LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Ángeles con caras sucias

08/04/2020

No debe de ser fácil tener todo el poder, no recordar la última vez que alguien osó decirte a la cara que estabas equivocado o que tu feliz idea era una soberana estupidez. Esta circunstancia acompaña a cualquier dictador digno de dicho apelativo; podríamos añadir su ausencia de sentido del humor hacia su propia persona.

El príncipe heredero de Arabia Saudita (para los amigos MBS) Mohamed Bin Salmán lleva una racha compleja. Desde que le designaron para dicho puesto las cosas no han discurrido según sus deseos. Sus tímidos esfuerzos por modernizar al país integrando a las mujeres en la sociedad o la apertura económica del país, se han visto truncados por diferentes incidentes. Seguro que él no aceptaría dicho vocablo, sino que habría escogido la palabra anécdotas.

Todo empezó a ir mal cuando el periodista crítico Jamal Khashoggi desaparece en el consulado del país en Estambul. Su brutal asesinato destrozó la imagen reformista del joven saudí. Esta muerte irónicamente le hizo más daño que su aventura militar en Yemen, cuyo resultado está siendo un desastre humanitario y una demostración palpable de incompetencia militar.

La salida a Bolsa de Aramco, la petrolera saudí, tampoco ha aportado el glamour deseado porque el momento elegido no ha sido el más óptimo. Vivimos tiempos donde resulta complicado valorar los recursos energéticos en su justa medida, pero si tienen paciencia la importancia de los mismos aflorará. Pero es indudable que basar una economía en la extracción de materias primas no tiene futuro, salvo que consideres que el modelo ruso es deseable: una cleptocracia que explota a la población con un sistema policial que anula la disensión.

Dicha estrategia no es duradera y sobre todo no funcionará nunca en países con crecimiento poblacional, porque la juventud exigirá unas oportunidades que ahora no vislumbra. En otro gesto impulsivo, Arabia Saudita ha anegado de petróleo el mercado para que Rusia acepte una reducción de cuotas que eleve el precio del crudo. El resultado ha sido un desplome del barril y al sector americano del fracking lo ha dejado tiritando. Es obvio que el análisis saudí sobre el exceso de producción en un mercado global en recesión es acertado. También, que en algún momento los rusos cederán. Lo que MBS no ha comprendido todavía es que si quiere a su país, no puede ser la única voz en el desierto. Las dictaduras hacen estructuralmente débiles a los países.