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Editorial

Un PP unido en torno a Feijóo zanja su mayor crisis en tiempo récord

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Con la reunión esta mañana del nuevo Comité de Dirección, el PP iniciará la etapa Feijóo con un objetivo claro: volver a ser un partido de mayorías que alcance la presidencia del Gobierno como antes lo hicieron José María Aznar y Mariano Rajoy. El congreso de Sevilla ha servido para escenificar la unidad del partido en torno a un líder, pero eso solo no basta para alcanzar el poder. Para esto hacer falta lograr ensanchar la formación por el centro y atraer a esos votantes que se inclinan más por la credibilidad o la capacidad de gestión que por otras cuestiones que se enmarcan más en el plano ideológico. En un momento de enorme incertidumbre, los ciudadanos buscan en la política certezas y la capacidad que demuestre el PP a la hora de otorgárselas determinará su futuro más inmediato.

Para fijar esta posición en el tablero político no solo son necesarios discursos que apelen a la unidad, a centrarse en lo verdaderamente importante y a desterrar cualquier enfrentamiento estéril. También resultan  imprescindibles los debates ideológicos a través de los cuales vayan destilándose los valores a los que quiere aferrarse este nuevo PP. Es cierto que en Sevilla se ha echado de menos una mayor confrontación de ideas, pero no era el momento para hacerlo. Hace apenas un mes el partido ha sufrido una de las mayores crisis que recuerda y necesitaba cohesión interna para olvidar las luchas intestinas que apearon finalmente del cargo a Pablo Casado. Con la elección de su cúpula directiva, Alberto Núñez Feijóo ya ha dejado claras algunas cosas: que apuesta por la moderación, que cree firmemente en el papel que tienen que jugar los territorios periféricos y que elige a los que cree mejores, sin plegarse a un juego de equilibrios en función del poder numérico de cada agrupación. Los nombres de Cuca Gamarra, nueva secretaria general, y Elías Bendodo, coordinador, sugieren solvencia y suponen un punto y aparte con la crispación que generó la etapa García Egea.

La primera decisión que debe adoptar este nuevo PP es cómo quiere que sea su relación con Vox: si ve al partido de Abascal como un aliado para lograr gobiernos locales y autonómicos para llegar finalmente al nacional o si, por el contrario, lo percibe como un enemigo que puede acabar canibalizándolo y cuestionando su imagen en Europa. En función de la opción final que adopte estará obligado a trazar una estrategia u otra y por eso resulta imprescindible que tenga bien clara esa decisión. Las primeras palabras de Feijóo suenan bien y los movimientos efectuados invitan al optimismo, pero será el trabajo que se lleve a cabo a partir de ahora el que determine si esta crisis que ahora entierra ha servido para reforzar al PP o lo ha debilitado.