Así es un día en la piscina municipal en tiempos del virus

Nacho Sáez
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Aforo limitado, parcelas individuales o familiares para dejar la toalla, los viajes al bar hay que hacerlos con mascarilla… La piscina de La Albuera se ha tenido que adaptar a la 'nueva normalidad', pero sus clásicos no fallan a esta cita veraniega.

Así es un día en la piscina municipal en tiempos del virus - Foto: Rosa Blanco

Sin duda este es un verano diferente. También en la piscina municipal de Segovia, donde sus responsables se han visto obligados a poner en los baños jabón y no geles hidroalcohólicos porque estos últimos ‘desaparecían’. Es una de las anécdotas que salen a relucir durante la visita que El Día de Segovia realizó este pasado lunes a esa instalación, reducto de ocio en este estío de pandemia, rebrotes y restricciones. No faltó tanto para que los segovianos se quedaran también sin este espacio de relax y disfrute. «No fue sencillo convencer al interventor [del Ayuntamiento]», reconoce su principal responsable, la concejala de Deportes, Marian Rueda, sobre la fórmula que idearon para que pudiera abrir sus puertas.

«La piscina al aire libre se ha venido gestionando ordinariamente de forma indirecta a través de una concesión, pero las duras medidas restrictivas impuestas por las autoridades sanitarias autonómicas y estatales para la reapertura de este tipo de instalaciones deportivas provocaron que esta forma de gestión se revelara inviable esta temporada debido a la posibilidad de tener que asumir cierres sobrevenidos en el supuesto de nuevos confinamientos o un endurecimiento de las medidas. Circunstancias que suponían una importante incertidumbre económica y operativa», explica. Parecía una misión casi imposible que ninguna empresa asumiera los riesgos de una explotación en la que la rentabilidad estaba algo más que en el aire, así que el Ayuntamiento decidió contratar directamente los servicios de una empresa para la apertura y cierre, control de accesos, guardarropa, taquilla, socorrismo y mantenimiento de la instalación.

Una labor que, unida al desempeño de los trabajadores de la propia Concejalía de Deportes, ha hecho posible que no se pierda lo que para algunos como Esteban Municio Gento es una tradición de años sin la que no entiende el verano. «Llevo viniendo más tiempo que esos postes que están ahí», dice este repartidor de butano jubilado mientras señala las sombrillas, que parecían aguardar la llegada del coronavirus. La separación que existe entre ellas ejerce como primer elemento disuasorio para evitar las aglomeraciones, pero además el Ayuntamiento ha pintado de color blanco sobre el césped alrededor de medio centenar de parcelas para que todos los usuarios de la piscina respeten la distancia de seguridad. Al ser lunes por la mañana y haberse levantado una mañana fresquita, la tranquilidad reina en el vaso y fuera de él. Cosa distinta son las tardes y los fines de semana, aunque Gestión Lázaro Eventos –la empresa a la que ha contratado el Ayuntamiento– cuenta con contadores de aforo a la entrada.

Así es un día en la piscina municipal en tiempos del virusAsí es un día en la piscina municipal en tiempos del virus - Foto: Rosa Blanco

Si alcanzan los 500 usuarios, cierran las puertas, algo que solo ha ocurrido una vez en las apenas cuatro semanas que lleva la piscina en funcionamiento. Un mes sin apenas incidentes más allá del mencionado robo de los geles hidroalcohólicos y de las habituales intervenciones de la Policía Local cada verano por el comportamiento incorrecto de determinados grupos.  «Hubiera estado bien que nos tomaran la temperatura a todos al entrar», apunta Lourdes Pascual, otra usuaria habitual. Peluquera de profesión, aprovecha sus días libres (el domingo y el lunes) «para relajarme aquí un par de horas leyendo y bañándome por la mañana».

A pocos metros de ella, Amparo Rodríguez se afana en limpiar las mesas del bar, que de momento solo tienen un cliente. «Es el primer año que lo llevamos y tampoco tenemos muchas referencias, pero hemos tenido días de hacer cajas de 110 euros. Y el día que más, 600. Hacemos lo que podemos», señala la hija de Amparo, Yolima, que desde detrás de la barra ve las gradas del campo de fútbol de La Albuera, donde también se encarga de la gestión del bar: «Cuando se suspendió la liga, se nos caducó todo el producto y hemos tenido unas pérdidas muy grandes».

No se le borra la sonrisa a pesar de que le toca lidiar con clientes que no respetan la obligatoriedad de usar la mascarilla cuando acuden a comprar un helado o un refresco.  En esta piscina al aire libre de Segovia solo es preceptiva ponérsela para ir al bar y al pasar por la zona de taquilla. «Los bañistas están exentos de la obligación de uso de mascarilla al aire libre siempre y cuando se mantenga la distancia interpersonal», rezan los carteles que están pegados en las paredes. Pero que nadie se asuste: las piscinas son una de las excepciones que contempla la norma que aprobó la Junta de Castilla y León a mediados de este pasado mes de julio. Los trabajadores de la instalación vigilan aun así que no se produzcan incumplimientos, «aunque en cuanto nos damos la vuelta mucha gente hace lo que le da la gana», reconoce el encargado de la instalación, José Luis Arcones.

Así es un día en la piscina municipal en tiempos del virusAsí es un día en la piscina municipal en tiempos del virus

Este monitor del cercano colegio Eresma y organizador de los Juegos Municipales trabajó como taquillero en una ocasión en la piscina de El Espinar, pero apenas tenía experiencia en este mundo. Nada en cualquier caso que no se solucione con el apoyo de los otros seis trabajadores que están con él (un taquillero, una persona de mantenimiento y cuatro socorristas) y mucho sentido común. Los vestuarios y las duchas están cerradas y la higiene es constante porque el Ayuntamiento ha conseguido que la empresa que tiene adjudicada la limpieza de todas las instalaciones deportivas de la ciudad se encargue también de la piscina de verano. Además, los socorristas realizan tres controles diarios del agua de la piscina para medir los niveles de cloro y Ph. En el vaso este año se ha eliminado la corchea que servía para delimitar la zona reservada para aquellos que querían nadar frente a quienes solo optan por el uso recreativo.

No le ha importado a Samuel Beltrán, de 30 años, que acostumbra cada año en agosto a desplazarse a diario a La Albuera para hacer ejercicio. «Como en este mes siempre cierran la piscina cubierta para hacer tareas de mantenimiento, pues me vengo aquí», cuenta mientras se seca en el césped. «No lo he notado muy cambiado y tampoco tengo miedo, aunque vengo por las mañanas porque por la tarde hay mucha más gente», añade.  En este sentido, el Ayuntamiento ha instalado un sistema eléctrico de acceso para evitar aglomeraciones y sobre todo cámaras de videovigilancia, aunque por contra no registra los nombres y apellidos de cada usuario de la instalación, lo que facilitaría el rastreo de los contactos en caso de que se produjera un rebrote en ella.

El riesgo se reduce en espacios al aire libre, pero hay pocas certezas en torno a la covid-19. «Es de resaltar que habiéndose cumplido un mes desde la apertura, el servicio se ha prestado de forma satisfactoria, sin incidencia reseñables, y que los usuarios han mantenido en su inmensa mayoría un comportamiento ejemplar», concluye la concejala de Deportes.

Así es un día en la piscina municipal en tiempos del virusAsí es un día en la piscina municipal en tiempos del virus - Foto: Rosa Blanco

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