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Aurelio Martín

UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


Paisaje para el arte

27/08/2022

El paisaje de Segovia es uno de los valores patrimoniales con que cuenta esta ciudad cuyo conjunto histórico artístico es Patromonio de la Humanidad y no en vano existe un antiguo decreto de vistas protegidas desde los miradores de la Canaleja, el Alcázar y el Postigo del Consuelo, aunque poco preciso como lo demuestra el horizonte que, con el paso del tiempo, ya se ve poblado de algunas edificiones que lo han alterado.    
Fue sin duda un acierto que, en 1950, la Real Academia de San Quirce estableciera en la ciudad, con sede en el Palacio de Quintanar, un edificio que había sido adquirido por el Gobierno para este tipo de actividades y que ya era sede de los Cursos de Verano para Extranjeros,  el conocido como Curso de Pintores Pensionados, que, año tras año, se ha ido celebrado con exito  atrayendo a alumnos becados de las facultades españolas de Bellas Artes, convirtiéndose en el más antiguo de España en su modalidad. 
El origen partía de la Cátedra de Paisaje que la Academia de Bellas Artes de San Fernando instauró, en 1845, como parte de la enseñanza oficial de sus programas pedagógicos en arte, cuyos primeros profesores fueron Gerardo Pérez Villamil, Carlos De Haes, Muñoz Degrain o Joaquín Sorolla, y que tenía como escenario la Sierra del Guadarrama. 
No es baladí que quien se ha interesado por el arte como formación superior ponga su mirada sobre esta tierra, incluso, le pueda servir para su futuro profesional, como ocurrió con grandes de la pintura, como Hernández Mompó, José Beulas, Juan Genovés, Lucio Muñoz, o Alcorlo, entre otros.
Volcar la sensibilidad sobre el paisaje de Segovia y trasladar la experiencia al público a través del arte es un lujo que nos ofrece anualmente el instituto de estudios locales heredero de la Universidad Popular, y también para los becados a quienes se da la oportunidad de trabajar sobre el terreno, con un entorno dificíl de igualar.
El problema con el que se encuentran los organizadores es que, año tras año deben enfrentarse a la larga burocracia de conseguir financiación de las instituciones, que acaba llegando, pero nunca está asegurada para el medio o largo plazo ni tampoco la residencia del Palacio de Quintanar, que en esta ocasión no se ha podido utilizar, una vez más, siendo su sitio natural y original.
Otro de los problemas que se plantean es el  corto espacio de tiempo que permanecen los alumnos, acortado por un periodo de adaptación para conocer lugares idóneos donde plantar el caballete y por la exposición final.  Ahí es dónde se aprecia la velocidad a la que se enfrentan para elaborar los trabajos, quizá asimilándose a la pintura rápida, en algún caso, aunque la obra final tiene éxito como demuestra el interés de muchas personas por adquirirla. 
Este curso forma parte de la cultura de Segovia, aunque quizá no trascienda en su justa medida, pero debe resolver sus trabas y afianzarse para que no solo sea el interés desprendido de algunos académicos que trabajan de forma incansable para que se repita cada año.