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El último baile

Sergio Gutiérrez
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Sergio Gutiérrez, jugador del Monteresma C, que disputa este domingo la final de la Copa Delegación, reflexiona sobre la importancia del deporte popular a través del siguiente artículo.

Integrantes del Monteresma C. - Foto: DS

Unión de amigos. Llevo días pensando en la trascendencia del nombre del Club con el que debuté hace veinte años en la liga provincial, en el antiguo campo de tierra de Nueva Segovia, en lo que hoy es el campo de césped artificial José Antonio Minguela. Aquel equipo, como el fútbol, ha evolucionado mucho desde entonces. Ese Unami de aficionados que empezaba a rodar ese día, con sólo catorce jugadores, sin apenas medios y con tres mikasas, puede ascender este sábado a tercera división. Y frente al Turégano. Éxito colectivo del fútbol segoviano. Que ascienda el mejor.

El domingo, es el otro día grande de nuestro fútbol provincial. Mi unión de amigos, el Monteresma C, de clásicos, se juega la Copa Delegación con el Cuéllar como adversario. Campeón de la primera provincial contra el campeón de segunda. ¡Qué tiemble la Supercopa de Arabia!

Estos dos partidos, significan algo más que fútbol. No se trata de muchachos corriendo en calzoncillos tras una pelota. Hay mucho más detrás de todo esto. Clubes que trabajan por el deporte base y encuentran continuidad más allá de los juveniles. Años de planificación, perseverancia y esfuerzo hasta alcanzar una de estas difíciles tardes de gloria, que muchos equipos no alcanzan nunca. Todo un privilegio ganado a pulso gracias a meses de disciplina y entrenamientos, de frío y de lluvia, compartiendo pista y vestuarios en una confluencia del fútbol modesto con el fútbol base. Sin uno, no se podría entender el otro, y viceversa.

Nuestro deporte nada tiene que ver con el fútbol moderno y de élites que nos venden hoy en día en las televisiones de pago. El fútbol modesto genera una pasión diferente, entremezclando juego y emociones, uniéndonos con nuestros vecinos y creando un arraigo intergeneracional como ninguna otra actividad. Es una fábrica de amigos.

Basta con acudir una tarde de entre diario al Campo de La Mina, al Mariano Chocolate o al de Santa Clara, por citar algunos, para entender esta grandeza: decenas de chicas y chicos de todas las edades, divirtiéndose, haciendo ejercicio y sintiéndose partícipes de algo importante. Aprendiendo lecciones de vida. Comprendiendo que, en el fútbol como en la vida, te va a ir mejor si luchas en equipo, si te esfuerzas, si trabajas duro y respetas a los demás. Si te fijas un objetivo y no te desvías de él. El deporte en equipo te enseña que nadie es más que nadie y que todos tenemos un papel en el terreno de juego y unas obligaciones que realizar. Que para exigir al de al lado, primero tenemos que cumplir con nosotros mismos. Que somos una piña y que, si uno falla, hay que ayudarle para no caer todos. El vestuario enseña humildad, elimina complejos y supone una inversión en salud física y mental.

Pero cuesta dinero. Mucho dinero. Es admirable la labor poco reconocida que realizan desinteresadamente directivos y entrenadores que luchan por los equipos de fútbol base y permiten que existan los clubes polideportivos en los pueblos. Gracias a todos ellos. Pero falta una mayor implicación por parte de las Administraciones Públicas y de las federaciones deportivas. Las escuelas deportivas deberían valorarse como una labor social. Es sonrojante que las familias tengan que pagar doscientos o trescientos euros por cada niña o niño que quiera federarse en un equipo deportivo. Tenemos unas buenas instalaciones deportivas, pero, de seguir así las cosas, no habrá quien las utilice. Los menores de edad deberían poder jugar gratis o casi gratis. Que pueda ser accesible para todos. Hablamos de una inversión para fomentar una sociedad más feliz, solidaria y eficiente, con el compañerismo, los valores sociales y el espíritu de colectividad que todos los que han vivido en un vestuario conocen.

Logremos que la rueda siga girando, que el fútbol base y el fútbol provincial sigan existiendo. Que se pueda repetir la fiesta del balompié durante muchos años. El fin de semana, todos los jugadores saltaremos al césped con el orgullo de defender nuestra camiseta y dejar bien alto el pabellón. Gane quien gane, será un éxito colectivo provincial. La ilusión de los niños guiará a los adultos. Será el broche de oro a la primera temporada postpandemia. Habrá un doble hito: ascenso segoviano y doblete provincial. Todos a la Albuera.

Disfrutemos de la fiesta del fútbol provincial. Disfrutemos del último baile.