Editorial

Sánchez pasa por encima del consenso cuando es más necesario

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Pedro Sánchez se salió con la suya y el estado de alarma durará seis meses. La tan necesitada unidad para afrontar tiempos convulsos como los que el país y el mundo viven desde el comienzo de la primavera ha brillado por su ausencia a la primera de cambio en la que el Gobierno ha tenido que adoptar medidas contundentes. Dando por buena la necesidad de decidir con urgencia sobre el agravamiento de la situación para evitar males mayores, no resulta concebible, sin embargo, que el Ejecutivo haya optado por limitar su mayoría a la suma de PSOE y Unidas Podemos con los independentistas catalanes y vascos. Mal ejemplo en el punto de partida de una nueva fase de la pandemia que va a requerir del mayor consenso político posible. Ya no solo por una cuestión de necesidad sino de pura estética. El discurso del presidente Sánchez respecto al diálogo no coincide con los hechos y hace oídos sordos a la oposición en conjunto.
La propuesta de seis meses de estado de alarma es una anomalía sobre la que el Gobierno debería haber hecho un ejercicio de reflexión. Nadie ha negado de manera rotunda que pueda terminar siendo necesario un periodo tan largo, pero una cosa es dejar marcado desde el principio y de una sola vez el mes de mayo y otra llegar a ella a través de cuantas prórrogas fueran convenientes, solicitadas y justificadas en el Congreso de los Diputados. La comparecencia del Gobierno cada dos meses para rendir cuentas ni siquiera es una concesión que poder valorar, sino incluso un desprecio a la Cámara Baja porque el debate no servirá para cambiar nada. Solo el 9 de marzo aparece en el horizonte como fecha anticipada a los seis meses en la que poder revisar en sede parlamentaria la medida excepcional.
Sánchez tiene por delante no solo el reto de gestionar de una manera eficiente la crisis sanitaria y económica causada por el coronavirus sino también el de dar coherencia a su discurso. Es cierto que ni una sola encuesta le aleja de una hipotética victoria y que goza de un apoyo electoral importante, por lo que puede hacer creer al Gobierno que tiene vía libre para lo que quiera. Sin embargo, a medida que vaya pasando el tiempo va a necesitar mucho más el concurso de todos los partidos para buscar soluciones, ya que las dificultades económicas y laborales, ya sin financiación extra, llegarán, tarde o temprano, y puede hacer cambiar la percepción que la ciudadanía tiene ahora de su gestión. A esa necesidad se le ha de sumar la obligación moral de hacer sentir a todos los españoles unidos en la misma causa. A Sánchez le sigue faltando el tacto político que tanto reclama a los adversarios.