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El verano da una tregua al hambre

Sergio Arribas
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Los contratos temporales asociados al periodo estival, especialmente en hostelería, reducen las demandas urgentes de asistencia social y de alimentos, que habían aumentado un 40% desde el comienzo de la pandemia

El verano da una tregua al hambre - Foto: Rosa Blanco

En el diagnóstico coinciden los representantes de las oenegés. El verano siempre supone un respiro, un paréntesis, una pequeña tregua, a las necesidades de asistencia social y de alimentos. Y, por fortuna, este año no es diferente. Las colas del hambre ‘disminuyen’, pese a que muchas empresas mantienen empleados en ERTE y arrastran cuantiosas pérdidas como consecuencia de la crisis económica sobrevenida. 

El hundimiento económico asociado a la pandemia elevó en el primer año un 40% la demanda de asistencia social y de alimentos en Segovia, según Cáritas, Cruz Roja y el Banco de Alimentos, que adaptaron sus estrategias para responder a la crisis. Quizá lo peor haya pasado, aunque la ligera caída de la demanda de ayuda de las familias este verano sea un espejismo y responda tan solo a una situación coyuntural. El tiempo lo dirá.

Situación «estable». «El verano siempre es un paréntesis dentro de la problemática social en general, independientemente de que haya coronavirus o no», explica el gerente de Cáritas Diocesana de Segovia, Samuel Hernández Martín. La razón es sencilla. «Se mueve la hostelería, motor principal de la economía de Segovia y todo cambia. Ahí hay gente que puede trabajar, con o sin contrato. El nivel de necesidad inmediata disminuye en verano de cualquier año y en este año también se ha notado», afirma Hernández, que considera que la situación es ahora «estable» y lejana de aquellos primeros meses tras la irrupción de la pandemia y de las últimas navidades, donde se vivieron «momentos complicados».

El perfil de la persona que requiere la asistencia de Cáritas de Segovia no ha cambiado. «Lo que cambia es la intensidad porque cuando se encuentran trabajos temporales ya no existen necesidades tan inmediatas o urgentes», matiza el gerente de la onegé. Se trata de un demandante de perfil «heterogéneo», aunque «sí es cierto que de todas las personas atendidas, un tercio nunca habían venido a Cáritas, lo han hecho con la crisis de la Covid-19». En otras palabras, uno de cada tres personas que acudió el año pasado a Cáritas lo hizo por primera vez y como consecuencia del hundimiento económico asociado a la pandemia. Según explica Samuel Hernández, el otro 66% de los atendidos ya tenían abierto un expediente en la oenegé, tanto por sufrir necesidades económicas por tiempo prolongado u otros problemas, como los relacionados con alguna adicción o discapacidad.

De acuerdo con la memoria de 2020, 1.126 personas participaron en los programas de acogida y atención primaria de la onegé. Hasta 179 personas tuvieron acceso al economato social ‘Virgen de la Fuencisla’ —donde las familias pueden acceder a productos de alimentación y de higiene más económicos que en los comercios habituales— y otras 197 personas sin hogar recibieron la asistencia de Cáritas. Los peores momentos, según recuerda Samuel Hernández, esto es, el ‘pico’ en la demanda de ayuda se produjo en los meses del confinamiento domiciliario durante el primer estado de alarma, de marzo a mayo. «Teníamos unos mecanismos de ayuda y se tuvimos que cerrar físicamente. Se cerraron negocios, muchos empleados fueron a un ERTE, la necesidad se disparó durante aquellos primeros meses. La misma situación se repitió en navidades», recuerda.

La experiencia avisa a la oenegé que tras la tregua del verano se produce, a finales de septiembre, una «avalancha» de demanda asistencial, con independencia del fenómeno de la pandemia. «Hay muchos más gastos, como los libros escolares, el gasto en luz y calefacción. Los días ya no son tan largos y se pasa más tiempo en casa, donde pueden surgir problemas familiares o adicciones».

Un 20% menos de peticiones en el Banco de Alimentos de Segovia. Rufo Sanz, presidente del Banco de Alimentos de Segovia, confirma el diagnóstico. En los últimos «20 ó 25 días» la demanda se ha reducido, entre un 15 ó 20 por ciento, porque «por fortuna ya hay mucha más gente trabajando, sobre todo en hostelería». «Por suerte han encontrado trabajo y ya no tienen que acudir a nosotros», afirma Sanz, que a finales del año pasado desveló que entre 2.000 y 3.000 personas en Segovia recibían alimentos recogidos y almacenados por la entidad, 1.000 personas más que durante la crisis de 2008. Entonces sus almacenes estaban al 50 por ciento. Al igual que en Cáritas, en el Banco de Alimentos de Segovia, sus voluntarios atendieron a familias que nunca habían requerido este tipo de ayuda, lo que su presidente Rufo Sanz, denomina «pobres vergonzantes», porque no quieren que sus hijos vean que traen los alimentos de un lugar en lugar de comprarlos en el supermercado.

El Banco de Alimentos de Segovia no tiene hoy problemas de suministro y mantiene una buena cantidad de productos almacenados, aunque «nunca es como uno quisiera», matiza Rufo Sanz, que avisa que «todo puede empeorar en septiembre y octubre». «Por desgracia habrá empresas que no puedan tirar para adelante y aunque los segovianos somos muy solidarios, creo que este invierno lo vamos a pasar mal todos».