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"Hay que aprender a sufrir para dejar de sufrir"

María Albilla (SPC)
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"Hay que aprender a sufrir para dejar de sufrir" - Foto: Xavier Torres Bacchetta

¿Quién dijo miedo? Pues a partir de ahora, nadie. Rafael Santandreu presenta en el libro Sin miedo (Grijalbo) su método para superar cualquier tipo de temores, ya sean ataques de pánico, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), timidez, hipocondria o depresión.

Con la salud mental en el punto de mira de la sociedad ante el aumento de la incidencia de estas alteraciones, el psicólogo propone una terapia de exposición en cuatro pasos que garantiza que funciona. Porque a la mente hay que educarla y conquistarla. Por eso se presenta como un Hernán Cortés de la mente. «Los conquistadores eran personas que iban a la batalla sabiendo que era muy probable morir. Pero aún así, se alistaban voluntarios. Pues nosotros también podemos ser conquistadores, pero de nuestra propia mente», asevera.

¿Qué son los ataques del desequilibrio emocional que trata en Sin miedo?

Son aquellos que cursan con miedo agudo. Las personas que pasan por algo así lo viven de una manera muy confusa. Por ejemplo, en los casos de los ataques de pánico, TOC o hipocondría no entienden por qué les suceden, por qué tienen esos ataques de miedo sin razón lógica.

¿Cómo limita el miedo sus vidas?

Sentir todos los días esas emociones, ese temor agudo, es una amenaza constante que no te deja apreciar el resto de las cosas de tu vida. Estos pacientes lo pasan muy mal y acaban por limitar sus actividades. Dejan de viajar, de ir a ciertas reuniones... Incluso no pueden amar de una manera lógica a la gente que les rodea porque viven asustados.

Llevamos ya dos años viviendo en pandemia, una situación que hace flaco favor a poder vivir sin miedo.

Con la pandemia han aumentado el doble la cantidad de trastornos mentales que tenía la población. Está siendo devastadora para las personas que no estaban fuertes a nivel emocional. Es como la peor pesadilla de la salud mental.

¿Se puede vivir sin miedo en la era de la COVID-19?

Claro que se puede. Esta es la gran noticia. En este libro he incluido los testimonios de una veintena de personas que han sido capaces de superar miedos muy agudos y ahora no temen a nada porque han aprendido la técnica para no tener miedo en la vida. Esto es muy importante porque si ves que otras personas pueden hacerlo, es posible que tú también puedas.

La pandemia nos ha roto los esquemas del mundo que conocíamos. ¿Qué podemos hacer para volver esta situación a nuestro favor?

Hay que aprovechar esta adversidad para hacer una transformación personal y poder salir reforzado. Mi método está dirigido a las personas con ataques de pánico, pero es igual de útil para cualquiera. Si esta situación te lleva al crecimiento personal, a superar ciertas aprensiones, ahí tendrías una oportunidad.

¿Entiendo que esto forma parte de la autoterapia que recomienda?

Sí. Se necesita una guía, pero se puede hacer autoterapia. Es duro, claro. Superar miedos agudos significa afrontar de manera sistemática y diaria esos temores, hacerse amigo de ellos y convivir con las fuentes de donde surgen. Y es importante hacerlo de manera sistemática e intensa. Generalmente la gente solo hace ese trabajo cuando no le queda más remedio, cuando ya tiene un trastorno emocional, porque es duro y somos cómodos. En realidad, aunque tengas la ayuda de un terapeuta, el trabajo lo tienes que hacer tú.

Afrontar es el primer paso de la terapia de exposición que propone, pero ¿qué se le dice al miedo cuando se le mira a la cara?

Bueno, no hay que esperar mucho del diálogo con el miedo, no le vas a convencer... Con el miedo no hay que dialogar, hay que hacerle caso omiso. ¿Qué le quieres decir algo? Pues dile: 'Tengo total determinación para vencerte'. 'Hagas lo que hagas y digas lo que digas no me vas a dominar'. 'Haz lo que quieras, miedo. Yo voy a seguir adelante'.

Otra de las frases más heavies que le puedes decir a tu miedo es: 'Si me muero, me muero'. Con esto les insisto mucho a mis pacientes, porque el pavor siempre te amenaza con la peor fantasía que puedes imaginar y esa es matarte, aunque sea absurdo. Nadie se ha muerto por un ataque de pánico.

Ahora bien, aunque estas son unas de las cosas que le puedes decir al miedo, no hay que contar con que te vaya a hacer caso... Una de las habilidades que enseño con mi método es a bloquear la mente y hacerla caso omiso cuando tenga un diálogo que no te interesa.

Segundo paso: la aceptación, incluso hasta sufrir...

Una de mis pacientes decía que esta terapia consiste en aprender a sufrir para dejar de sufrir y está muy bien esta definición. Para curarse hay que entender que la medicina es vivir esos síntomas del miedo con tranquilidad, sin prisas. Es el trabajo más difícil porque la mente va a querer huir de esa necesaria aceptación.

Así llegamos a flotar. Tercera etapa.

Esto es ponerse lo más cómodo posible dentro del malestar. Escuchar música, darte un paseo... Cuanto más cómodo te sitúes para pasar esos momentos de pánico, mejor. También es difícil...

Y aquí entra el factor tiempo como último paso...

