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Las otras caras segovianas de los Juegos Olímpicos de Tokio

Nacho Sáez
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El periodista José Rodríguez y el fotógrafo Sergio Mateo, ambos segovianos, relatan su experiencia en la cita de Tokio, donde las incomodidades por la pandemia se mezclan con el privilegio único de vivir el evento cumbre del deporte mundial.

La otra cara segoviana de los Juegos Olímpicos de Tokio

Los Juegos Olímpicos serían algo así como el genio de la lámpara. Están para hacer cumplir deseos. El de unos es colgarse una medalla, el de otros meterse en una final o batir su marca personal y el de la mayoría simplemente participar. Anhelos que rodean a una cita que también hace soñar despiertos a quienes les toca trabajar alrededor de los deportistas. En una nube se han movido estas dos últimas semanas dos segovianos, José Rodríguez y Sergio Mateo, periodista y fotógrafo, respectivamente, desplazados a Tokio para cubrir el evento. Para ambos son sus primeros Juegos y, aunque al cierre de esta edición la llama olímpica aún no se había apagado, ya se atrevían a calificarlos como la mejor experiencia de sus vidas.

José Rodríguez es redactor en Radio Marca, donde habitualmente narra los partidos del Atlético de Madrid y es el locutor especializado en ciclismo, además de productor de uno de los principales programas de la emisora. «Estuve en Anfield en ese último partido antes de la pandemia que ganó el Atleti, pero no hay nada parecido a esto», afirma en conversación telefónica a las dos de la mañana de Tokio. Acaba de terminar de grabar los últimos pasos de una jornada que ha vuelto a ser extenuante. Está durmiendo apenas tres horas, aunque con gusto. «Yo es que soy un friki. De pequeño me veía hasta el deporte más raro, así que poder ir el mismo día al balonmano, al baloncesto, a la natación o al atletismo es algo increíble. Todo el mundo dice que están siendo unos Juegos rarísimos, pero para mí están siendo la leche», subraya.

Las narraciones de las competiciones las realizan sus compañeros desde España y él se encarga de acercar todo lo que no se ve por la televisión y de gestionar las entrevistas con los protagonistas. En su opinión, hasta el martes el momento de estos Juegos había sido la jornada de domingo en el estadio olímpico. «A mí encanta el atletismo y era el primer día que iba. Pues Ana Peleteiro logró el bronce en una final de triple salto en la que se batió el récord del mundo, la final de salto de altura también fue preciosa, se conoció al sucesor de Usain Bolt en los 100, Adrián Ben la lió en los 800... Fue una jornada alucinante. Y por la mañana había estado con Ray Zapata en la gimnasia». Del resto se queda con la actuación del nadador estadounidense Caeleb Dressel –cinco oros– y por supuesto con el impacto de la retirada de Simone Biles, que reapareció en el último día de la gimnasia con un bronce. «Es un producto brutal. Si su caso sirve para que se incida más en la salud mental, genial».

Respecto al papel de España, consideraba que 15 medallas serían el aprobado. «A lo mejor teníamos 60 opciones, pero ninguna era segura. O quizás dos en kárate y otras dos en piragüismo, pero por ejemplo no se puede calificar como un fracaso que David Llorente no logre una medalla». El encuentro con el palista segoviano es otro de los momentos especiales que le dejan de momento estos Juegos. «Me acuerdo hace unos años que le hice un reportaje y era un renacuajo. La pala era más grande que él. Después de la final estaba muy fastidiado, pero tiene que pensar que es muy grande haber llegado en su debut a la final», asevera.

Los dos se vieron fuera de los recintos de competición 'rompiendo' una de las muchas normas que adornan esta cita olímpica. «Lo de los papeleos y permisos ha sido aborrecible. Hasta el día antes de empezar no lo teníamos cerrado. La organización deja mucho que desear en algunos aspectos. Los autobuses, por ejemplo, no hacen rutas circulares. Aunque una instalación esté muy cerca de otra, tienes que ir en autobús al IBC –el centro de prensa– y de ahí a la otra instalación. Pero los Juegos son magia pura y la gente se está portando muy bien. Los voluntarios son súper gentiles».

«Solo los japoneses pueden organizar unos Juegos en medio de una pandemia», abunda Sergio Mateo, que destaca su sentido del orden pero que pone el acento también en la improvisación que se detecta. «Hay cosas que no tienen sentido. Yo tengo el estadio olímpico a 25 minutos del hotel andando y a una hora y media o dos en autobús». Un alojamiento que tuvo que cambiar a apenas un mes de la inauguración. «Me dijeron que me tenía que quedar en un hotel oficial y me he tenido que gastar el triple», revela. Tantas trabas le hicieron plantearse la posibilidad de no acudir a los Juegos: «Llegue a pensar que me estaba obcecando demasiado en estar. Todos los problemas suponían un desembolso económico. Además estaban todos los protocolos de la pandemia. Pero fue empezar a trabajar y todo lo contrario. Está siendo de las mejores experiencias de mi vida».

Este zamarriego es su propio jefe. Hace siete años que fundó SportMedia, la empresa con la que ha conseguido que sin ir más lejos sus fotografías de Yulimar Rojas y Ana Peleteiro después de la final de triple salto se convirtieran en la imagen de apertura de ‘El País’ y ‘La Vanguardia’ el pasado lunes. La pandemia se llevó por delante el 70 por ciento de su negocio –también gestiona redes y realiza trabajos audiovisuales para marcas como Nike o Adidas–, pero lejos de arrojar la toalla se volcó aún más en las competiciones –antes que en los Juegos ha estado en Mundiales y campeonatos de Europa de atletismo– y espera cerrar este 2021 con su récord de facturación.

En Tokio ha tenido que ser paciente para empezar a trabajar. Llegó a la capital nipona el día de la apertura, pero estaba obligado a guardar una cuarentena de tres días. Al cuarto ya estuvo en el triatlón femenino y en el piragüismo, donde fue testigo de la plata de Maialen Chourraut y fotografió también a David Llorente. Pero lo suyo es sobre todo el atletismo. De ahí que espere que la imagen de estos Juegos sea una de este deporte. «De momento ya he visto dos récords del mundo. La de 400 metros vallas probablemente haya sido la mejor carrera que se haya visto nunca en ninguna distancia», decía Mateo el martes. Le queda la espina de perderse las competiciones de marcha y la maratón, que se disputan en Sapporo. «Económica y logísticamente era una locura. Hay 1.000 kilómetros de distancia». Aun así estos días quedan ya para él para siempre. «No son los Juegos esperados, pero al final son unos Juegos», zanja.