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Pueblo sin bar, pueblo sin vida

Sandra Segovia
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Según un estudio de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales 45 pueblos de la provincia de Segovia no tienen bar, lo que supone que más de 3.000 vecinos no cuentan con este servicio que se considera centro de la actividad

Una mujer toma café en el bar de Encinillas, regentado desde agosto por Yolima Rodríguez - Foto: Rosa Blanco

Los bares son, sin duda, uno de los centros neurálgicos de la actividad social. Cuando alguien llega a un pueblo lo primero que suele hacer es turismo; y luego buscar el bar. Ya sea para tomar café, desayunar, almorzar, tomar el vermut, comer o un sinfín de opciones. Además, es el lugar de reunión de vecinos, de desconexión, de diversión...

Pero en muchos municipios segovianos ya no lo encuentras. Concretamente, según el estudio 'La dimensión social de la hostelería' de la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales, 54 pueblos de Segovia no cuentan con un bar tradicional, esto supone un 25,8 por ciento del total de los 209 municipios en la provinci y que 3.232 vecinos se tienen que desplazar para tomarse un café, que tan sólo supone un 3,16 por ciento de la población de la provincia, 102.405 personas (sin contar los empadronados en la capital).
Estos datos reflejan la gran distancia que hay entre la cantidad de municipios sin bar, -el 25,8 por ciento-, y los pocos vecinos que viven en ellas -tan sólo el 3,16 por ciento-. Cifras que muestran la despoblación que sufre la llamada 'España vaciada'.

Uno de los pueblos que ya no tienen bar es Torre Val de San Pedro. Javier es el dueño de la última tienda que queda en el municipio -Cosas viejas, cosas nuevas-. Él explica que la localidad ha llegado a tener dos bares hasta hace relativamente poco pero que, entre la pandemia y las jubilaciones, se vieron obligados a cerrar ambos.

Desvela que la falta de un local en el que poder tomar café es una carencia que se nota mucho en la gente que, como él, vive en el pueblo a diario.  «Aquí los bares son negocios familiares, el bar está abajo y la casa está arriba. El local se podía alquilar, pero si tú vives arriba es más complicado», señala. 
La solución que han encontrado: desplazarse. «Vamos a otros sitios, como se puede, pero hay que coger coche. Sí que es verdad que Collado Hermoso y Navafría están muy cerca, por eso intentamos ir una vez a la semana. Quedamos y nos juntamos para ir».

Sotosalbos es otro ejemplo, sí es cierto que tiene restaurantes, pero abren solo los fines de semana. A los vecinos les podemos encontrar en el restaurante Alejandro Manrique, situado en la Nacional 110 a unos 700 metros del pueblo. El viernes por la mañana allí estaba Eduardo Gutiérrez, quien explica que a pesar de que vive poca gente en la localidad, sí que se nota que los vecinos se acerquen al bar. «Hay restaurantes en Sotosalbos, pero sólo abren los fines de semana», lamenta. 

En la lista de municipios sin bar aparecen otros como Bercial, Melque de Cercos, Perosillo, Villaverde de Montejo, Riofrío de Riaza, Valleruela de Sepúlveda o Santo Domingo de Pirón.

Un comentario en un grupo de Facebook pone en relieve la necesidad de tener un bar abierto en los pequeños municipios. Una mujer preguntaba si alguien conocía algún bar en alquiler en la provincia. Los comentarios no tardaron en aparecer. Más de 100 personas comentaban la publicación indicando un largo listado de localidades que buscaban personal para regentar sus bares. Roda de Eresma, Nieva, Etreros, Juarros de Voltoya o Pelayos del Arroyo son algunos de los ejemplos, pero hay muchos más porque los pequeños bares se mueren.

Para intentar frenar esta situación, la Diputación de Segovia y la Asociación de Empresarios de Alojamiento, Hostelería y Turismo de Segovia (HOTUSE) han firmado un convenio de colaboración dentro del proyecto de reactivación del sector turístico -Plan emprende 'Más que bares. Sin bares no hay pueblos'-.
A través de este servicio, las empresas tendrán a su disposición las diversas ventajas que ofrece HOTUSE, como la bolsa de empleo, su departamento inmobiliario de alquileres, traspasos y ventas, gestiones con ayuntamientos, formación, asesoramiento y gestión de aperturas y puesta en marcha de negocios, servicios jurídicos, laboral, fiscal, acuerdos con proveedores, entidades de gestión (SGAE, AGEDI, AIE…). Además, HOTUSE también se coordinará con los respectivos ayuntamientos para agilizar trámites y unificar criterios normativos.

