UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Y los niños

03/04/2020

Pensaba hace unos días en los efectos especialmente graves que la pandemia está teniendo para nuestros mayores, esa generación irrepetible que está pagando el peor precio, cuando era la que menos lo merecía. Pienso hoy en la siguiente, en la de nuestros hijos y nuestros nietos, en la de los niños que un buen día, aquel lunes 16 de marzo, se levantaron sin las prisas habituales porque no tenían que ir al colegio. Muchos de ellos, dependerá de la edad, ni siquiera saben bien cuál es el motivo; como mucho estarán percibiendo que pasa algo raro, que no pueden salir de casa, aunque haga sol, ni siquiera al parque o a los columpios que quizá estén contemplando desde la ventana. Y estarán echando de menos a los amigos y amigas del cole, y el bullicio de los recreos, y tantas cosas, ilusiones y fantasías, que su imaginación infantil habría ido construyendo para aplicarlas en su día a día. Obviamente, los que ya tienen una capacidad de comprensión mayor, adolescentes y jóvenes, lo estarán viviendo y asimilando de otra manera, y también habrán de ser objeto de consideración especial. Pero hoy pienso en los más pequeños, los que aún tienen una percepción confusa de lo que les rodea y no alcanzan a entender bien lo que está pasando, más allá de la experiencia de estar encerrados en casa.

Supongo, en todo caso, que la inconsciencia en el ámbito más racional de la personalidad de un niño, no evita el impacto de lo que está sucediendo en otros ámbitos mucho más sensible, en lo espiritual, en lo emocional; en los sentimientos, en definitiva. Desconozco la huella psicológica que todo esto dejará en su desarrollo futuro; qué tendencias quedarán en su carácter, porque quedarán, en función de lo que hayan percibido; si será la precaución, o el miedo, o la ansiedad, o la esperanza. Y qué valores; si apreciarán más la vida social, la amistad, la solidaridad, las necesidades colectivas, o lo contrario.

Porque, sea como sea, estos niños del tiempo de la epidemia son los protagonistas del futuro. Y ojalá les quede dentro, para cuando puedan ir racionalizándolo, que hay prioridades y límites; que no siempre las prioridades se atendieron debidamente y que muchas veces los límites se sobrepasaron en exceso. Para que, cuando lean en los libros lo tremenda que fue la epidemia del 2020, siendo ellos niños, sepan que todavía tienen la posibilidad de hacer tantas cosas de otra manera.