólo recibe donaciones directas de comida, acaba alimentándose a base de pasta y legumbres en lugar de llevar una dieta equilibrada», explica. Además, las ayudas en especie acaban complicando la labor de Cáritas por los problemas logísticos que generan, «y más aún ahora por todas las medidas de higiene que deben adoptarse». De esta manera, además, si se facilitan fondos al necesitado para que éste vaya al súper a comprar, no se verá en la situación de exponerse en las tristemente famosas colas del hambre, un conflicto emocional que ahora afecta a muchos hosteleros y, evidentemente, a personas de otros muchos ámbitos.