El gerente de la patronal hostelera y turística, Francisco Javier García Crespo, desvela que «el bar es vida, es lo que da vida a un pueblo». «Es el centro de reuniones, es la red social. Donde se comenta, se habla con los vecinos, donde se reúnen, donde van a recoger un paquete... El bar es la alegría del pueblo, el punto de reunión de jóvenes y mayores ».

Por ello, desde HOTUSE veían la necesidad de ayudar. «Queremos que los empresarios sepan que tienen un referente donde preguntar, una asociación que les puede ayudar a la hora de montar un negocio».  
Gracias a esta iniciativa, García desvela que ya han dado de alta a unos 14 o 15 nuevos socios, más aquellos que han llamado para solicitar información. «Nos ha llamado mucha gente para preguntarnos sobre todo por la normativa: qué se necesita, permisos, etc.», señala.

Por su parte, la diputada delegada del Área de Empleo, Promoción Provincial y Sostenibilidad, Noemí Otero, revela que el convenio, con el que la institución provincial colabora con 15.000 euros, busca «que los bares continúen existiendo en los pueblos de la provincia de Segovia». «Tratamos de lograr la pervivencia de los establecimientos de hostelería y creemos que los bares de nuestros pueblos son el centro de reunión de los vecinos, por lo que es fundamental que los pueblos sigan teniendo bar». «Es el lugar donde sigue la vida floreciendo. Si el bar desaparece del pueblo, inevitablemente ese pueblo pierde mucha de la vida que tenía», desvela.

Apuestas. En el otro lado están aquellas personas que apuestan por gestionar un bar en un pequeño pueblo, con lo que ello implica.

El chiringuito de Valseca es el único bar de la localidad, con 230 vecinos censados. El hijo de su dueña, Nayden Naydenov, quien se encuentra en la barra, explica que llevan regentando el local desde hace algo más de cinco años.

«En invierno no hay mucha gente, un día como hoy de noviembre pueden venir como mucho diez personas», señala. Ante la pregunta si compensa mantenerlo abierto durante el invierno, explica que no. «Abrimos por la gente, para dar servicio. Los fines de semana sí que hay más jaleo, pero entre semana no hay casi nada».

Esta es la misma situación que viven en el pueblo vecino. Yolima Rodríguez regenta el bar de Encinillas desde agosto, un municipio con 319 personas censadas. Ella se decidió a abrirlo por «las ganas de trabajar».

Además, revela que agosto y septiembre no fueron malos meses, pero que en noviembre se ha notado el descenso de personas que acuden. «Vienen a echar la partida o los fines de semana se juntan por la noche a tomar unas cañas» pero eso a veces no es suficiente. «Para abrir un local de estos se necesita que la gente acuda, si lo abres aunque tengas muchas ganas pero la gente no viene..», lamenta dejando en el aire la respuesta. 

Beneficios. Volviendo al estudio 'La dimensión social de la hostelería',  expertos del sector destacan el bar como «el establecimiento propio de la interacción social, ideal para iniciar conversaciones, pero a su vez es multifunción porque es el que cumple más funciones sociales». Además, revelan que «la hostelería en España es la forma de conectar, de abrirnos a la gente, de unirse, de charlar, de hacer negocios, todo lo hacemos en la hostelería, siempre lo hemos hecho en la hostelería y, además, es lo que nos da, llamémosle.. el avance y la alegría de poder disfrutar los ratos libres que tenemos fuera del trabajo» .

Por otro lado, expertos sociales coinciden en el carácter socializador de los bares. Entre las funciones sociales de estos locales, destacan que favorecen las relaciones directas, que evitan el aislamiento y la soledad, que aportan seguridad al entorno, que proporcionan servicios personales y que favorecen la cohesión social y la integración.

En resumen, el bar del pueblo constituye uno de los últimos reductos contra la despoblación.