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Valió la pena

Sergio Arribas
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El reto de Noelia y Alfonso pasa por ir mejorando en pasos y coreografías, de bachata y salsa, en los próximos meses. «Pero lo hacemos para seguir disfrutando». Noelia Gómez, directora de la Fundación D. Juan de Borbón, muestra su Cara B.

Valió la pena - Foto: Rosa Blanco

A su marido, el mexicano Alfonso Aguirre, no le conoció bailando, sino en clase, cuando ambos eran alumnos de posgrado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Sin embargo, el flechazo y el posterior noviazgo no se gestó en el aula o la biblioteca , sino entre baile y baile, en aquellas cosmopolitas fiestas universitarias. «Yale es muy internacional y había una importante comunidad latina. Salían mucho a bailar y yo me uní a ellos», recuerda Noelia Gómez (Segovia, 1982), que aclara cómo entonces, allá por el año 2006, los pisotones en la pista entre la pareja de enamorados eran habituales. Fue después en México cuando ambos dieron un «paso adelante» y no solo por adquirir la condición de profesores de música. Docentes en la Universidad de Chiapas UNICASH, Noelia y Alfonso decidieron apuntarse a clases de baile. Y no de cualquier disciplina, sino de salsa.

Si en España la costumbre es 'salir a tomar el vermouth', en México lo es el 'salir a bailar', por lo que resulta casi un pecado mortal no saber moverse al ritmo de Ricky Martín o Marc Anthony. Y como canta el puertorriqueño: 'valió la pena'. Les unió más.

La salsa  apasiona a Noelia Gómez, intérprete profesional de viola, con varios premios internacionales en su 'mochila' y actual directora de la Fundación Don Juan de Borbón. Ha sido en la pandemia, en el confinamiento, cuando Noelia y Alfonso para matar el aburrimiento y hacer ejercicio echaron mano de los tutoriales de Youtube y recordaron aquellas clases de salsa. «Bailo por pura diversión», confiesa Noelia, que desde hace mes acude con su esposo a la Academia de Laura Segovia para profundizar en los ritmos latinos, de salsa y bachata; en una imagen que poco o nada tiene que ver con la más habitual de la pareja; cuando ambos comparten escenario como 'Dúo Ditirambo', el original ensemble de viola y guitarra con sede en Segovia y de proyección internacional. 

Valió la penaValió la pena - Foto: Rosa Blanco

«Pues sí, claro que he dado algunos pisotones y pasos en falso en la vida… pero son de los que más he aprendido», reconoce la responsable de la Fundación, nieta de Gabriel Gómez y Maximina Segovia, fundadores del Restaurante San Marcos. A Noelia no le dio por los fogones y sí heredó la inquietud artística de su abuelo, que leía, recitaba y escribía poesía y que falleció el año pasado a los 97 años. No obstante, fue su tía Mari Carmen la culpable de que se dedicara a la música profesional. Escuchó en un programa de radio que los niños que aprendían y escuchaban música desarrollaban después un talento especial para la música y a los ocho nietos les apuntaron a clases musicales, empezando por Noelia, la mayor, y la única que finalmente hizo del solfeo su oficio.

Sin embargo, más que su tía Mari Carmen —que también— quien más influyeron en que tomara el camino profesional de la música fueron algunos profesores de conservatorio, además de cursos o exitosos conciertos que le sirvieron de estímulo.

Los recuerdos de la niñez y adolescencia tienen como escenario el bar y restaurante San Marcos. Con su abuela, en la cocina, Noelia pelaba ajos o patatas, servía las mesas…. Y en toda celebración que tenía como escenario el salón del restaurante, Noelia siempre subía a amenizar la reunión con su inseparable viola, que pronto aparcó la dulzaina, con la que «torturó» a algunos tíos suyos con sus ensayos. 

Valió la penaValió la pena - Foto: Rosa Blanco

Del Conservatorio de Segovia, al Real Conservatorio de Música de Madrid. El despertador sonaba a las siete de la mañana y el restaurante familiar era entonces el mejor lugar para estudiar partituras, escuchar música para el entendimiento técnico o para hacer escalas y rutinas del instrumento, muchas veces antes de ir a clase a Madrid. «Era un sitio maravilloso para estudiar. No molestaba a nadie ni me molestaban. Me hacia mi café y a eso de las diez de la mañana ya aparecían mis tías, mi padre o algún camarero.. luego me subía al comedor o me iba a casa de algún familiar o me iba ya a Madrid.. cada día eran 6 ó 7 horas de estudio y ensayo», recuerda.

«Sin pasión no hay disciplina», defiende Noelia, que tras estudiar en Madrid obtuvo una prestigiosa beca del programa 'FulBright' que le dio billete para la Universidad de Yale, en el estado norteamericano de Connecticut. Tan solo iba a quedarse un año —por cuestiones económicas—  aunque finalmente fueron tres, los que necesitaba para acabar el máster. Y lo hizo gracias a una generosa donación anónima —nada menos que 100 millones de dólares— que recibió la escuela de Música de Yale y que permitió a decenas de músicos con talento de todo el mundo cursar sus estudios gratis en la prestigiosa universidad. 

