LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Escudos de papel

19/05/2020

Beatriz deja a su espalda la puerta principal del hospital. Entra en su coche y, antes de arrancar el vehículo, rompe a llorar. No puede aguantar más. Son muchos días trabajando sin descanso en la UCI del Puerta de Hierro, desbordados, viendo cómo la vida se va sin remedio por culpa de ese puto virus letal. Respira profundamente y se seca las lágrimas. Dos de sus compañeros han dado positivo. No entiende por qué ellos, que tienen que estar en la primera línea de la batalla contra el COVID-19, no cuentan con medios suficientes para protegerse, sólo con escudos de papel. 
Empieza a caer la noche. En casa espera su familia, confinada desde hace casi dos semanas. Mientras conduce por un Madrid fantasmagórico con la radio como única compañía, le asalta de nuevo el temor de ser ella la que se contagie y se lo pueda pegar a alguno de los suyos. Una pesadilla constante que provoca que todo sea aún más difícil, mucho más complicado, pero rápidamente su mente aparta ese mal presagio, recuerda el dibujo que han hecho sus hijas, sonríe y se repite a sí misma: «Todo va a salir bien».
En el mismo bloque en el que reside Beatriz, dos pisos más arriba, vive Juan, propietario de la tienda del barrio. Pese al estado de alarma decretado por el Gobierno, acude a trabajar con normalidad, pero el miedo, invisible y que se contagia a la misma velocidad que el virus, lo trastoca todo. Ahora, que cubre su boca con una mascarilla y sus manos con guantes de látex, los clientes entran uno a uno en su establecimiento, van de vez en cuando a comprar varias barras que luego congelan y, aunque durante los primeros días agotaba todos los montones de revistas, las ventas han bajado en picado desde que algunos se dedican a enviarlas en cadena a través de whatsApp. Juan está preocupado. Siempre sobra género. Los números no salen y son muchos los momentos que le ronda por la cabeza la idea de abandonar hasta que pase la tormenta. Pero no. Cada jornada, antes de cerrar y mientras va recogiendo, pone a todo trapo el Resistiré del Dúo Dinámico, y recupera fuerzas para poder seguir adelante. 
«Aquí tiene, Isabel», le  dice Juan, con una amplia sonrisa, mientras entrega a domicilio el pan y otros productos básicos, además de varias telas e hilos y un bote de gel desinfectante a una octogenaria que vive sola en el séptimo. La mujer ha trabajado toda su vida como modista y ahora, que no puede salir a la calle, emplea su tiempo en elaborar mascarillas artesanales desde que vio por televisión que unas monjas las confeccionaban. 
Ella también está inquieta. Dos de sus amigas con las que jugaba los miércoles a las cartas han fallecido y una prima que estaba en una residencia de ancianos, también. A su hijo mayor, Pedro, le han comunicado que la empresa en la que trabaja se ha visto obligada a hacer un ERTE y su sueldo es la única vía por la que entra dinero en casa. Isabel no sabe, sin embargo, que su nieto está en Perú. Salió de España el 20 de febrero para hacer ese viaje soñado que llevaba años preparando con su novia, Inés, y, debido a las enormes restricciones impuestas por los países en buena parte del planeta, se han quedado atrapados en Lima.
El padre de Inés es Policía. A través de un compañero ha contactado con la embajada, pero el Ministerio de Exteriores está desbordado y por el momento no pueden hacer nada más que pedir tranquilidad. Julio, que se encarga de hacer controles de movilidad, lleva fatal que su hija no pueda regresar a casa. Ayer tuvo que detener a un par de críos que fumaban marihuana en la calle, haciendo caso omiso del quédate en casa. Hoy controla una de las salidas de la capital y decide parar a un tráiler que viene de Sevilla. «Todo en regla, puede continuar».
El camionero, Ramón, de tanto ir y venir, lleva días con una extraña tos. Salió por la noche de Andalucía para trasladar productos sanitarios y parecía estar mejor tras hacer una pausa en un área de servicio que ha habilitado el Ejército para los transportistas y que ofrece bebida y comida gratis. Antes de llegar a descargar la mercancía, empeora, tiene dificultad para respirar, siente una especie de ahogo y es trasladado al Puerta de Hierro. Un test rápido confirma el positivo en coronavirus. De Urgencias a la UCI, donde Beatriz y su equipo consiguen reanimarlo tras conectarle a un respirador. La mujer, que hoy ha vuelto a romper a llorar por la falta de medios de protección y que continúa teniendo pánico a contagiarse, recuerda el dibujo de sus hijas y le susurra a Ramón al oído: «Todo va a salir bien».