Editorial

La gran coalición, única salida para la gobernabilidad tras las elecciones

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Casi siete meses después de las pasadas elecciones generales del 28 de abril, Pedro Sánchez volvió a ganar unas elecciones, cuyo resultado no despeja el bloqueo político que sufre el país. Cuatro convocatorias electorales en los últimos cuatro años no han servido para dar a España un gobierno estable que trabaje para capear los efectos de la desaceleración económica y para frenar el grave desafío territorial provocado por las instituciones catalanas gobernadas por los independentistas. Los resultados electorales de ayer suponen un fracaso para todos aquellos que apostaron por unas nuevas elecciones. El PSOE y Unidas Podemos han visto como perdían apoyos y como el PP se recuperaba de la debacle de primavera. Ciudadanos, por su parte, ha pagado caro su veto a Sánchez perdiendo 47 escaños y convirtiéndose en irrelevante, lo que no ha sido suficiente, sin embargo, para que Rivera anunciara ayer mismo su dimisión. Solo Vox ha sido el claro vencedor al capitalizar el malestar por la situación catalana tras la sentencia del procés y alcanzar los 52 escaños, 28 más de los que tenía.
Los españoles han vuelto hablar en las urnas, pero habrá que ver si los líderes políticos están a la altura de un escenario que aparece aún más fragmentado que en la pasada legislatura fallida. Está claro que los votantes apuestan por una España multipartidista en la que el diálogo debe presidir la vida política. Los escaños de las tres derechas y de las tres izquierdas no suman lo suficiente para garantizar una investidura y mucho menos para asegurar la gobernabilidad de la decimocuarta legislatura. Así las cosas, sólo caben dos escenarios posibles. El primero de ellos pasaría por investir a Pedro Sánchez con los votos del PSOE, Unidas Podemos, Más País, PNV y la abstención de Esquerra Republicana de Cataluña, lo que crisparía aún más la situación. O un acuerdo transversal en forma de gran coalición; un gobierno del Partido Socialista y del Partido Popular, con el posible apoyo de Ciudadanos, estaría por encima de los dos tercios de los diputados de la Cámara. Una situación que ayudaría a abordar los grandes temas de Estado como la reforma de la Constitución, de la Ley Electoral o de la financiación autonómica. Es cierto que supondría dejar la oposición en manos de Unidas Podemos y VOX, los dos extremos, pero significaría altura de miras y anteponer el interés de España a los intereses partidistas.
En un análisis más amplio, el gran perdedor ha sido el centro político, al reforzarse los extremos, particularmente VOX, y tener más presencia el nacionalismo, con esos 5 diputados de EH-Bildu que tendría grupo parlamentario propio, o la CUP que entra en el hemiciclo. Es el momento ahora de tener altura de miras y de saber interpretar el mandato de los votantes. Anteponiendo el bien de España a la estrategia política y dando una respuesta firme al desafío secesionista como requiere la situación.