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El estigma de la Residencia Asistida

Nacho Sáez
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Tras quedar señalado en los momentos más duros de la pandemia como el centro con más mortalidad, la falta de personal pone en entredicho ahora la calidad de su asistencia.

Dos trabajadoras de la Residencia Asistida muestran carteles de protesta. - Foto: Rosa Blanco

Yo no tengo a mis padres pero si los tuviese, no tendría ningún problema en que hubieran ido a la Residencia Asistida en caso de que lo hubieran necesitado». Antonio García, auxiliar de enfermería, defiende a capa y espada el centro en el que trabaja, en la diana desde que estalló la pandemia del coronavirus. «Parece que se habla de la Residencia Asistida y se habla de un centro de otro tipo, pero estamos muy orgullosos de nuestro trabajo», insiste en subrayar Antonio mientras de fondo se escuchan los gritos de «gerente dimisión» de sus compañeros. Han decidido concentrarse delante de la Gerencia de Servicios Sociales, en plena Calle de los Bares, como continuación de una serie de protestas que inciaron hace un mes por una situación que les ha llevado «al límite».

Los estigmas parecen perseguir a la Residencia Asistida. En pleno confinamiento, un medio de comunicación llegó a referirse a ella como «el asilo maldito». Más de medio centenar de sus usuarios –de un total de alrededor de 240– murieron por coronavirus o con síntomas compatibles pero sin que les hubieran realizado la prueba diagnóstica. Una cifra devastadora pero descontextualizada porque la Junta de Castilla y León no desveló en ningún momento las cifras de mortalidad de los centros de mayores privados. Aun así y a pesar de que allí continuaban decenas de usuarios y trabajadores la Residencia Asistida pasó a ser para algunos «el asilo maldito». Un estigma del que cuesta despegarse.

El centro situado junto al Valle de Tejadilla creyó volver a ver entrar el sol con la vacunación y con el comportamiento de todos. Los residentes, con una actitud positiva para adaptarse a las circunstancias, marcadas por el aislamiento y las restricciones a las visitas de las familias. Y los trabajadores, con su esfuerzo, en algunos momentos altruista. Sin embargo, todo resultó ser un espejismo y no porque la inmunización no haya funcionado y el virus haya recuperado su letalidad. «Ha habido días en los que dos auxiliares de enfermería se han tenido que hacer cargo de cuarenta residentes en el turno de tarde», desvela Mercedes Hernández, una las alrededor de 160 empleadas de la Residencia Asistida.

Los trabajadores dan la espalda a la gerente de Servicios Sociales el pasado mes.Los trabajadores dan la espalda a la gerente de Servicios Sociales el pasado mes. - Foto: DS

La falta de personal y por ende la pérdida de calidad en la asistencia que presta es el nuevo estigma con el que tienen que cargar después de que la Junta de Castilla y León no haya cubierto, según aseguran, un buen número de las bajas que se han producido en la plantilla por bajas o vacaciones. «Tenemos problemas de auxiliares de enfermería, personal de servicios, subalternos, cocineros…», apunta Mercedes, que también participó este martes en la concentración celebrada a las puertas de la Gerencia de Servicios Sociales. UGT Castilla y León ha convocado una campaña de movilizaciones de los trabajadores de residencias de mayores y de centros de atención a personas con discapacidad psíquica (CAMP) ante lo que considera un «maltrato» sistemático de la Gerencia de Servicios Sociales. El sindicato reclama que además de actualizar unas relaciones de puestos de trabajo elaboradas hace 20 años para un modelo asistencial totalmente distinto y que han quedado obsoletas, es necesario incrementar las plantillas alrededor de un 20 por ciento en Castilla y León. Pero en Segovia al menos de momento solo se manifiestan los empleados de la Residencia Asistida.

«La Residencia Mixta –la otra que la Junta de Castilla y León gestiona en Segovia– está ahora mejor dotada de personal», indica Mercedes, reflejo del agotamiento físico y mental que, subraya, sufren los trabajadores de la Asistida. «Me parece que es una situación complicada. En cocina, aunque falte gente, tienes que seguir sirviendo los mismos menús. Nuestros residentes tienen las mismas necesidades durante los 365 días del año y la falta de personal repercute en todo».

Las divisiones inherentes a cualquier organización quedaron aparcadas el pasado 16 de noviembre cuando una mayoría de los trabajadores de la Asistida secundó recibir de espaldas a la gerente de Servicios Sociales, Carmen Well, que ese día visitaba el centro. «Nos prometieron cuatro contratos para que la gente pudiera disfrutar de los días que tiene pendientes y esos contratos al final se van a reducir en el tiempo, con lo cual no van a servir de nada. En el caso de las auxiliares tenemos nueve bajas sin cubrir, con lo que no se va a solucionar el problema», lamenta Mercedes, preocupada con el horizonte próximo: «Se están generando más bajas porque estamos trabajando con servicios mínimos. Es la pescadilla que se muerde la cola. Como no se cubran, cada vez va a haber más. Y las Navidades son un problema porque todos los años hay falta de personal, y este año las afrontamos con mucha preocupación».

Paralelamente la Junta anuncia la llegada de un nuevo modelo de residencias, enfocado a que estos centros se asemejen más a un hogar. «Es incompatible, por ejemplo, con la Residencia Asistida. Está muy bien dar más autonomía a nuestros mayores, pero el perfil del usuario de la Residencia Asistida en la actualidad es todo lo contrario. No son solo mayores sino también personas que han sufrido un ictus. Personas que necesitan unos cuidados. Aquí se necesita personal sanitario», remarca el auxiliar de enfermería Antonio García, quien pide sensibilidad: «Reclamamos que se lo tomen en serio. En un despacho no se pueden calcular los cuidados que necesita una persona. Cada persona es un mundo y hay que pensar que todos nos haremos mayores algún día y podemos ser usuarios de esa residencia. Tienen que ver a los usuarios y a los trabajadores como personas», concluye.