Salir del infierno por el desierto

Nacho Sáez
-

Óscar Guasch, un barcelonés que trata de superar su adicción a las drogas en Roda de Eresma, ha inspirado el Proyecto Centea, una iniciativa que le llevará en abril a la Titan Desert y al rodaje de un documental.

Óscar Guasch posa para El Día en Roda de Eresma. - Foto: Rosa Blanco

H a perdido casi veinte kilos en el último año y en poco más de dos meses participará en una de las competiciones de mountain bike más duras del mundo. Óscar Guasch (Barcelona, 38 años) comienza a ver la luz al final de un túnel en el que se ha chocado de frente con ingresos inútiles en centros de rehabilitación, relaciones familiares destruidas y aspiraciones laborales fulminadas. A la entrada de ese largo pasadizo aparecen las drogas. Las malditas drogas. 
Miembro de una familia acomodada de industriales catalanes, Óscar lo tenía todo a priori para disfrutar de una vida plácida. Su madurez, en cambio, ha estado marcada por los problemas psicológicos y mentales surgidos del consumo. Y ahora toca reconstruir. Un proceso que afronta de la mano de la Fundación Centea en Roda de Eresma, donde su historia ha inspirado el nacimiento de un proyecto de superación y solidaridad.
Como en los clubes ciclistas profesionales, en los que los gregarios están al servicio de su líder y entregan hasta la última gota de sudor en busca del éxito de este, los integrantes del equipo Fundación Centea se han propuesto que Óscar complete la Titan Desert. Más de 600 kilómetros en mountain bike  en seis días (del 28 de abril al 3 de mayo) entre infinitas llanuras desérticas, dunas y montañas que servirán (y están sirviendo ya) de terapia en su recuperación. 
El equipo Centea, en el Acueducto tras uno de sus entrenamientos.El equipo Centea, en el Acueducto tras uno de sus entrenamientos. - Foto: «El deporte es una herramienta básica», remarca Paco de Frutos, responsable del proyecto y también exdrogadicto. Preparar la Titan Desert proporciona a Óscar, en primer lugar, unas rutinas diarias y una disciplina. Los lunes, miércoles y viernes va al gimnasio, mientras que el resto de días sale a montar en bicicleta por la Vía Verde del Eresma, por  el tramo del Camino de Santiago de Madrid que discurre por la provincia de Segovia o por la sierra. Un intenso entrenamiento para llegar preparado a esa Titan Desert en la que también hay que estar a prueba de virus o posibles deshidratraciones.
Ya están en la recta final antes de vivir la aventura, que fue idea del tío del propio Óscar. Marcos Guasch, que ya ha corrido esta prueba en anteriores ediciones, se presentó un día en Roda de Eresma y le dijo a su sobrino que él también tenía que participar. «Voy por días. Unos me encuentro mejor y otros peor, pero sé que tengo que tener la cabeza metida en el reto», cuenta Óscar, cuya historia impulsará, además, el rodaje de un documental de forma paralela.
Es la segunda parte de este Proyecto Centea. Con la ayuda de la Fundació Joan Ribas Araquistain, pretenden mostrar en una producción de cuarenta minutos la cara más humana del adicto a través de diferentes testimonios. Entre ellos, el de los responsables de Proyecto Hombre o el del exwaterpolista Pedro García Aguado, que encarna el anhelo de tantos y tantos drogodependientes. Dentro de quince días se cumplirá un año desde que Óscar se puso en manos de la Fundación Centea, empujado por su familia. «Aunque lo entendí porque no había manera de que siguiera en Barcelona». La relación con su hermana estaba herida de muerte y en la fábrica familiar no le querían ver aparecer, dos muescas en un largo recorrido cuyo origen él señala cuando todavía era menor de edad.
Las teóricas inocentes fiestas de adolescencia en discotecas ‘light’ se convirtieron para Óscar en la puerta de entrada de su descenso a los infiernos. «Lo utilizaba para reforzar mi carácter o yo qué sé. Nos pimplábamos una botella con los colegas antes de entrar a las discotecas de tarde», relata. El salto a otras sustancias no tardó en llegar y, a los 27 años, ingresó en un centro de rehabilitación por primera vez.   
El responsable de la Fundación Centea, Paco de Frutos, remarca que «dejar de consumir es fácil». «Lo difícil es reconstruir lo que destruyes por el camino: problemas con nosotros mismos, con nuestro entorno laboral y familiar… La recuperación es superar toda esa amalgama y eso no se consigue ingresándote un mes sino a base de años y años». Óscar ha tenido que caer y levantarse en varias ocasiones: «Es que no tenía intención de dejar nada». Los problemas laborales suelen ser una de las primeras grietas que se abren en la vida de los drogodependientes, pero este barcelonés «no estaba preocupado por eso porque sabía que tenía el colchón de la fábrica de mi padre». El punto de inflexión se hallaba en otro lugar para él.
Al hartazgo de la familia, se unieron los efectos para su salud derivados del consumo. «Más que físicos, tengo problemas psicológicos. Empecé a enfermar de la cabeza y tenía malestar general mental. También físico al final», desvela durante una conversación en la que recuerda que había planeado hacer un viaje a Segovia con una amiga. Sin embargo, se produjo antes su ingreso en la Fundación Centea, donde ahora descuenta los días antes de viajar a Marruecos, escenario de esta Titan Desert.
En este reto le acompañan terapeutas y familiares, y sobre el terreno contarán también con un navegador y un mecánico en ruta. Como aperitivo, un mes antes de la prueba, completarán 600 kilómetros en el Camino de Santiago. El calendario de Óscar se ha llenado de desafíos que le mantienen alejado de la tentación, al mismo tiempo que busca el camino para alcanzar el bienestar.
«Al principio consumes y te ríes, pero al cabo de un tiempo te empieza a generar una sintomatología: cambias de novia porque está hasta los cojones, de trabajo, tienes problemas económicos… Fundes todas las vías. Llega un momento en el que ya nadie se fía de ti», expone crudamente el responsable de la Fundación Centea. Hoy él puede decir que está preparado para asistir a una fiesta y observar a otros consumiendo sin que le arrastren. A Óscar aún le queda camino, pero al menos ha decidido salir del infierno. Por el desierto.