Tienes que comprender que no se puede tener prisa. Si tienes prisa no estás aceptando. Hay que asumir que hay que afrontar día a día. No poner límite al tiempo.

¿Aprender a sufrir no es algo que suena contradictorio en una sociedad que parece intolerante a cualquier malestar o frustración?

Esto sin duda está jugando un rol muy importante en el aumento de los trastornos de ansiedad. Un rechazo tan absoluto al malestar produce malestar. Es necesaria cierta tolerancia a la incomodidad.

¿Precisamente para aprender a tolerar ese malestar está la metáfora de la cloaca?

Esto lo que nos explica es que cuando permanecemos frente a una emoción negativa el tiempo suficiente y de manera relajada, el cerebro deja de producir esa emoción negativa. Lo vemos con el forense para el que abrir un cadáver es la cosa más normal del mundo o el pescadero que ya no huele el olor a pescado. Aprovechemos esa desensibilización neuronal, por eso los cuatro pasos que propongo son universales, no fallan.

¿Entonces a la mente humana se le puede educar?

Exactamente. Hay que educarla igual que a un niño para que no se coja pataletas o use el chantaje emocional como instrumento de comunicación.

Pero es que es muy escurridiza...

Sí, lo es. Pero lo es cuando no está educada. Los niños pequeños pueden ser un terror, pero bien educados son como la mente; es cariñosa, agradable, simpática, tierna, hermosa... es fantástica. Pero una mente desbocada puede ser infernal.

¿Cualquier persona puede acabar cayendo en las trampas mentales?

Sí y esto es muy importante porque hay gente que cree que no. Hay personas que piensan que ellos tendrán salud mental toda su vida y eso no funciona así.

Puede haber bomberos condecorados por su trabajo o altos ejecutivos que, de repente, caen en un trastorno de ansiedad y no se lo explican. Porque es una trampa. Solo con tener la mala suerte de coger miedo a un proceso interno o un pensamiento para que puedas caer.

¿Y se pueden prevenir esas trampas mentales?

Claro, pero no del todo. Se puede prevenir si tú eres capaz de ver que vas a caer en una de ellas y reaccionas rápido.

¿Eso no es muy complicado?

No, te creas. Si aprendes a ver venir el miedo y lo afrontas te acostumbrarás a frenarle.

¿Esto sería aplicable, por ejemplo, a un caso de depresión?

Se podría si lo que haces es no huir de la fuente de la tristeza, por ejemplo. Parece paradójico, pero lo vemos muy claro en casos de estrés por trastorno postraumático. Esto se cura hablando del trauma una y otra vez con todo detalle. Hace poco traté el caso de un chico que se había visto envuelto en una pelea con 19 años y tenía estrés postraumático siete años después. Le costaba salir de casa, no iba por la zona donde sufrió la agresión, dejó la universidad porque le sucedió a la salida de la facultad... Y la terapia consistió en hablar, en recrear una y otra vez cada detalle. Él está curado totalmente ahora.

Algunas depresiones, no todas, son debidas al propio miedo a la tristeza, por lo que no habría que huir de ella. Pero hay que subrayar que no todas las depresiones son así. Otras que tienen otras causas y se trabajan de otra manera.

 

¿Qué papel está jugando la autoexigencia en la salud mental?

Vivimos en un mundo hiperexigente. Si lo comparas con cómo vivían nuestros abuelos, alucinas. Ellos iban despacio y tranquilos. No tenían las exigencias actuales, no tenían que estar delgados, tener estudios, estar al día tecnológicamente, mantenerse en forma, poseer un piso en propiedad... Todo esto provoca un estrés brutal y es el abono óptimo para caer en las trampas de la mente. La solución aquí es entrenar para aprovechar la vida moderna, pero sin exigirte nada. Hay que liberarse de las exigencias, tanto materiales como inmateriales. Por ejemplo, no necesitar que la gente te respete. O no necesitar que te den la razón. Esto a la larga te quita mucha salud mental. ¿Pero para qué la quieres si en realidad no te va a dar la felicidad?

 

Ahora se habla de ir al psicólogo como una necesidad más de la población, ¿no es esto una autoexigencia nueva?

Es una exageración. Se puede hacer un trabajo de crecimiento personal por cuenta propia con una buena guía. De hecho, de los testimonios que cuelgo en mi canal de Youtube, muchos son de personas que han contactado conmigo porque a través de mis libros han hecho este trabajo por sí mismos.

Durante mucho tiempo tener una enfermedad mental era motivo de vergüenza. ¿Esto está superado?

En esto hemos mejorado muchísimo y ayuda que gente popular o con logros o admirada haya salido del armario y contado que han tenido sus crisis emocionales y que han ido al psicólogo. Está muy bien y es muy importante en casos, por ejemplo, como el TOC. De media, la gente que tiene un TOC tarda siete años en acudir a un profesional. Durante todo este tiempo sufren un montón y ni siquiera saben que hay una cura para eso que les deja bloqueados. Fíjate qué lástima... Por eso es importante que se hable de ello.

 

¿Administrativamente se están dando los pasos necesarios, como ha sido la admisión a trámite de una nueva Ley de Salud Mental?

Todos tenemos que darnos cuenta de que la salud mental será el gran problema del futuro porque el crecimiento de estos problemas es exponencial. Lo hace más que cualquier otra enfermedad y hay que encararlo. Nuestra sociedad genera malestar emocional, así que habrá que enfrentarlo de alguna manera.