Noelia marchó después a Alemania —a la Hoschschüle für Musik de Colonia—, también gracias a una beca —la Humboldt— antes de volver a reunirse con Alfonso, que había quedado en Estados Unidos, y marchar juntos a México, para trabajar como profesores en la UNICASH de Chiapas y enseñar música a alumnos procedentes de áreas rurales con dificultades económicas. 

En seis años en el pais azteca Noelia fundó la camerata de la universidad y creó el festival internacional de música Paax Fest de Chiapas… Y cambió su acento, según le decía su familia cuando regresaba en vacaciones y navidades. «Allí, en México, me decían que tenía acento español y aquí que era purita mexicana. Cuando vives en otro país, te quedas en un limbo». 

El dúo ditirambo. La pareja regresó a la península hace ahora seis años para realizar el doctorado en la Universidad de Abeiro (Portugal), aunque pronto tomaron como destino Segovia, donde, por esta circunstancia, estableció su sede el 'Dúo Ditirambo', el que forman Noelia y su marido, y que supone una formación musical única, por la infrecuente combinación de viola y guitarra clásica.

Recién llegados a España, en un país que apenas empezaba a aflorar de la crisis, los conciertos para el dúo no eran demasiados y Noelia compaginaba su faceta como músico profesional con el trabajo en el restaurante familiar. Pero el éxito estaba latente y llegó casi sin buscarlo. Como 'Dúo Ditirambo' participaron en el festival 'Yale Guitarre Extravaganza' en el mismo escenario donde ambos, como estudiantes de posgrado, se sometieron al examen de música de cámara. A este concierto, le siguieron otras citas en Kentuky, Bostón, Chicado… Y en Portugal, México y, por supuesto, España: en Sevilla, Barcelona, Cádiz, Santander, Oviedo, Madrid... 

«La música, desde pequeña, la vivo como parte central de mi vida, no sé que sería sin ella», confiesa Noelia, que suma varios premios, como el 'Georgina Lucy Grosvenor Memorial Prize' o el 'Mirabent i Magrans'. "La música de cámara —añade— que me apasiona, tiene que ver mucho con mi personalidad. Tocar con otras personas te hace ser conciliadora, no buscar el conflicto. Creo que una de mis virtudes es buscar la forma creativa de salir de los problemas».

Cuando se le asignó la responsabilidad de dirigir la Fundación Don Juan de Borbón, quien más se alegró fue su familia. «He estado diez años fuera y mis padres, José Luis y Reme, son los que más contentos están por que esté aquí en Segovia», afirma Noelia, que reconoce que si un día no toca la viola «puedo llegar a ser insoportable». Además de con Alfonso en 'Dúo Ditirambo', toca en el Ensemble María de Pablos —con la mezzosoprano Cristina del Barrio y la pianista Puerto González— y en el Quartetto Da Vinci —con Ferdinando Trematore, Martina Alonso y Alejandro Viana—. En los últimos meses ha tocado en la Biblioteca Nacional, en el Instituto Cervantes o en el Paraninfo de la Universidad Complutense.

«No debo pasar un día sin tocar», confiesa, como también que cuando acuesta a su hijo Guillermo, a punto de cumplir los cinco años, suele ensayar con el instrumento, normalmente de nueve a once de la noche. «Si lo dejas, si no tocas, te duelen las manos. Y lo notas cuando te pones a tocar sin haberlo hecho durante mucho tiempo. Es lo que llamamos estar fuera de dedos», aclara. A Noelia la música no le calma como a las fieras sino que la activa. Lo que más le relaja es una buena comedia o monólogo, especialmente si son de Manuel Maldonado o Andreu Buenafuente.

Y si de entretenimiento se trata, la cocina también le ocupa. Suele sorprender a sus comensales con la gastronomía mexicana. «Me gusta el picante, aunque no tanto como a mi marido Alfonso, como buen mexicano. Y sí, todo los días hay picante en mi mesa», afirma la música segoviana, que aún desconoce si su hijo Guillermo tomará el mismo camino que el de sus padres, aunque, por ahora, ya apunta talento y destrezas. «Coge la guitarra de su padre de forma natural y en el piano ya sabe algunas canciones que aprendió jugando. Me pide que le ponga a Bach, Tchaikovsky... pero también a Juan Luis Guerra, los Beatles…»

El reto de Noelia —y de Alfonso— pasa por ir mejorando en pasos y coreografías, de bachata y salsa, en los próximos meses. «Pero lo hacemos para seguir disfrutando. No hay que estresarse», aclara Noelia, que bien podría hacer suya la declaración de amor de Marc Anthony. «Valió la pena». Estudiar, ensayar, tocar... y también aprender a bailar salsa.