COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La deriva húngara

04/04/2020

El presidente de Hungría, Viktor Orban, no desaprovecha ninguna oportunidad para apretar las clavija al Estado de derecho, cada vez más disminuido en su país en el que gobierna con unas actitudes autoritarias impropias en un país democrático. La mayoría absoluta de la que goza su partido, Fidesz, en el parlamento del país le permite cometer todo tipo de tropelías antidemocráticas que le han valido el repudio, incluso, de la mayor parte de los partidos conservadores europeos.

La pandemia de coronavirus que afecta a todos los países y que ha obligado a tomar medidas de excepción en casi todos ellos ha sido aprovechada por Orban para ampliar sus poderes y ha decidido con el beneplácito del parlamento que podrá gobernar por decreto, durante todo el tiempo que dure el estado de alarma. Una capacidad legislativa que va acompañada de normas para la persecución de bulos que tengan que ver con la evolución de la enfermedad, pero que en la práctica puede suponer la censura de cualquier información que contradiga las versiones y los datos oficiales. La diferencia entre las prerrogativas de Orban y las que tienen otros mandatarios en otros países con poderes máximos durante el estado de alarma es que él no necesita acudir al parlamento a convalidarlos, mientras que no ocurre lo mismo en España, por ejemplo, donde deben ser votados y recibir el apoyo mayoritario.

El autoritarismo chino propio de una dictadura que ha aplicado medidas excepcionales de confinamiento y de control de la población es el modelo que ha referido Viktor Orban para tratar de frenar la expansión del coronavirus en su país.

Si Orban ya había recibido el rechazo de los países democráticos por su reforma de la justicia que le permite tener el control sobre toda la judicatura, y por supuesto sobre el Tribunal Constitucional que tendría, en su caso, que refrendar la validez de los decretos dictados al amparo de la epidemia, ahora no hace sino incrementar las dudas sobre su talante democrático. Por no hablar de su actitud insolidaria en la crisis de los refugiados como mascaron de proa del grupo de Visegrado que son lo más reticentes a su acogida en un sistema de reparto.

Las provocaciones y las actitudes autoritarias del presidente húngaro han vuelto a poner en alerta a los partidos conservadores europeos que han vuelto a pedir la expulsión del Fidesz del Partido Popular Europeo. Más de una docena de estas formaciones sobre todo del norte de Europa son los que encabezan esta iniciativa, mientras que el Partido Popular español, la CDU alemana y partidos de Francia e Italia se mantienen al margen de la condena porque consideran que la lucha contra la pandemia es lo esencial en estos momentos. Sin embargo, no parece que sean dos asuntos incompatibles de abordar simultáneamente y la lucha contra la pandemia no tiene porqué ir acompañada de un recorte de libertades y derechos, ni avalar comportamientos autoritarios, que ademas son reiterados.