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La crisis alienta la apertura de tiendas de Compro Oro

Nacho Sáez
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La venta de joyas, pulseras o relojes se convierte en un balón de oxígeno para las familias con problemas de liquidez.

Tienda de Compro Oro que ha abierto recientemente en Conde Sepúlveda. - Foto: Rosa Blanco

Ha abierto uno en el paseo de Conde Sepúlveda, otro en la calle Independencia y ya había dos en la Almuzara y en la avenida del Acueducto. La crisis de precios vuelve a alentar la apertura de negocios de 'compro oro', que ya se disparó con el estallido de la burbuja inmobiliaria. La falta de liquidez para hacer frente a la subida de las facturas de la luz o del gas y de la cesta de la compra obliga a muchas familias a buscar recursos extra a través de las venta de sus joyas. Esa circunstancia, unida a los precios al alza del oro en la actualidad, ayudan a explicar este nuevo auge de unos establecimientos a los que les cuesta sacudirse el halo de la sospecha.

«Cuando tú pagas una joya das un dinero, y cuando la vendes te dan otro. Pero es que cuando una persona compra una joya, compra un metal precioso, paga un diseñador, paga al orfebre que la fabrica, paga el representante de joyería, paga al joyero y encima el Estado le carga un porcentaje. Cuando vienes a vender la joya, yo no estoy pagando al orfebre, ni al diseñador, ni al joyero y ni siquiera el impuesto, porque el oro para fundir está exento de IVA. Solamente desde hace un año y pico se ha metido un porcentaje de impuesto de transmisión patrimonial. Da igual si la joya está vieja, doblada, machacada, rota o en perfecto estado. Somos meros compradores de metal precioso. Vulgarmente, chatarreros», señala Jorge de Obeso, responsable de Oro 18 Kilates SL y profesional del 'compro oro' desde 1980. «Con un intervalo de unos años en los que me dediqué al ladrillo», aclara.

De Obeso tiene un local en el Centro Comercial Almuzara en el que promete «pago al momento y al contado». ¿Quieres dinero? ¿Tienes joyas que no usas? No importa su estado (viejo, roto, usado, etcétera). También valoramos para revender», anuncia en otro de los reclamos que utiliza en la cartelería que llena su puerta y su escaparate y que oculta el interior del establecimiento. La seguridad y la discrección son parte de las claves de un negocio al que sus clientes suelen recurrir en contra de su voluntad. «En el noventa y tantos por ciento de las veces es por una necesidad económica», subraya el propio De Obeso, escéptico no obstante ante ese crecimiento de los 'compro oro'.

Jorge de Obeso, responsable de Oro 18 Kilates SL.Jorge de Obeso, responsable de Oro 18 Kilates SL. - Foto: Rosa Blanco

Él no ha registrado un aumento de su facturación hasta el momento y dice que tampoco compañeros del sector a los que ha consultado: «Es cierto que ahora mismo hay una situación de incertidumbre en los mercados y que cuando la gente no tiene seguridad en lo que puedan ofrecer valores como la Bolsa recurre al valor refugio del oro, pero ¿eso significa que es un buen momento para abrir compraventas de oro? Yo creo que no». «Hay gente que ha aprovechado la incertidumbre, la circunstancia de que ha subido el oro, como también lo hizo en un primer momento durante la pandemia, pero eso no significa que se estén moviendo más cantidades de oro. A día de hoy no veo ningún repunte. Yo llevo la misma trayectoria que los tres o cuatro últimos años, aunque es verdad que todos los índices dicen que la crisis no se va a notar en este 2022 sino en 2023», añade.

Para De Obeso, la crisis de 2008 redujo de forma sustancial el oro en circulación. «Esto no es el negocio que fue hace doce años. En el mercado español se vendió muchísimo oro. Ahora hay gente a la que no le afectó la crisis de entonces y le está afectando la de ahora. Y sigue habiendo en el mercado, pero no sabemos en qué cuantía y lo que se vendió ya se fundió. Esto no es como ir a comprar pan todos los días. Si una familia tenía unas joyas y las ha vendido, no las va a recuperar. Lo único que nos mantiene un poquito es el empeño. El cliente tiene un estrangulamiento económico, le aprieta un poco el zapato, empeña una joya y luego la vuelve a recuperar. Es una especie de acordeón que se estira y se encoge porque un porcentaje muy alto de los que empeñan su oro –un noventa por ciento largo– luego lo recuperan. Suelen ser gente asalariada a la que el sueldo no le llega a fin de mes y que sabe que con las joyas puede afrontar un imprevisto de manera puntual. Aquí los los millonarios y los ricos no vienen a vender. Se mueven otros niveles y y su problema no son 1.000 euros, ni 70.000», zanja.

Los responsables de los 'compro oro' defienden sus procedimientos. Las balanzas que emplean están certificadas y el peso que marcan siempre se muestra al cliente. «Y los precios del oro están publicados en Internet, así que cualquiera los puede consultar», remarca Adán Navarro Jiménez, al frente del 'compro oro' que ha subido la persiana recientemente en el paseo de Conde Sepúlveda. «Viene gente. La cosa está mal y la gente se está desprendiendo de cosas. La crisis se está notando muchísimo y esto es un negocio que ahora está en auge», apunta justo antes de interrumpir la conversación porque entra un hombre en su local. 
–«Vengo de vez en cuando», dice al salir del local.
–¿Pero es porque atraviesa un momento regular?
–No, lo que tengo lo vendo. Pero prefiero no decir nada más.

El perfil de los clientes es heterogéneo. «Viene de todo pero especialmente gente mayor porque suelen ser los que tienen el oro», destaca Navarro de vuelta al interior de su 'compro oro'. «Y hay veces que nos cuentan lo que les está pasando y otras que no. La mayor parte de las veces que se desprenden de algo es porque tienen que pagar un recibo de la luz, del gas, el alquiler…». Cuando un cliente entra en su establecimiento, este comprador y vendedor de oro comprueba el metal, pone el peso a la vista e informa del precio de cotización. «Es un proceso rápido y sencillo. Nos traen de todo. Anillos, pulseras, cadenas… También es el que oro se ha pasado un poco de moda y la gente usa más bisutería, artículos de plata. El oro no se pone como se ponía antes», concluye.