UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


La voladura del centro

El voto de centro fue tradicionalmente disputado en España, durante los últimos cuarenta años, desde el inicio de la democracia, como necesario en la transición, en primer lugar, y como símbolo de moderación y alejamiento del histrionismo político, más tendente al enfrentamiento y a la desconfianza por su tendencia a la demagogia y al populismo, la búsqueda incansable del apoyo electoral y el intento de ganar fácilmente la confianza de los ciudadanos anteponiéndolo a una defensa real de sus intereses.  El caso es que,  tras una crisis que dejó tocada a la clase media y mermados los derechos sociales, y el problema territorial interno, se amplió el espectro con más partidos que se siguen manteniendo inmóviles en los últimos sondeos del CIS, en comparación con los últimos resultados del 10N.      
Ciudadanos, que podría haber aparecido como una fuerza centrada, actualmente en descomposición y con muchos de sus representantes bien colocados fruto de los acuerdos en algunas instituciones,  buscando acomodo para que les dejen en el mismo cargo, aunque sea con otros colores,  se ha revelado más como un proyecto personal que como un partido político. Ni siquiera se ha alcanzado a ver si era factible ejecutar su mensaje de regeneración democrática e institucional. La crisis interna que vive antes de su congreso suena a fatal desenlace y disolución tras los bandazos.  
Por mucho que el presidente de los populares, Pablo Casado, haya abogado por una oposición centrada, su partido sigue estando preso, teledirigido, por la formación de Santiago Abascal, corriendo el riesgo de que, como como se siga obsesionando por atraer el voto de quien se ha sentido atraído por los mensajes de la ultraderecha y, a la vez, tratar de aparecer como garante institucional y alternativa de Gobierno, puede correr el riesgo de terminar como la formación naranja. Solo falta ver su posición sobre el ‘pin parental’.  La marcha de la política del portavoz del PP en el Parlamento Vasco, Borja Sémper, quien opina que la discrepancia debe ir acompañada de la búsqueda de puntos de encuentro, en los últimos días, pone de relieve esta asintonía interna del proyecto heredero de Mariano Rajoy,  a la que se unen quienes tuvieron cierta relevancia con el político gallego como Isabel García Tejerina o Rafael Catalá.
Al partido del presidente Pedro Sánchez, al gobernar en coalición, no le queda más remedio que asumir la parte que le toca de la base ideológica de Podemos, más a la izquierda, sin olvidar el desgaste diario de haber sido investido con la abstención de independentistas y de no haber respondido a discursos radicales durante el pleno que le ha llevado a La Moncloa, poniendo fin también, es cierto, a un bloqueo aunque abriendo una puerta a un camino tortuoso que despierta incertidumbre en cuanto a la eficacia de la gestión y del apoyo parlamentario.  Entretanto,  Vox ha optado por judicializar la política, apostando por acudir a los tribunales, desde el minuto uno, emulando la popular frase del ex–jefe del Estado Francisco Franco: «Haga como yo, no se meta en política».